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Las vacunas de la gripe y la covid‑19, ¿juntas o por separado?

La recomendación de vacunarse cada temporada responde a una necesidad epidemiológica por la constante evolución de patógenos como el SARS-CoV-2 y el virus de la gripe, unida a la pérdida progresiva de la inmunidad adquirida con el paso del tiempo.

Ángela Domínguez, Isabel Aguilar, Pere Godoy, Universidad de Barcelona, Zaragoza, Lleida

Madrid |

Las vacunas de la gripe y la covid‑19, ¿juntas o por separado? | Europa press

Con la llegada del otoño y el descenso de las temperaturas, las campañas de vacunación frente a los virus respiratorios vuelven a situarse en el centro del debate de salud pública. La inmunización no solo constituye la herramienta más efectiva para prevenir formas graves de infección y evitar ingresos hospitalarios: también evita la sobrecarga asistencial en la atención primaria y los servicios de urgencias durante los picos de mayor circulación epidémica.

La recomendación de vacunarse cada temporada responde a una necesidad epidemiológica por la constante evolución de patógenos como el SARS-CoV-2 y el virus de la gripe, unida a la pérdida progresiva de la inmunidad adquirida con el paso del tiempo.

Las vacunas empleadas en cada campaña se formulan cada año de manera específica y adaptada para responder a las variantes y cepas circulantes más recientes que han sido identificadas por las redes globales de vigilancia coordinadas por la Organización Mundial de la Salud.

El objetivo primordial de los programas de vacunación no es prevenir la infección, como comúnmente se cree, sino reducir la gravedad de la enfermedad, el riesgo de la hospitalización, el ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos y el fallecimiento en aquellas personas que presentan un mayor riesgo de complicaciones.

En el caso de la covid-19, a diferencia de lo que ocurría en el momento de pandemia, en que la vacunación era masiva, la estrategia ha cambiado: ahora se centra en la protección específica de la población vulnerable y la optimización de los recursos del sistema sanitario. Pero ¿coincide con la población a la que se protege frente a la gripe? No exactamente.

¿Podrían escindirse las campañas?

Aunque ambas infecciones son de origen respiratorio, sus metas y las poblaciones a las que se dirigen no son idénticas.

En España, la vacunación contra la covid-19 se enfoca, sobre todo, en la prevención de cuadros graves. Está recomendada para mayores de 70 años, personas institucionalizadas en residencias y cuidadoras, embarazadas, población con condiciones de riesgo a partir de 12 años de edad y de alto riesgo o inmunodepresión a partir de 6 o más meses.

Para la covid-19 se recomienda una dosis de vacuna en la población diana independientemente del número de dosis recibidas con anterioridad (incluso ninguna dosis previa) y del número y gravedad de infecciones previas. Y se respeta un intervalo mínimo de 3 meses desde la dosis previa o infección documentada. Las personas inmunodeprimidas y mayores de 6 meses pueden requerir dosis adicionales

La vacunación antigripal persigue tanto la protección individual frente a formas graves como la reducción de la transmisión comunitaria. Por ello, amplía el umbral de edad a partir de los 60 años e incluye colectivos no contemplados en la vacunación general de covid-19, como la población infantil (de 6 a 59 meses) y el personal de servicios esenciales. Comparte con la covid-19 la indicación en personas con condiciones de riesgo, embarazadas y personal sanitario.

En los grupos de población diana se administra una sola dosis de vacuna de gripe, excepto en prematuros e inmunodeprimidos, que pueden requerir pautas especiales.

Por todo ello, una cuestión a debate es si las campañas de vacunación frente a la gripe y la covid-19 deben permanecer unificadas o si convendrá separar sus calendarios en el futuro.

La covid-19 no es tan estacional como la gripe

Otro factor a tener en cuenta es que, a diferencia de la gripe, que presenta una estacionalidad invernal más marcada con ondas epidémicas habitualmente entre noviembre y febrero, el SARS-CoV-2 muestra un comportamiento estacional incierto y errático.

El virus que ocasiona la covid-19 intercala repuntes epidémicos fuera del periodo invernal debido a la aparición de variantes emergentes y a la pérdida paulatina de la inmunidad colectiva. Por eso no resulta extraño que irrumpa en pleno verano.

Coadministración: ventajas y seguridad

A pesar de las diferencias en el comportamiento de ambos virus, la coadministración de las vacunas frente a la gripe y la covid-19 en una misma cita se mantiene como la opción preferente por distintas razones.

La primera es pura eficiencia: la administración simultánea en el centro de salud simplifica la logística, optimiza el tiempo de los profesionales y evita múltiples desplazamientos por parte de las personas usuarias. Esto es especialmente importante en aquellas personas que tienen más dificultad para el acceso a los sistemas sanitarios, como son las mujeres mayores, las cuidadoras o las personas con discapacidad.

Además, administrarlas de forma conjunta garantiza una mayor tasa de vacunación en aquellos grupos en los que coinciden ambas recomendaciones (especialmente personas mayores de 70 años y residentes en centros sociosanitarios).

Por supuesto, también se elige esta opción porque la seguridad de la coadministración está más que demostrada: la evidencia avala que la administración de ambas vacunas de forma conjunta en brazos distintos es segura y no disminuye la respuesta inmunitaria ni de la vacuna antigripal ni de la vacuna contra la covid-19.

Se vacunan unos pocos, pero ganamos todos

Aunque las nuevas variantes del virus logren escapar parcialmente nuestras defensas, lo que permite que sigan produciéndose infecciones leves o reinfecciones en personas vacunadas, la protección frente al riesgo de ingreso hospitalario sigue siendo alta. Mantener coberturas de vacunación elevadas en las personas en situación de mayor vulnerabilidad es la intervención de mayor impacto para proteger la salud de quien se vacuna y de las personas que le rodean y para evitar el tensionamiento de los servicios sanitarios.

Así también se protege al Sistema Nacional de Salud y le permite continuar con la actividad asistencial durante los meses de máxima intensidad epidémica.

La vacunación debe acompañarse de recordatorios y citación activa, de la recomendación de los profesionales sanitarios y de una comunicación transparente sobre beneficios y efectos adversos.

Se deben eliminar las barreras y facilitar la vacunación a todos los grupos diana de la campaña de vacunación. Todo ello contribuirá a reforzar la confianza en la vacunación y la probabilidad de que las personas con mayor riesgo reciban la vacuna, sin duda una de las medidas más importantes para minimizar el efecto de los virus respiratorios.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


Ángela Domínguez García, Catedrática Medicina Preventiva y Salud Pública, Departamento de Medicina, CIBER Epidemiología y Salud Pública, Universitat de Barcelona; Isabel Aguilar Palacio, Profesora Titular de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Zaragoza y Pere Godoy, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Departamento de Medicina y Cirugía, Universidad de Lleida. CIBER Epidemiología y Salud Pública,, Universitat de Lleida

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.