El caso de Enrique Martínez Ortiz, el hombre que desapareció mientras buscaba setas en La Mussara
El joven desapareció de repente y lo único que se encontró de él tras varios de días de búsqueda fue el cubo donde iba a guardar los níscalos.
Madrid |
La historia de España está llena de desapariciones misteriosas que a día de hoy siguen sin resolverse. Es el caso de Enrique Martínez Ortiz, un hombre de 36 años que salió a buscar níscalos con tres amigos cerca de La Mussara (Tarragona) y nunca más se supo nada de él, tal y como han contado en el programa El Colegio Inivisible.
Enrique, Antonio, Santiago, Jordi salieron a buscar níscalos y a dar un paseo por la zona conocida como el Sáhara de Tarragona. Se dividieron en dos grupos, uno formado por Antonio y Enrique y otro por Santiago y Jordi. La sorpresa llegó cuando, de repente, Antonio dejó de escuchar a Enrique. Al principio ninguno se mostró preocupado, porque Enrique conocía muy bien la zona.
Solo encontraron el cubo donde iba a guardar los níscalos
Sin embargo, a las 14:00 horas habían quedado para volver a los coches y comer algo, pero Enrique no apareció. En ese momento, empezaron a buscarle, avisaron a las autoridades y comenzó una batida para dar con su paradero... La Guardia Civil, vecinos de La Mussara, amigos, familia... Todos se volcaron para encontrarle, pero no hubo éxito.
"Lo único que se encontró fue el cubo en el que iba a guardar los níscalos, es la única prueba que quedó de él", ha relatado Jesús Ortego. Enrique regentaba el bar Escorial, que en esa época estaba en plena remodelación, se acababa de comprar un coche... "Uno no hace esas cosas para luego desaparecer", ha añadido.
Las figuras semitransparentes ataviadas con hábitos que vio uno de los amigos
Si bien, el caso no acaba ahí. Unos días después de comenzar la búsqueda, uno de los amigos fue a los juzgados para hablar con el responsable de la investigación. Según sus testimonio, una noche fue con sus amigos para seguir buscando y de repente escucharon ruidos semejantes a cascos de caballos que procedían de la iglesia de San Salvador, en La Mussara.
Tras asomarse a la puerta del templo, vieron "horrorizados" siete figuras "semitransparentes, ataviadas con una especie de hábitos de monje de color oscuro y negro y con una capucha puesta" deambulando por la iglesia. Según el relato del joven, intentaron hablar con ellas, pero no obtuvieron respuesta. Este chico tuvo que pasar por tratamiento psiquiátrico después de lo ocurrido.
La leyenda de La Mussara
Esta desaparición aumentó aun más la leyenda que pesa sobre el pueblo abandonado de La Mussara. Esta pequeña localidad se encuentra en la Sierra de Prades y en los años 60 quedó deshabitada. Hay varias historias que han hecho que pese sobre el pueblo cierto aire de misterio y respeto.
Una de ellas es la que ocurrió durante la Tercera Guerra Carlista (1872 - 1874). Cuenta la leyenda que varios soldados liberales llegaron hasta este lugar siguiendo la pista del cadáver de Isidre Pàmies i Borràs, también conocido como Cercos. Llegaron a La Mussara con el objetivo de desenterrarlo y fusilarlo.
Sin embargo, la leyenda cuenta que, en lugar de desenterrar el cadáver de Cercos, desenterraron el de una bruja. Ellos no lo sabían, así que hicieron lo que tenían pensado hacer con el de Cercos: colocarlo contra la pared y fusilarlo. Desde entonces se cree que la niebla que suele envolver al pueblo, es por este motivo, y que las desapariciones, visiones y ruidos están relacionados.