MÁS DE UNO

El sueño de Alsina: "Ada Colau recorría España en flotilla como candidata a la Moncloa"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde escucha que la posible candidata de Frente Amplio hacía su campaña sobre un navío, mientras que Puigdemont abría una peluquería llamada Pompidou en Bruselas por ausencia de ganas de volver.

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Carlos Alsina

Madrid |

Esta noche soñé……que despertaba.

Y tenía la cama llena de papeles. Papeles en la almohada, papeles en los pies, papeles por el suelo. Despertar analógico, podría haberse llamado la escena.

Agarraba uno para echarle un ojo (legañoso) y alcanzaba a leer a duras penas: "No he querido saber, pero he sabido, que una de las niñas, cuando ya no era niña…"

Me paré ahí porque la frase me sonaba mucho, pero me costaba —mucho también— entender la letra. El papel era manuscrito y entre frase y frase aparecían palabras tachadas o corregidas.

"Cuando se oyó la detonación, el padre no se levantó enseguida, paralizado con la boca llena".

Me dije: "Corazón tan blanco", o sea, ¡Javier Marías! Y entendí que eran el borrador de la novela, anotado, modificado; o sea, vivo.

Había leído en la prensa que la Biblioteca Nacional adquirió el archivo personal de Marías, un festín para aspirantes a entender cómo se va construyendo una historia en la cabeza del novelista. Cambió esta palabra por esta otra. Cambió el orden de esta frase. Adelantó la aparición de un personaje.

A mí, que el proceso creativo me resulta más intrigante que el secreto de Fátima, siempre me surge la duda de si desenterrar las cavilaciones en que anduvo el autor antes de entregar su texto a los lectores no se parece demasiado a desnudar la intimidad creativa del difunto.

El periodista que aún llevo dentro agradeció la primicia de tener los papeles antes que el ministro Urtasun, pero el desvelado que soy por fuera seguía sin entender cómo habían llegado hasta mi sueño.

Entonces, se me apareció Ayuso. Con bata. De cola. O esa impresión tuve.

—Yo también soy escritora —me dijo—. Saco ahora un libro.

—Lo sé, lo sé —le dije—. He visto la reseña.

Se produjo un silencio incómodo.

—¿Y? —dijo ella.

—¿Y? —respondí yo, temiendo iniciar un diálogo de besugo y presidenta.

—Que qué haces que no lo estás leyendo ya —me reprochó Ayuso.

—Es que aún no me ha llegado. En cuanto me lo envíen, me pongo.

—No es como "Corazón tan blanco" —admitió ella, modesta—, pero sí es a corazón abierto.

Viendo que Ayuso me abría el suyo, le abrí yo el corazón de Marías leyéndole otro pasaje manuscrito:

"Muchas veces me pregunto asustado si alguien sabe algo de lo que dice".

—Mi estilo es más claro —me interrumpió la presidenta, que estaba claro que pedía entrevista.

—¿Habla de política en su libro? —le pregunté, como si fuera un meritorio.

—Algo digo, sí. Libertad o comunismo. Pero hay, sobre todo, vivencias personales y reflexiones sobre mi vida.

—Qué bueno —me salió decir a mí—. ¿No será autoficción, que es género muy de moda?

—Para nada —me dijo—. Todo verdad de la buena.

Seguí con la entrevista:

—¿Y qué reflexión sobre la vida diría que es la más importante?

—Que Sánchez es un dictador y una mala persona.

Ahí le salió a Ayuso la presidenta que tira al monte y entendí que a quien está en el barro político hay frases que le brotan solas.

Se despidió la presidenta porque tenía que corregir las galeradas y aproveché para ordenar un poco el cuarto. Ya no iba a conseguir pegar ojo, así que me preparé un café en la cocina y puse la radio.

Un locutor informaba de que Ada Colau recorría España en flotilla como candidata a la Moncloa de las novecientas doce marcas de izquierdas amontonadas en la nueva plataforma de izquierda a la izquierda de la izquierda.

Una locutora contaba que a Puigdemont se le habían pasado las ganas de volver a España e iba a abrir una peluquería de hombres en Bruselas. La iba a llamar Pompidou.

Y el locutor de antes, porque eran titulares a dos voces, explicaba que Gabriel Rufián había actualizado su perfil en LinkedIn y enviaba ya currículums a diversas marcas políticas por si acaso en Esquerra le daban puerta.

Ceuta, al parecer, ya no estaba tan rota ni tan en crisis como antes, o igual es que en los medios ya no quedaba hueco. Vivas había enviado su carta a los Reyes pidiéndoles que le llevaran unos focos para reavivar el interés de las televisiones.

Leire por fin había terminado su libro, una investigación sobre la mafia que intentó amedrentar a la jueza Biedma, escrito en primera persona y con prólogo de Santos Cerdán.

Lo había titulado "Mañana en la cloaca piensa en mí", porque las dos personas a las que más admiraba eran Javier Marías, como escritor, y el comisario Villarejo, como embaucador.

El borrador del libro, con las correcciones de la autora y un montón de amenazas manuscritas, le fue ofrecido por ella misma a la Biblioteca Nacional. Pero la peste a caca que salía de las páginas aconsejó introducirlo en un recipiente hermético y trasladarlo de urgencia a la Audiencia Nacional.