guerra en Irán

La invasión terrestre de EEUU a Irán: una medida impopular y con un enorme riesgo que la Casa Blanca ya no descarta

Washington prepara opciones militares sobre el terreno mientras el Pentágono despliega miles de soldados en Oriente Medio y los mercados energéticos sufren su mayor sacudida en décadas.

Javier Matiacci

Madrid |

Donald Trump en una foto en la Casa Blanca | Europa Press

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha confirmado que la incursión terrestre en Irán ya no está descartada. La afirmación, que después matizó levemente, llega cuando el conflicto ya ha alcanzado el segundo mes, ha costado la vida a miles de personas y ha provocado la mayor interrupción del suministro energético mundial jamás registrada.

El petróleo y el uranio, los dos grandes objetivos

Donald Trump también ha sido claro sobre sus objetivos. "Para ser sincero, lo que más me gustaría es apoderarme del petróleo de Irán", declaró el presidente sin rodeos en una entrevista en Financial Times. "Podríamos resolverlo en dos minutos. Tan rápido que os daría vueltas la cabeza", añadió.

El primer objetivo es la isla de Jark, una pequeña extensión de apenas 20 kilómetros cuadrados situada en el Golfo Pérsico que gestiona aproximadamente el 90% de las reservas de petróleo iraní y es el principal centro de exportación de crudo del país. Tomarlo sería, en teoría, controlar el grifo financiero del régimen.

Sin embargo, los expertos advierten de que la operación es mucho más complicada de lo que parece. Irán podría simplemente cerrar las válvulas dejando la isla sin petróleo que exportar, mientras las tropas quedarían expuestas en un enclave que la propia Armada estadounidense considera demasiado peligroso para enviar buques, dado el alcance y la precisión de los misiles iraníes.

El segundo objetivo, según han informado medios como Axios y el Wall Street Journal, sería el uranio enriquecido de Irán. Los planes contemplarían ataques sobre las centrales nucleares de Isfahán y Natanz, seguidos de incursiones terrestres para asegurar el perímetro, inspeccionar los escombros en busca de explosivos y recuperar el material nuclear, que podría ascender hasta 450 kilos almacenados en cilindros similares a tanques de buceo. Extraerlo requeriría maquinaria pesada y prolongaría indefinidamente la presencia militar estadounidense en territorio iraní.

El Pentágono se enfrenta a una operación muy compleja. En la región hay ya unos 50.000 efectivos desplegados, y se baraja el envío de 10.000 soldados adicionales. Por comparar, la coalición que invadió Irak en 2003 contaba con cerca de 250.000 soldados para un país con una geografía e infraestructura defensiva menores que las de Irán.

Los planes de contingencia, según el Washington Post, apuntan a que cualquier operación terrestre no sería una invasión a gran escala, sino incursiones de fuerzas especiales e infantería convencional. Aun así, incluso una misión limitada expondría a las tropas a drones, misiles, fuego terrestre y artefactos explosivos improvisados. Irán, por su parte, ha advertido públicamente que está preparado para afrontar cualquier ataque por tierra, acusando a Washington de negociar en público mientras planea la guerra en privado.

Una opción profundamente impopular

Una invasión terrestre de Irán es, según todos los análisis, una opción profundamente impopular entre la población estadounidense. La sombra de Irak y Afganistán pesa sobre cualquier debate sobre presencia de tropas en suelo extranjero, y el coste humano y económico de una guerra prolongada en uno de los países más grandes y mejor armados de Oriente Medio podría resultar políticamente devastador para un Trump que se acerca a las elecciones de medio mandato.