Alsina, sorprendido tras la petición de Zapatero para que la Agencia Tributaria retire su investigación: "Qué problema tiene en que Hacienda le fiscalice"
El director de Más de uno ha preguntado a su vez a Pedro Sánchez si aún mantiene su apoyo al expresidente del Gobierno 50 días después de su imputación y sin saber si ha declarado todos sus bienes y rentas.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. A punto estuvo de vivir cien años. Murió al borde de los noventa y ocho en brazos de su cuarta esposa y haciendo que su heredero, ya casi cincuentón, disfrutara del título nobiliario apenas diecisiete años.
Él, el difunto, lo había hecho durante casi cuarenta. Huérfano desde los seis años, tímido, estudioso, observador agudo y de mente ágil, Bertrand Russell, tercer conde de Russell, cultivó las matemáticas, la filosofía, el pensamiento político, el activismo pacifista, el izquierdismo racional y reflexivo, el ateísmo no beligerante y la defensa de la igualdad de las personas, es decir, el rechazo a los privilegios de clase.
Premio Nobel de Literatura, fue, sin duda, uno de los intelectuales más fecundo e influyente de su tiempo (largo tiempo, una vida casi centenaria). Pero cierto día recibió una carta en su domicilio, la abrió (con el abrecartas de plata, supongo), empezó a leerla y se disgustó enormemente.
La carta la remitía un periodista que primero se presentaba y después le solicitaba una entrevista. No olvidaba mencionar todos los méritos que reunía el potencial entrevistado y el privilegio inmenso que sería poder conversar personalmente. Pero… en el encabezamiento de la carta había pasado por alto un elemento clave: se dirigía a él como señor Russell, apeándole, sin mala intención, de su relumbrante condición de conde. Respondió al periodista con un tono tan despectivo que a éste debió de caérsele de los altares. Menudo presuntuoso, debió de pensar, qué tío tan clasista y tan pagado de sus títulos nobiliarios.
El sucedido lo recoge Espinosa Infante en 'El mapa del tesoro', tercera parte, donde advierte a su hijo de las decepciones que le producirán aquéllos a quienes tenga por grandes hombres. "Llegará el momento", le dice, "en que descubras sus miserias. Porque uno puede ser heroico frente a algunos retos y comportarse ante otros como un miserable".
"No existe una moral especial para ellos, no pueden pretender tener bula para transgredir las reglas y que aún se les admire más por ello. También Emile Zola, valiente defensor de Dreyfus, es tenido como un referente moral y tres años antes se había puesto de perfil, cobardemente, cuando a Oscar Wilde lo metieron en prisión por ser homosexual". De miserias, más que de grandes hombres, está colmada la historia de las naciones.
Se cumplen hoy cincuenta días desde que los agentes de la UDEF ordenaron abrir la caja fuerte del despacho de José Luis Rodríguez Zapatero. Cincuenta días de aquella mañana trepidante en que el ex presidente del gobierno de España tuvo que cancelar su agenda, escribirse un texto, salir al jardín de casa y grabarse un vídeo con el que contrarrestar la condición de sospechoso de negocios ilícitos que acababa de caerle encima con la imputación del juez Calama.
Cincuenta días después, ni Zapatero ha atendido a los medios de comunicación ni ha colaborado con la Justicia en el asunto en el que, con más facilidad, podría haber ya colaborado. Que son sus joyas. A ocho de julio, el presidente sigue sin asumir de viva voz que el propietario de las joyas sea él y sigue sin aportar un solo dato sobre su antigüedad, su procedencia o su valor. En cuestión de transparencia, cero zapatero. Al juez le pidió un aplazamiento de su declaración y se la concedió. Le pidió, el día de la declaración, más tiempo para responder sobre las joyas y se lo concedió. Hace días que venció ese plazo y todo sigue igual. Con dos diferencias, o tres:
- Una, que la abogacía del Estado, dependiente del gobierno por el que Zapatero bebe los vientos (y viceversa), se personó como parte perjudicada.
- Dos, que la Agencia Tributaria abrió una inspección a la familia Zapatero por su tributación (o carencia de tributación) entre 2021 y 2024. Ingresos, renta declarada y patrimonio.
- Y tres, que Zapatero ha cargado ahora contra Hacienda, que también depende del Gobierno por el que bebe los vientos (y viceversa) por haberle inspeccionado de manera arbitraria, dice -unilateral y caprichosa- y en abierto conflicto con el procedimiento penal que está en marcha. O traducido, que Zapatero ve mala fe en Hacienda, órgano gubernamental, y pide al juez que le ordene cesar de manera inmediata la inspección fiscal.
Se entiende que es el abogado que lleva su causa quien prefiere que la Agencia Tributaria se quede quieta y se entiende que pulse todas las teclas de que dispone para ejercer la defensa del imputado, pero ocurre que una petición como ésa hace inevitable preguntarse qué problema tienen los Zapatero en que Hacienda les fiscalice y les pida papeles.
Qué problema tienen los Zapatero en que Hacienda les fiscalice y les pida papeles
Recúerdese que el presidente, en este programa, se ufanó de no haber recibido nunca ni un requerimiento de Hacienda como prueba de que toda su actividad y sus ingresos fueron legítimos. El IRPF lo tenía en orden, el patrimonio no le alcanzaba para tener que declararlo.
Un millón trescientos mil euros en joyas agrietaron su discurso y ahora le está pidiendo al juez que frene la indagación tributaria. Lo hace con este párrafo que en la Moncloa habrán anotado: "Si Hacienda pide mi colaboración y la de mi esposa", alega Zapatero, "se me sitúa ante una alternativa diabólica, porque si colaboro activamente con la agencia tributaria puede ser utilizado en mi contra en el proceso penal y si no lo hago me expongo a sanciones administrativas por resistirme u obstruir la inspección" (bueno, él dice reproches administrativos).
Y la pregunta es obligada: por qué colaborar con Hacienda, y contarle lo que ha habido, iba a poder ser utilizado en su contra en el proceso penal. Si su actividad y sus ingresos fueron todos lícitos y su tributación, cómo él sostuvo, fue escrupulosa y completa, ¿qué problema puede tener en que Hacienda someta al microscopio hasta la última de sus transacciones? O preguntado de otra forma: ¿está admitiendo el imputado que nunca tributó por alguna de las rentas o de los bienes que estaba obligado a declarar?
¿está admitiendo el imputado que nunca tributó por alguna de las rentas o de los bienes que estaba obligado a declarar?
El papel de Sánchez
Y otra pregunta, ésta para el presidente Sánchez: cuando proclamó en público su apoyo a Zapatero y dio por hecho que había cumplido todas sus obligaciones legales, ¿estaba al tanto de que prefiere que Hacienda no se meta? Y cuando uno de sus hombres de confianza le contó a El País -fuentes de la Moncloa- que Sánchez ya tenía toda la información sobre las joyas y estaba absolutamente tranquilo, ¿incluía en esa tranquilidad la tributación obligada por un patrimonio tan notable?
La pregunta es relevante: ¿Sánchez mantiene la inocencia de Zapatero presuponiendo que el ex presidente está al día con Hacienda, o Sánchez mantiene su inocencia sin saber, en realidad, si ha pagado los impuestos que le correspondían? Lo primero es un auto de fe, un brindis al sol del que siempre podrá escapar el presidente, llegado el caso, alegando que fue engañado, un clásico sanchista. Lo segundo sería más grave.
Si el presidente del Gobierno de España, no teniendo seguridad alguna de que un expresidente tributó por su patrimonio en joyas, proclama, pese a ello, que es un modelo de integridad y cumplimiento de la ley, está banalizando la ocultación fiscal. Está quitando importancia a haberle escondido a Hacienda más de un millón de euros en joyas. Y no podrá decir que confió en quien no debía porque tiene al contribuyente investigado por Hacienda revolviéndose contra la Agencia Tributaria e incapaz de exponer, cincuenta días después, cómo llegó la alhajera a la caja fuerte de su despacho.