Abusos y manipulación: dos exmiembros de la secta 'La Chaparra' relatan en Onda Cero la "vida idílica" creada por el tío Toni
La secta fue desmantelada en 2022 y ahora cinco de sus miembros han sido condenados por abusos, aunque han recurrido la sentencia.
Madrid |
Carlos y Sara López, padre e hija, son dos de las personas que sufrieron los abusos y el aislamiento de la secta 'La Chaparra', una comunidad pseudorreligiosa asentada en una masía en Vistabella del Maestrat (Castellón) y liderada por Antonio Garrigós, más conocido como el tío Toni. Fue desmantelada en 2022 y recientemente cinco de sus miembros han sido condenados por agresiones sexuales a menores, aunque todos han recurrido la sentencia.
Ahora, los afectados cuentan su historia en el documental 'La Chaparra'. Es el caso de Carlos y Sara, que han pasado por los micrófonos de Por fin para contar cómo fue su historia. Ambos se dieron cuenta de que habían vivido en una secta durante la pandemia y han confesado que ha sido muy complicado aceptarlo, y que si alguien está viviendo algo así, no hay que decirle que está dentro de una secta, porque en lugar de ayudar, genera el efecto contrario.
Carlos entró a la secta en los 90, cuando su madre conoció al tío Toni después de un proceso personal, aunque es "extremadamente difícil de explicar" ya que no es un proceso normal en el que conoces a alguien y te haces íntimo. De hecho, desde el primer contacto que tuvieron con él pasaron "casi cinco años" hasta que estuvieron "bastante vinculados".
Cómo era la vida en La Chaparra
Toni daba "charlas de autoayuda" enfocadas, sobre todo, a familias desestructuradas y eso funcionaba como una adicción, porque "si te sentías mal, él siempre te daba una solución", ha explicado Carlos. Sin embargo, "no te dabas cuenta de que ese daño viene de quien te está dando la solución".
Así las cosas, el objetivo de Toni era dar "una vida digna" a estas personas en "un entorno ideal". Así acabaron conviviendo en una casa con otras 40 personas, donde cada una tenía un rol muy determinado, porque este hombre tenía, sobre todo, "una mente muy privilegiada para hacer daño".
No era igual el trato a los hombres que a las mujeres y niños, porque mientras los primeros "siempre tenían muchísimo trabajo que hacer", según Carlos, las mujeres y los niños no. "Llevaba tres vidas paralelas", ha comentado en Onda Cero, al tiempo que ha señalado que lo que Toni hacía era "crear celos entre ellas; era deporte nacional".
La Chaparra lo era todo para mí
Carlos se casó con Conchi, impulsado por el propio Antonio y crearon una vida y una familia allí, en La Chaparra, donde tenían planes a futuro aprovechando las dimensiones de la finca -dos millones de metros cuadrados-.
En este sentido, Sara, la hija de Carlos, ha confesado que La Chaparra "lo era todo" para ella, porque era donde hacía la vida y ha recalcado que las familias que vivían allí eran "normales" y que a ojos de la gente no era raro, porque eran vistas como familias que vivían juntas "con la ilusión de un proyecto", que era la explicación que el tío Toni les daba.
Sara ha explicado que la vida allí era "idílica" y que, Toni les decía las cosas de manera "muy natural, con mucho amor" para que, a pesar de que la gente pudiera decir que era una secta, tuvieran argumentos para negarlo y demostrarles que eran "una familia".
Así se dieron cuenta de que era una secta
Si bien, tanto Carlos como Sara tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que habían vivido en una secta -un término que les resulta "hiriente" y les ha costado aceptar-. En caso de él, montó un restaurante en Castellón después de divorciarse y lo cerró por el covid. Fue ahí, tras quedarse sin recursos, cuando se dio cuenta.
"Empecé a ver unas circunstancias que no me encajaban. Busqué en internet conductas sectarias y vi un par de vídeos y me sentí sumamente reflejado", ha relatado. En el caso de Sara, también fue durante la pandemia, que la pasó en casa de su novio. Allí se sentía "más liberada" y tuvo más tiempo para pensar y "dudar de cosas" y pudo poner en palabras cosas que solo se permitía pensar.
A raíz de una discusión con su hermano, porque sus conductas no le cuadraban, su padre empezó a hablar con personas que se habían ido de la casa y "a tirar del hilo". "Te das cuenta de que te has enterado de la mitad y haces click, ves la realidad desde otra perspectiva y se te cae el mundo encima", ha lamentado Sara.
Ella sufrió abusos por parte de Toni y se lo contó a su madre y, aunque al principio "parecía que iba a tomar cartas en el asunto", finalmente no lo hizo y es una de las personas condenadas por la Audiencia Provincial de Castellón. Lo fácil, en palabras de Carlos, ha sido juzgar a estas personas por abusos, porque es lo que está tipificado en el Código Penal, pero "hay otras muchas cosas que la ley no contempla", como las conductas coercitivas que provocan daños psicológicos, o delitos económicos que pueden haber prescrito.