Cancelaciones y cierres en negocios rurales: el desolador paisaje en la Sierra Oeste de Madrid tras el incendio
La devastación de más de 27.000 hectáreas deja un rastro de cenizas en campings, bodegas y empresas de turismo, las cuales apelan a la solidaridad y al consumo para salvar la economía de la comarca.
Madrid |
Los empresarios de la Sierra Oeste de Madrid despiertan ante el día después del mayor incendio registrado en la región en las últimas décadas, un monstruo de fuego que devoró más de 27.000 hectáreas y forzó el éxodo preventivo de más de 55.000 personas.
Hoy, lo que solía ser un espacio verde ha cedido su lugar a un paisaje calcinado que asfixia, de manera directa o colateral, el principal motor de la economía rural.
Empresas de alquiler de bicicletas, casas rurales, campings y bodegas se debaten entre el cierre forzoso y la limitación extrema de sus servicios. Guillermo Celeiro, coordinador de acción local de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Sierra Oeste de Madrid, narra una realidad de contrastes: "Hay desde afectados a los que no les ha tocado el fuego, hasta los que lo han perdido todo por completo".
Las llamas no han tenido piedad con enclaves emblemáticos como el Pantano de San Juan, donde el fuego ha consumido embarcaciones y negocios enteros, como el camping "La ardilla roja". A escasos kilómetros, el parque de tirolinas Aventura Amazonia ha visto arrasado el 90 % de sus instalaciones en Pelayos, mientras que las empresas de rutas ciclistas se ven obligadas a bajar la persiana ante la cruda realidad de que "no hay caminos por donde circular".
La resaca de los incendios: miedo y cancelaciones
La tragedia trasciende la línea del fuego, extendiendo sus consecuencias a negocios que resultaron ilesos pero que ahora sufren el estigma del desastre. Es el caso de alojamientos como el camping El Canto de la Gallina, en Valdemaqueda. Tras permanecer cerrado por precaución durante cinco días, sus responsables se afanan ahora en gestionar la oleada de reembolsos y cambios de fecha para los meses de agosto y septiembre.
"Afortunadamente aquí no ha pasado nada", relata su responsable, Mónica Ruiz, quien reconoce que aunque el incendio está controlado, muchos clientes prefieren cancelar por miedo. A esto se suma un silencio sombrío, una "resaca" emocional que empuja a vecinos y visitantes a necesitar procesar lo ocurrido.
Por otro lado, se ha desatado un verdadero "efecto dominó" respecto a otros sectores:
Como advierte Celeiro, la onda expansiva afectará a sectores como las ganaderías de bravo que, aunque salvadas de las llamas, verán cómo los ayuntamientos destinan sus presupuestos a la obligada reconstrucción en lugar de a los tradicionales festejos taurinos del próximo año, lo que inevitablemente mermará la afluencia turística general de la zona.
El fuego también ha afectado al sector vitivinícola. En San Martín de Valdeiglesias, a los pies del Cerro de Guisando, la bodega Bernabeleva se enfrenta a la pérdida de más de la mitad de sus 35 hectáreas de viñedo viejo, alcanzadas por las llamas apenas una semana antes del inicio de la vendimia. "Se nos ha quemado todo lo inimaginable", lamenta Juan Díez Bulnes, su responsable.
Las devastadores consecuencias para la fauna silvestre
Al desastre en las instalaciones y a las complejas labores para limpiar el hollín de la uva superviviente, se suma una realidad muy triste: Los animales, desprovistos de alimento en el bosque calcinado, se adentran en las fincas para devorar los racimos que el fuego perdonó.
Frente a la fragilidad de unas cepas que, según Bulnes ha comentado a agencia EFE, se deshacen en las manos "como un papel muy frágil", viticultores de toda España se han volcado en enviar material para ayudar en la recuperación.
Sin embargo, más allá del auxilio inmediato, el clamor de los negocios de la Sierra Oeste es unánime: la mejor manera de apagar definitivamente este incendio es no cancelar las reservas, visitar la zona y seguir comprando sus productos.