Bar Asraf, un israelí de 30 años fue encontrado muerto el pasado sábado en el cementerio de Elkana, en Cisjordania, donde descansan los restos de su novia Liron Barda, asesinada durante la masacre del 7 de octubre de 2023, conocida como el "Sábado negro", un ataque terrorista perpetrado por el Movimiento de Resistencia Islámica, más bien conocido como Hamás.
El caso ha vuelto a poner el foco en las secuelas psicológicas que continúan sufriendo los supervivientes y los familiares de las víctimas de aquel atentado. Según los medios israelís, Asraf nunca logró superar la pérdida de su pareja, con la que mantenía una relación desde la infancia.
Liron Barda trabajaba como responsable de un bar en el festival Nova cuando se produjo el ataque. De acuerdo con las informaciones difundidas en Israel, la joven decidió permanecer en el lugar para ayudar a las personas heridas en lugar de huir, perdiendo finalmente la vida durante el asalto. "Hablé con ella aquella mañana y le pedí que se marchara. Se negó porque había personas heridas y quería quedarse para atenderlas", recordó. "Así era Liron. Me habría sorprendido que hubiera huido", explicó el padre de la joven en una entrevista anterior.
Bar Asraf trató de llegar hasta ella para rescatarla, pero no logró acceder a la zona donde se encontraba la chica. Desde entonces, el joven mantuvo una estrecha relación con la familia de su novia, e incluso llegó a tatuarse un homenaje en su memoria.
La muerte de Asraf ha reabierto el debate sobre las consecuencias psicológicas que siguen afectando a quienes vivieron de cerca la masacre del festival Nova. Diversos especialistas y organizadores israelís llevan tiempo alertando del trauma que arrastran tanto supervivientes del suceso como familiares de las víctimas, reclamando un mayor apoyo en materia de salud mental.