Madrid |
La Administración Trump intensifica la presión con sus mensajes a Irán. La diplomacia sigue en el tablero pero recuerdan que viene acompañada de bombardeos. "No lo decía a la ligera cuando dije que, mientras tanto, negociaremos con bombas", ha afirmado Pete Hegseth.
Las conversaciones con Teherán "son muy reales", siguen activas y están "ganando fuerza", asegura el secreterio de guerra. Un avance que Washington dice agradecer, pero que no le lleva a aflojar la presión militar.
El objetivo declarado de Estados Unidos es claro: un acuerdo que obligue a Irán a renunciar a su material nuclear sensible y a sus ambiciones estratégicas en la región. "Ese es el objetivo. No queremos tener que hacer más en el ámbito militar de lo necesario", ha señalado. Si ese acuerdo no llega, Washington está preparado para ir más lejos. "Si no, estamos preparados para continuar."
"No vamos a cerrar ninguna opción", ha afirmado Hegseth, defendiendo que la imprevisibilidad es, en sí misma, un arma. "No se puede librar y ganar una guerra si se revela lo que uno está dispuesto a hacer o no."
Según Hegseth, Irán percibe actualmente que existen hasta quince formas distintas en las que podría ser atacado, incluidas operaciones terrestres. "Y las hay", ha añadido, sin entrar en detalles. Cuantas más variables tenga que gestionar Teherán, mayor es la presión psicológica y estratégica sobre el régimen.
El objetivo final es que los dirigentes iraníes lleguen a la conclusión de que están en una posición mejor negociando que resistiendo. "Nuestro trabajo es asegurarnos de obligar a Irán a darse cuenta de que este nuevo régimen está en una mejor posición si alcanza ese acuerdo."
Consciente del peso histórico que arrastra cualquier debate sobre intervención militar en Oriente Medio, Hegseth ha marcado distancia con los grandes fracasos de la política exterior estadounidense reciente. Asegura que Trump "ha asimilado profundamente las lecciones de Irak y Afganistán" y que no tiene intención de repetir esos errores.