45 AÑOS DEL ACEITE DE COLZA

Las víctimas del aceite de colza se sienten abandonadas y olvidadas 45 años después del envenenamiento: "No se nos vigila ni se nos acompaña"

Jaime Vaquero tenía 8 años cuando falleció de camino al hospital en 1981. Fue la primera víctima mortal por haber consumido aceite de colza desnaturalizado, un aceite destinado al uso industrial, pero que fue adulterado y puesto en el circuito alimentario. Miles de fallecidos y de enfermos crónicos que, 45 años después, piden que no se les olvide.

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Marta Pérez Miguel

Madrid |

Las víctimas del aceite de colza se sienten abandonadas y olvidadas 45 años después del envenenamiento: "No se nos vigila ni se nos acompaña"

Se cumplen 45 años del aceite de colza adulterado, el mayor caso de envenenamiento que ha habido en nuestro país, con 25.000 afectados y más de 400 fallecidos, la mayoría de familias humildes. Las víctimas del aceite de colza que aún siguen vivos se sienten abandonados y olvidados.

En la primavera del año 1981, de pronto familias enteras, cientos, miles de personas por toda España empezaron a enfermar, con neumonía atípica, hipertensión pulmonar, calambres, dolores; no se podían mover, perdían peso y algunos morían. Se calcula que fueron entre 300 y 400 fallecidos en un principio, muchos más, miles a lo largo de los años. Hubo mucho miedo, y especulaciones sobre qué podían estar detrás de aquel terror. Hasta que se descubrió que era el aceite que tenían en casa.

Un aceite de colza que iba destinado a uso industrial, pero que unos aceiteros adulteraron y pusieron en el circuito alimentario: "La conclusión después de muchos estudios es que fue el proceso de refinado para eliminar las anilinas del aceite industrial el que provocó un cóctel de tóxicos que dañaba todos los órganos".

El síndrome del aceite tóxico (SAT)

Las víctimas del aceite de colza se convirtieron en enfermos del síndrome del aceite tóxico. Así se llama su enfermedad, que es, por cierto, la primera enfermedad descrita y reconocida como enfermedad rara en España: "No se cura, es una enfermedad crónica, discapacitante y degenerativa".

Carmen Cortés es coordinadora de la 'Plataforma Seguimos Viviendo'. Tenía 15 años cuando enfermó. Lleva toda su vida luchando por la dignidad y la atención a las víctimas, que en los primeros momentos recibieron ayudas: sillas de ruedas, alimento, subsidios de rescate porque había familias enteras impedidas. Luego llegó el famoso juicio del 89 y las indemnizaciones.

Las víctimas se sienten olvidadas: "No se nos acompaña"

"Las arcas públicas tendrían que hacer frente a unas indemnizaciones globales de unos 400.000 millones de pesetas", decían las informaciones de la época. Los culpables eran insolventes y el Estado asumió unas indemnizaciones que ni de lejos cubrían una vida entera de incapacidad, enfermedad y dolor. Se abrió una unidad de seguimiento en el Instituto de Salud Carlos III y se creó una unidad específica en el Hospital 12 de octubre. Pero, poco a poco y sin previo aviso, han ido recortando recursos y atenciones.

"Nuestras unidades de referencia se acaban, quitan las unidades de seguimiento, tenemos que seguir las víctimas quienes reclamemos continuamente. No se nos vigila, no se nos consulta, no se nos acompaña jamás", asegura Cortés.

Se sienten tan olvidados que hasta los médicos desconocen la particularidad y excepcionalidad de su dolencia: "Hay víctimas que van al médico y, cuando les dicen que son afectadas del síndrome tóxico, el mismo médico de cabecera les dice: '¿y eso qué es?'"; "El jefe de urgencias del Hospital Infanta Leonor hace años conoció de nuestra enfermedad porque lo había estudiado en Francia. Lo que no se estudia en nuestro país, se estudia en otros países".

El monolito escondido de Vallecas

Escuchábamos también a María Altagracia, de la Asociación Espacio de Barrio Almudena Grandes en Vallecas. Esta semana nos hemos ido hasta allí porque en Vallecas hay un pequeño monolito de homenaje que Carmena instaló en 2019. Es un monolito y un parque infantil en recuerdo de Jaime Vaquero, el primer niño que murió por la colza. Ahora están remodelando esa zona y el Ayuntamiento de Madrid lo ha movido de sitio y lo ha puesto en otro menos visible y que está tapado por elementos de juego.

El ayuntamiento les ha escuchado y dicen que van a volver a colocarlo donde estaba. Puede parecer algo menor, algo simbólico o anecdótico, pero hay directivas europeas, y hasta Naciones Unidas reconoce la importancia de los símbolos para honrar y reparar a las víctimas. Los afectados quieren que además de ese monolito en Vallecas, se les rinda un homenaje más acorde con su historia, que es también historia de este país. Y se les proteja: "Por eso, lo que le hemos propuesto al alcalde es este lugar de homenaje en la Plaza de España con un monolito que mire al firmamento para todas nuestras víctimas y cuidadores. Un monumento en la Plaza de España y una ley".

Un recuerdo en la plaza de España de Madrid, un acto de homenaje institucional y una ley específica que les proteja y les garantice los cuidados que siguen necesitando 45 años después las miles de personas que siguen enfermas.