Monólogo de Alsina

Alsina critica la rueda de prensa de "auto halago" de Florentino Pérez: "Dio los primeros síntomas de que se está agotando"

El director de Más de uno ha analizado la comparecencia casi política del presidente del Real Madrid en la que se cubrió de flores a sí mimo y cargó contra la prensa que busca, en su opinión. hacer daño al club blanco.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Mucho antes de que Pedro Sánchez se comprara el Peugeot para hacerle kilómetros recorriendo España, García se había recorrido el país en un Ford Taurus. Iban él, Gaspar Rossety, Fernando Soria y el ingeniero Balduque -enorme Luis Balduque- que es el que conducía.

Se chuparon partidos de la selección por toda la piel de toro, que se decía entonces, años ochenta, cuando García aún no paraba quieto y se largaba del estudio (al estadio, a la cancha, a la vuelta) en cuanto tenía una excusa. García es José María García, leyenda del periodismo deportivo, fenómeno social y radiofónico del que aún no se ha restablecido, como ayer pudo comprobarse, Florentino Pérez. Veinticuatro años se han cumplido desde que García abandonó el micrófono, veinticuatro, y hay quien no se ha repuesto todavía de la emanación de butano.

Bueno, se atribuye a García, que gustaba de cultivar la imagen de jefe severísimo y crítico implacable -lo segundo era cierto, lo primero no tanto-, se atribuye a García esta frase de solo tres palabras que bien podría haber escrito cuatrocientos años antes Baltasar Gracián: "El halago debilita".

Es probable que fuera José María, en efecto, el primero en popularizarla, aunque doy fe de que luego la hicieron suya directivos de grupos de comunicación que hoy siguen en activo: se obligan a sí mismos a ser parcos en el elogio al desempeño ajeno -de sus subordinados, por ejemplo- no por cicatería o exigencia, sino por hacer el bien a sus interlocutores evitando debilitarles a base de jabón.

Con permiso de García y de sus discípulos, digo que lo que debilita no es el halago sino el auto halago; no es el elogio sino el autoelogio; no es el jabón sino el enjabonarse uno mismo muriéndose de gusto.

Cuando caes en la tentación de hacerte el homenaje ti mismo estás devaluando el juicio que ya hicieron los demás y que fue positivo. No le basta al presidente Sánchez con que los demás gobiernos le reconozcan la eficacia, con que su compadre Gebreyesus y diga bien hecho, con que la opinión mayoritaria en los medios le ponga buena nota a la operación desembarque, con que el Papa -poco informado, como suele ocurrir, de quién decide aquí cada cosa agradezca al pueblo canario su acogida cuando al pueblo canario nadie le pidió opinión y no ha tenido contacto alguno con el barco, pero chico, es el Papa-; no le basta al presidente con que los demás valoren y puntúen, tiene que ser él quien emita la última nota, quien proclame que el hito será recordado, quien se pase de frenada y acabe dando la razón a quienes le ven siempre enfermo de autobombo. Es el auto halago el que debilita.

Marcha atrás de María Jesús Montero

Bien lo sabe María Jesús Montero, que inauguró su campaña andaluza requiriendo que le fuera reconocido el acto de generosidad suprema que supone renunciar a la condición de mujer con más poder de la democracia para retornar a Andalucía a salvar a los andaluces de sí mismos, es decir, del gobierno que ellos libremente eligieron.

Montero al rescate llega a este antepenúltimo día de campaña habiendo tenido que sacar la pata de donde la metió en el debate del lunes. Referirse a la muerte de dos guardias civiles que perseguían una narcolancha como accidente laboral…es uno de esos patinazos de los que solo te levantas asumiendo el resbalón y disculpándote.

No es exactamente eso lo que hizo ayer la candidata, que la última vez que se disculpó creo que fue por hacer bromas sobre la calvicie de Miguel Tellado. No fue una rectificación formal sino, primero, un tuit para describir la muerte de los dos guardias como en acto de servicio y subrayar cómo los agentes arriesgan sus vidas en la lucha contra el narco y una declaración después, ya de viva voz, en la que hizo esta larguísima frase en la que empieza diciendo, ella que habló de accidente laboral, que quién es ella para calificar lo ocurrido.

Larguísima, ya les decía. Y difícil de seguir, marca de la casa. Pero con una conclusión: son otros los que califican los hechos sin tener los datos para echarle la culpa de todo al sufrido gobierno de España. A ver, que quien dijo accidente laboral fue usted. El sufrido Gobierno al que siempre le están echando la culpa de todo y que se ha especializado en ser él quien eche la culpa de todo a los gobiernos autonómicos.

Eso, de hecho, es lo que se está viendo en esta campaña, como es el Gobierno central quien, encarnado en su ex vicepresidenta, compite con el Gobierno andaluz por ver quién persuade a los andaluces de lo desastrosamente mal que lo hace todo el otro. El domingo emitirán veredicto los votantes.

Una locutora automática al servicio del PSOE

El PSOE se lo ha jugado a la sanidad pública, o en rigor, a imputar al gobierno andaluz estar desmantelándola para que solo puedan estar sanos los ricos. Por si acaso el martilleo no hubiera llegado aún a los oídos de algún votante despistado, ha recurrido ahora a las llamadas telefónicas con una grabación propagandística.

De los autores de "soy Marcelino Iglesias y Azcón quiere dejar sin pensión a los abuelos" llega ahora "soy una locutora automática que te avisa de se morirán los abuelos esperando a que les den cita".

El auto halago es lo que debilita.

Se cubrió de flores Florentino Pérez a sí mismo. Con pudor, claro que sí, pero reivindicándose como el que más trabaja, el que lleva veintiséis años sin descanso, el que saneó el club (no solo financieramente, dice), el que siempre sabe lo que conviene a la entidad, el que siempre sabe lo que desea el socio, el que admite -qué remedio- que esta temporada no se han conseguido los mejores resultados y el que se parapeta en la institución para desquitarse de los periodistas y los medios a los que imputa tener orquestada una campaña para apropiarse del Madrid.

Perdón, para arrebatárselo a sus propietarios, que son los socios. Qué va a hacer el presidente perseguido, sino defender a sus socios. Quién podrá reprochárselo, a él, que nunca ha querido meterse en cómo las empresas periodísticas hacen su trabajo y en qué periodistas deben cubrir, o dejar de cubrir, las informaciones del Madrid. El presidente que reclama autonomía para gestionar su entidad sin injerencias, ¿está en condiciones de afirmar que él predicó, desde los tiempos de García hasta hoy, con el ejemplo?

En ocasiones, veo periodistas que se creen los dueños del Madrid. Florentino, a lo Zapatero con el dossier de titulares que le han escocido. Predicando su doctrina de la adhesión inquebrantable: el socio no debe criticar el desempeño del equipo, el madridista no debe permitir que la prensa se entere de que Valverde y Tchouameni se han enganchado de nuevo. Dio una noticia Florentino, aparte de que convoca elecciones. Dio la noticia de que Valverde y Tchouameni se pelean todos los días, qué buen rollo.

Le salió a Florentino Pérez la comparecencia más política que ha hecho en veintiséis años. El político que fue en sus orígenes y que ayer emergió abrazando los comportamientos que hoy más se llevan en política: no reconocer errores propios, achacarlo todo a campañas oscuras, señalar periodistas, señalar medios, lanzar contra ellos a los socios, usar la institución para ventilar enojos personales y ejecutar vendettas.

Quien aspira a perpetuarse en un cargo acaba perdiendo el sentido de la medida. "Me tendrán que echar a tiros" es una frase impropia de un presidente mesurado. Las elecciones, en efecto, se hacen para medir el apoyo de los socios al presidente y elegir una directiva. Pero una vez elegida, y elegido, sigue teniendo que rendir cuentas ante los socios y sigue teniendo que encajar, qué le vamos a hacer, al sector crítico de la afición y de la prensa. Sostiene Florentino que no está cansado. Ayer dio los primeros síntomas de que se está agotando.