OPINIÓN

Alsina analiza por qué Ábalos renuncia ahora a su acta de diputado: "Coincide la baja, y su relevo, por una nueva diputada que votará disciplinada"

Carlos Alsina analiza el movimiento de Ábalos de renunciar ahora a su acta de diputado y el intento de Sánchez de recomponer su Gobierno y sus apoyos.

Carlos Alsina

Madrid |

Más de veinte títulos nobiliarios acumulaba don Rodrigo. Se llamaba como el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, pero además Hurtado de Mendoza y De la Vega y Luna. Duque del Infantado, cuatro marquesados, tropecientos condados. Hombre poderoso y con fortuna, amante de las armas y la política. A quién mejor iba a poder dedicarle un escritor, comentarista crítico (columnista, diríamos hoy) y estudioso de la política (politólogo, decimos ahora) como Francisco de Quevedo.

Al duque dedicó 'Vida de Marco Bruto', blasón de la república romana, escribió, el hombre que antepuso la lealtad a su patria al afecto por su mentor político, o sea, César. En ese manual de política dejó dicho Quevedo que los reinos minan sus propios cimientos cuando encomiendan su gobierno a ministros que abrazan la opulencia. Que el que hurta empieza haciéndolo para sí mismo pero luego lo hace para acallar a quienes le envidian y a quienes pudieran acusarle. Y ésta otra reflexión que ese lector impenitente, y en la cárcel, que es Hans Christian Ábalos seguro que conoce: 'Aquel hombre que pierde su honra por el negocio, pierde el negocio y pierde su honra'.

Hans Christian Ábalos publicó ayer el último relato que, hasta ahora, ha salido de su fina pluma

Hans Christian Ábalos, recluso preventivo a la espera de un juicio por corrupción en las mascarillas e investigado por corrupción en la obra pública, publicó ayer el último relato que, hasta ahora, ha salido de su fina pluma.

En él narra cómo ha sido ahora y sólo ahora, al ver rechazado su recurso al encarcelamiento, cuando ha caído en la cuenta, como quien se cae del caballo, de que no puede seguir atornillado al escaño. Bueno, lo del caballo y del atornillamiento no lo escribe él, es una versión que hago yo. Él dice que si ha seguido siendo diputado, aun suspendido en sus funciones, es porque estaba defendiendo la dignidad del Congreso y el derecho de representación, qué es esto de alterar la composición de la cámara dimitiendo por un procesamiento. "Ha sido un verdadero honor", dice el árbol caído, "haber servido al pueblo español". Naturalmente, será cada español quien juzgue para qué le ha servido Ábalos y si no será Ábalos quien se ha servido del pueblo para favorecerse a sí mismo.

José Luis Ábalos, profeta contra la corrupción ajena, primer caballero del sanchismo y hombre de confianza del presidente que lo colmó de cargos y ahora alega que estuvo en babia, deja de ser hoy diputado. Un año después de haber sido procesado por el Supremo, un año después de que el Congreso concediera su suplicatorio, dos meses después de ser encarcelado.

Un año entero ha fingido que seguía representando a los españoles en el Congreso

Un año entero ha fingido que seguía representando a los españoles en el Congreso, que seguía trabajando por ellos y velando por sus intereses. Un cuento sobre otro cuento sobre otro cuento. Ahora que por fin da el paso de quitarse de en medio, es natural que la pregunta sea por qué ahora.

Por qué ahora y no antes

Por qué ahora y no antes. Él dice que es por el recurso que le ha sido rechazado. Pero no le sorprenderá que la oposición se malicie que es el último favor que Lancelot le hace al rey Arturo devolviéndole el sillón con el que esté le pagó los servicios prestados y aportando, así, al grupo socialista el voto que hasta ahora tenía suspendido. Es decir, que si a alguien no puede extrañar que el personal busque explicaciones de partido al anuncio que ayer hizo es quien se hartó, en sus días de gloria, de buscar explicaciones a las decisiones de otros.

Coincide la baja de Ábalos, y su relevo por una nueva diputada socialista que votará disciplinada

Coincide la baja de Ábalos, y su relevo por una nueva diputada socialista que votará disciplinada, con la tarea a la que está entregado el presidente que no se enteró de nada.

La tarea de apuntalamiento, primero, y rehabilitación del inmueble, después. O sea, cómo reconstruir el muro. "Miré los muros de la investidura mía / si un tiempo fuertes, ya desmoronados", Quevedo me perdone. Dos años y medio han pasado desde la noche electoral del 23 en la que Sánchez, corto de votos, perdió las elecciones y echó mano de la calculadora. Experiencia tenía, ya había hecho ambas cosas (perder las elecciones y hacer cálculos) en 2016.

Reeditando el frankenstein temporada 1, acuerdo a tropecientas bandas con Podemos, Esquerra, PNV, Bildu, Bloque, ¿quién me falta?, aún seguía yendo corto. Pero metiendo en la suma a la derecha independentista catalana, oye, con ésos sí le daba. "Somos más", dijo, auto eligiéndose líder de una mayoría ómnibus, que diría Bolaños, o potaje, o batiburrillo, en la que lo mismo valía la izquierda populista que la derecha secesionista. Para el muro, todo sillar vale.

Reflotar el bloque naufragado, reconstruir el muro

Dos años y medio después, el muro se le había caído por el lado izquierdo -rebotado Podemos con Yolanda, con Compromís y la Chunta emancipándose- y por el lado derecho -Puigdemont llorando por las esquinas su amnistía aguada, hemos sido engañados-. Habrá que reconocerle al constructor de muros, y ahora reconstructor, que talento para el billar no le falta. Cómo habría de faltarle, si el presidente es, ante todo, un jugador.

Ahora la carambola es abrazar el regreso del hijo pródigo, morado, a la casa común del sanchismo en versión extendida, cederle una pizca de protagonismo en la regularización de inmigrantes para la que Podemos no hacía ninguna falta, sugerirle a Sumar que no enrede porque Sumar, en las encuestas, se desangra, darle a Podemos la coartada para que abrace ahora con entusiasmo la cesión de competencias migratorias a Cataluña contra la que hasta anteayer batallaba, presentarse ante Puigdemont, cabeza baja, entregándole lo que había reclamado y confiar en que le levante el castigo, mientras espera a Pumpido, y se avenga a negociarle unos Presupuestos del Estado. Reflotar el bloque naufragado, reconstruir el muro.

El Gobierno, cada vez con mayor audacia (y cada vez con menos votos, a decir de las encuestas y de las elecciones extremeñas) está admitiendo, en realidad, lo que tantas veces negó: hoy carece de mayoría parlamentaria porque el famoso bloque de la investidura, fatigados sus materiales de tanto forzar las coartadas ideológicas, colapsó. Por eso no hubo cuestión de confianza, por eso no se han presentado por segundo año Presupuestos, por eso se está recurriendo a los reales decretos (decreto sobre decreto) para ir tirando. Todo esta tarea previa de siembra, justificaciones y ponerse, si hace falta, colorado, viene a probar que, hoy, su gobierno es una máquina de buscar ora atajos, ora carreteras de circunvalación, para camuflar la falta de respaldo parlamentario. En un sistema, el nuestro, de democracia representativa en el que el jefe de gobierno se debe al Parlamento y ha de responder ante el Parlamento

Pero habrá que admitir también, por decirlo todo, que si Sánchez, en su nuevo papel de rehabilitador de casas en ruinas, logra que haya una mayoría de diputados que le aprueben un Presupuesto, aunque sea tarde y a base de ir concediendo a cada uno de los socios una medallita y unos minutos de gloria, habrá revalidado la confianza del Congreso y, entonces sí, podrá presumir de tener músculo parlamentario para seguir gobernando. Entonces, sí. Hoy, de momento, no.

Estrambote:

Al cabo de tantos ratos mal gastados /

tantas noches mal dormidas /

tantas penas merecidas /

y tantos pasos sin concierto dados /

el príncipe aún alberga la esperanza /

de llegar al verano redivivo /.