Latorre, sobre la cloacas del PSOE en el caso David Sánchez: "La juez Biedma no conspiraba, estaba conspirando contra ella"
El director informativo de Más de uno expone en su monólogo la investigación de la UCO en torno a las posibles presiones contra la jueza, e ironiza sobre el trabajo del sicariato de Santos Cerdán porque "donde la bondad no alcanza, igual llegaban Los Rochos".
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Madrid |
Ya solo le faltaba a usted que le dijéramos lo que tiene que sentir. Esa jurisdicción sobre lo espiritual corresponde a otros. Los periodistas si acaso seríamos del mester de juglaría, no del de clerecía.
O sea que tenemos que contarles lo que está pasando, incluso lo que no está pasando pero debiera.
Lo cierto es que es llamativo y por tanto es noticioso que del derroche de emotividad que se está produciendo estos días, muy comprensible, tan humano, no le corresponde ni una parte minúscula ni una pequeña proporción… ni unas migajas… a una mujer como Beatriz Biedma.
No es difícil ponerse un minuto en su lugar, ¿no? Quiero decir, que no hace falta ni siquiera tener hijos para imaginar el pavor que pude embargar a esa mujer cuando fue al colegio a recoger a las suyas, a sus hijas, y le dijeron que había aparecido un señor, que se presentó como su secretario y que anduvo preguntando por sus horarios y sus costumbres. Otro día se presentó alguien que decía ser su hermano y también anduvo preguntando. Pensemos un segundo en el estómago de esta mujer, que no tiene ni hermano ni secretario.
Eso ha relatado esta juez al juez. La juez Biedma al juez Pedraz. Hay medios que todavía no le han encontrado un hueco en su portada para el sufrimiento y la angustia que esta mujer ha descrito en sede judicial. Es verdad que estamos con otro despliegue formidable y empático, atendiendo a la convulsión social pero no deja de ser llamativo y noticioso esto. Aunque sea para preguntarse cómo se hace el reparto de solidaridad, empatía y buenos sentimientos. Ni marchas ni lírica. Y eso que hay gente cada día haciendo de la sensibilidad un espectáculo
¿Acaso es que no hay noticia en lo de Biedma?
Lo que la juez Biedma denuncia no es algo tan frecuente como para despreciar el interés público que ha de suscitar. Afortunadamente, en España uno no está acostumbrado a que una juez desgrane las pruebas que tiene de los seguimientos de los que fue objeto y que testigos describan cómo les contactaron para que le dieran una lección a la magistrada.
España no es Palermo. 2026 no es 1973. Digamos que: No había costumbre.
Ya saben lo que cuenta en su libro magnífico Miguel Ángel Aguilar… Aquello que dijo el diplomático, Julio Cerón Ayuso "Cuando murió Franco, el desconcierto fue grande: no había costumbre".
Bueno, España no es Palermo. No había costumbre, solo que en este caso no parece que sea grande el desconcierto.
España no es Palermo y la juez Biedma no es Giovanni Falcone. Quiero decir… ni por su trágico destino… ni por los asuntos que dirime. Es que también hay pensar en algo muy humano. Cuando uno ve que está sufriendo acoso, que eso puede afectar a su familia, que alguien ha preguntado por sus hijos en el colegio… da igual lo importante que se crea, que seguro que empieza a pensar en si lo que está haciendo merece la pena. Porque muy pocas acciones heroicos luego llegan a los cantares de gesta y las que llegan suelen ser mentira. La realidad es menos épica y menos gloriosa.
Y ya les digo que la juez Biedma no es Falcone. Es una juez de instrucción en Badajoz. Uno no espera grandes epopeyas en el Juzgado de Instrucción número 3 de Badajoz. De hecho la juez Biedma no estaba desarticulando mafias, ni persiguiendo a Spectra. A ella le cayó el caso de, me van a disculpar, un pobre diablo. Alguien a quien le había fabricado un puesto a medida y el muy pícaro pues se fue a disfrutarlo.
Lo normal es que la mujer llegara a preguntarse… por qué iba a arriesgar nada por esto.
Ya ven, a veces hay personas que sencillamente hacen bien su trabajo sin necesidad de alardes morales. Porque una cosa es hacer exhibición de virtud y otra muy distinta es el ejercicio de la virtud. En la exhibición suele ocurrir que la tragedia es el complemento. "Yo soy bueno porque me conmueve la historia de esta persona". Yo… el sujeto… la persona es el complemento.
De hecho la bondad es un cosa muy engañosa. Fíjense. Toda cloaca se monta precisamente porque hay una autopercepción de la bondad tan maciza que alguien considera que a veces es necesario hacer algunas maldades para poder seguir repartiendo bondad. ¿Se entiende, no? La cloaca se monta en atención a un fin aparentemente noble. Hay gente que para seguir exhibiendo su bondad, drena la maldad de forma subterránea en las cloacas. O sea, que no es buena, pero vive de ello.
No nos vayamos del caso.
Lo de Biedma no deja de impresionar precisamente por la falta de épica que contrasta dramáticamente con la angustia que seguro que sintió la mujer. Pero es que hay gente que sencillamente hace su trabajo de la mejor manera posible sin hacer alardes y hacen de eso su ética discreta. Tal parece el caso, ¿no?
A todos nos impresionó lo minucioso de sus interrogatorios y la instrucción fue corroborada en lo esencial por el juicio y la sentencia. Todavía cabe recurso y la sentencia puede ser corregida, pero no parece que ocurra lo que ocurra, se haya cometido ninguna tropelía. ¿Y por qué había de ser?
Lo increíble de las conspiraciones es que requieren el concurso de gente que nada tiene que ganar y todo tiene que perder. Si lo natural es que la juez Biedma cediera a la presión de la cloaca. ¿No es humano decir: han venido a mi casa a buscar a mis hijas, y a mí qué me importa lo que haya hecho este jeta? Que le aproveche. La juez Biedma no conspiraba, estaba conspirando contra ella.
Claro que… también podemos pensar que Biedma miente. Que le ha mentido al juez ayer durante una hora. Esto nos provocaría otro conflicto, porque hemos sido debidamente aleccionados en la doctrina del "Hermana yo sí te creo". A ver si es que esta frase iba con una apostilla implícita: "Yo sí te creo, si me conviene".
Así que no solo habría que reflexionar sobre cómo se produce, quién dicta, el reparto de emotividad sino también cómo se produce, quién dicta, el reparto de credibilidad. Porque el trabajo del sicariato de Santos Cerdán se vio completado con la inestimable colaboración de decenas de almas bellas, que aportaron y aportan, sus insultos, sus insidias y sus difamaciones.
A veces hay que drenar un poco de maldad para seguir siendo bueno… ¿no? En eso consisten las cloacas. Donde la bondad no alcanza, igual llegan Los Rochos.