¿CRUELES POR NATURALEZA?

La maldad humana desde la neurociencia: ¿nacemos crueles o aprendemos a serlo?

La ciencia y la filosofía han tratado de explicar durante siglos si el ser humano es bueno o malo por naturaleza y si es la sociedad la que nos corrompe, preguntas que aún se hayan sin respuesta.

"La crueldad ha acompañado desde siempre a la especie humana"

Toño López-Carrasco

Madrid |

Más de uno omite los telediarios para no amargar su existencia con noticias, la gran mayoría malas, que suceden en cualquier rincón del planeta. No son fruto de la casualidad, pues la maldad se encuentra presente en cada uno de nosotros en cierta medida. Pero, ¿es el ser humano bueno por naturaleza y es la sociedad la que nos corrompe?

La pregunta, tan antigua como la propia humanidad, ha vuelto a ponerse sobre la mesa en La Rosa de los Vientos, de la mano de Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola. "Somos capaces de escribir El Quijote, pero a la vez somos capaces también de construir Auschwitz y otros campos de concentración", detalla Cardeñosa. La idea clásica de Platón establece que "nadie hace el mal a sabiendas", aunque bien es cierto que la historia nos ha demostrado que se puede hacer el mal convencido de estar haciendo lo correcto.

La filosofía y la ciencia, disciplinas que han intentado llegar a una conclusión

A lo largo de la historia, diversos pensadores han tratado de zanjar el debate acerca de la crueldad humana. Para Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, el ser humano es malo por naturaleza, por lo que para poder convivir en paz es necesaria una ley autoritaria que controle el impulso agresivo que surge en cada uno de nosotros. En contraposición se encuentra el pensamiento de Rousseau, pensador suizo-francés del siglo XVIII que defiende que el ser humano es bueno y empático. Entonces, ¿qué es lo que hace malo al ser humano? Según este, lo que despierta la agresividad del ser humano es la propiedad. "Porque si esto es mío, otro puede decir, 'pero yo también lo quiero' y de esta forma surgen la competencia, la envidia y la agresividad", explica Rousseau.

Desde una perspectiva filosófica, es fundamental comprender que la base biológica del mal no equivale a exculparlo. Entender por qué alguien puede ser cruel no significa justificarlo, significa asumir una responsabilidad mayor como sociedad. La filosofía vuelve a aparecer aquí como herramienta preventiva. Pensar, cuestionar y desarrollar empatía no son solo valores morales, pues la ética es el freno que ponemos a lo que el cerebro, por sí solo, podría llegar a permitir.

La neurociencia tiene la respuesta

La neurociencia ha identificado diferencias claras en el funcionamiento cerebral de personas violentas o antisociales. Regiones como la amígdala, relacionada con el miedo, o la corteza prefrontal, fundamental para el control de impulsos, funcionan de forma distinta en individuos con altos niveles de agresividad. En algunos casos, esta diferencia puede provocar la ausencia del sentimiento de culpa o empatía. Bruno Cardeñosa explica cómo "estudios científicos del Instituto de Neurociencias de Barcelona confirman que hay circuitos cerebrales, neuronales y hormonales en algunos individuos propensos a los crímenes más sucios".

Los expertos coinciden en que no existe un "gen del mal", pero sí predisposiciones neurológicas que, en determinados contextos, pueden favorecer conductas crueles. La psicología social y la neurociencia coinciden en que factores como el poder o la obediencia pueden afectar de lleno a la falta de empatía. Bruno Cardeñosa reflexiona sobre esta tendencia al mal presente en algunos cerebros. "No en el de Mandela o el de Gandhi, pero sí en el de Trump o Putin", añade Cardeñosa, en los que el poder puede afectar de lleno a su empatía.