La guerra civil siria dejó más de medio millón de muertos y un país dividido. A las heridas de más de una década de conflicto se suma ahora un nuevo desafío: integrar en un mismo proyecto nacional a comunidades con visiones opuestas sobre el futuro.
En conversación con Rafa Latorre, la periodista Rosa Meneses traza un retrato sobrio de este escenario "de postconflicto", donde las aspiraciones de unidad del presidente Ahmed al-Charaa chocan con las demandas de autonomía kurda y con el lento proceso de reconstrucción.
Meneses subraya que, aunque ha terminado la fase más dura del conflicto armado, "Siria sigue siendo un país profundamente fracturado por la guerra, pero también por décadas de sectarismo, represión y violencia bajo la dictadura de los Assad". La nueva etapa, insiste, enfrenta una tarea pendiente y monumental: la reconciliación nacional.
La analista considera que esta fractura social y política condicionará cualquier proyecto de reconstrucción. En este sentido, advierte que el desafío no solo es material, sino moral y político: cómo articular una Siria unificada sin excluir a las minorías.
Preguntada por el papel de los kurdos, Meneses recuerda que, durante más de una década, esta minoría consiguió sostener una autonomía de facto gracias a la protección de Estados Unidos. Sin embargo, "con la llegada hace un año de Al-Charaa
al poder, ese sueño se ha ido desmoronando", apunta.
Al-Charaa, explica, defiende un modelo centralista y personalista que choca frontalmente con el autogobierno kurdo. La analista recuerda además que la alianza estadounidense con los kurdos se ha debilitado, tras el acercamiento de Washington al nuevo presidente sirio: "Trump ha abrazado a Sara y ha dejado de lado el apoyo incondicional a las fuerzas kurdas".
Sobre la situación económica y humanitaria, Meneses sostiene que un año de gobierno es insuficiente para revertir la devastación acumulada. "Siria es un país tan tocado humanamente, con más de 500.000 muertos y con la mitad de su población desplazada o refugiada", lamenta.
La periodista explica que, pese a los intentos de reconstrucción y de apertura internacional, los avances internos "van muy despacio" por la falta de recursos y la fragilidad institucional.
Preguntada por la situación de Bashar al-Assad, la subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos describe un exilio silencioso: "Se ha asegurado junto a su familia un exilio dorado en Moscú, lejos de rendir cuentas ante un tribunal internacional", comenta.