Carla Maronda: "Intentamos concienciar que no todos los amputados somos iguales ni tenemos las mismas necesidades"
Carla Maronda ha conversado en el programa Por Fin de Onda Cero sobre su libro El día que volví a abrir los ojos, en el que relata cómo una infección bacteriana cambió su vida por completo.
Hasta marzo de 2024, Carla Maronda tenía la vida ordinaria de una joven de 25 años: ejercía como abogada especialista en derecho marítimo, practicaba crossfit, estudiaba dos másteres y vivía en Xàtiva volcada en sus pasiones, entre ellas, el mundo de los caballos.
Sin embargo, su vida dio un vuelco tras acudir al hospital para la extirpación de un quiste en la ingle. Aunque regresó a su casa el mismo día con seis puntos de sutura, a la mañana siguiente comenzó a sufrir vómitos y fiebre muy alta debido a una grave infección bacteriana.
"Esa misma noche tuve la primera parada cardiorrespiratoria y avisaron a mis familiares para que vinieran al hospital a despedirse de mí", ha rememorado Maronda en el programa Por fin de Onda Cero. Su estado llegó a ser tan crítico que el médico de la UCI llegó a redactar el parte de defunción al considerar que no sobreviviría.
Tras doce días en coma inducido y un fallo multiorgánico, los cirujanos tuvieron que amputarle las manos y los pies el 28 de mayo de 2024 como única alternativa médica debido a la firme necrosis que presentaban sus miembros.
El regreso a casa supuso un proceso de aprendizaje radical, partiendo de cero sin apenas musculatura y con decenas de puntos de sutura en las extremidades. "No sabía coger un tenedor, una cuchara, un vaso, ni de qué manera levantarme del sofá o girarme sola en la cama", ha explicado.
La relación de Carla con las prótesis
La adaptación a su nueva realidad física trajo consigo un complejo camino de aceptación estética y física en el que tuvo que "sanar la imagen distorsionada" que le devolvía el espejo. Actualmente, Carla convive con unas prótesis que, pese a su considerable peso estructural (alrededor de un kilo y medio cada mano y tres kilos cada pierna), se han convertido en su mayor herramienta de libertad. "Te devuelven autonomía, independencia y habilidades que habías perdido, por lo que nunca me canso de ellas", ha asegurado.
Sin embargo, Maronda ha querido poner el foco en la enorme barrera económica que sufren los pacientes en España, denunciando que sus manos biónicas actuales tienen un coste de 87.000 euros cada una y la Seguridad Social no llega a cubrir ni la mitad de su valor real. Además, ha recordado que estos dispositivos tecnológicos exigen renovaciones completas cada tres o cinco años, así como costosos mantenimientos de baterías y reparaciones.
Esta desprotección se agrava cuando el paciente necesita prótesis específicas para recuperar su vida previa, como las ballestas de atletismo (cuyo precio ronda los 33.000 euros) o las manos rígidas que ella misma emplea para volver a montar a caballo de forma segura. "Intentamos concienciar de que no todos los amputados somos iguales ni tenemos las mismas necesidades", ha reivindicado, exigiendo un sistema de evaluación personalizado que estudie qué requiere cada persona en lugar de ofrecer coberturas genéricas.
La importancia del humor, el deporte y la disciplina en su día a día
Pese a la magnitud de la tragedia, Carla Maronda se muestra contraria a las narrativas excesivamente compasivas o excesivamente endulzadas. "Creo que al final no hay que romantizar nada, pero tampoco compadecerse en exceso. El humor ayuda, igual que la disciplina y el deporte", ha defendido con firmeza, subrayando que no es necesario transformar una experiencia dolorosa en un cuento ficticio para aprender a superarla.
A sus 28 años recién cumplidos, la joven abogada encara el futuro con una filosofía vital renovada y una fuerte red de apoyo familiar. "La vida trata de que estamos aquí hoy y mañana no lo sabemos. Todos tenemos un contador que un día se va a poner a cero", ha concluido, invitando a la sociedad a centrarse en la gratitud por lo que se posee en lugar de vivir en una insatisfacción permanente por lo que falta.