EL ORDEN MUNDIAL

El legado de la Primavera Árabe 15 años después: "No entenderíamos la Europa actual sin aquellas revueltas"

Eduardo Saldaña explica en El Orden Mundial de JELO en verano cómo la Primavera Árabe derivó en guerras como las de Siria y Libia, favoreció el auge del Daesh y desencadenó una crisis de refugiados que transformó la política europea.

ondacero.es

Madrid |

Foto: EFE

Las imágenes de miles de personas abarrotando la Plaza Tahrir de El Cairo (Egipto) dieron la vuelta al mundo en 2011. Túnez, Egipto, Bahréin, Libia o Siria fueron los escenarios de una ola de protestas que hizo tambalearse y caer a regímenes que parecían inamovibles. Han pasado quince años y las consecuencias de aquella Primavera Árabe siguen marcando no solo Oriente Próximo, sino también Europa y buena parte del orden internacional. El codirector de El Orden Mundial, Eduardo Saldaña, ha analizado en JELO en verano el legado de aquellas revueltas árabes, unos acontecimientos que, en su opinión, terminarán por considerarse uno de los momentos que definieron el primer cuarto del siglo XXI.

La inmolación de un vendedor ambulante en protesta contra las autoridades fue la chispa que encendió la mecha de un malestar que demostró que la sociedad civil podía organizarse y plantar cara a gobiernos autoritarios. Sin embargo, no fue oro todo lo que relució porque "las mal llamadas 'Primaveras Árabes'" no solo provocaron la caída de dirigentes que "parecían eternos", sino que también hicieron estallar guerras, se reforzaron mecanismos de represión en muchos países y la inestabilidad abrió nuevos espacios para el yihadismo.

El auge del Estado Islámico

Uno de los efectos más importantes de las revueltas fue la guerra de Siria, cuya inestabilidad fue aprovechada por varias organizaciones yihadistas para ganar fuerza y reclutar seguidores. Aunque el yihadismo ya existía antes (Al Qaeda llevaba años operando), se incrementaron las escisiones dentro y surgieron nuevas fuerzas como Estado Islámico, que consiguió crecer y llegó incluso a proclamar un califato, un acontecimiento que tuvo una inmensa carga simbólica para el movimiento yihadista.

Las consecuencias del surgimiento de Estado Islámico no solo afectaron a Oriente Medio, sino también a Europa con una sucesión de atentados que golpearon a distintos países: Francia, con Charlie Ebdò y Bataclán; o España, con los ataques de las Ramblas de Barcelona y Cambrils.

"No entenderíamos la Europa actual sin las revueltas árabes"

Pero el impacto de las protestas en Europa y el mundo fue más allá de los ataques de Estado Islámico. Según Saldaña, "no entenderíamos la Europa actual sin las revueltas árabes". Las guerras de Siria y Libia provocaron grandes movimientos de refugiados hacia Europa y situaron la inmigración en el centro del debate político. La respuesta inicial fue aquel 'Welcome Refugees' de la Alemania de Angela Merkel, pero enseguida dio paso a una Europa más preocupada por reforzar sus fronteras y contener los flujos migratorios.

El auge de los grupos yihadistas y los atentados también impulsaron una mayor preocupación por la seguridad e hicieron crecer los discursos nacionalistas; y también cambió la relación de las potencias de Occidente con los países de Oriente Medio. ¿Por qué? Porque las revueltas, en sus inicios, se vieron como una oportunidad de apertura y de extensión de la democracia, pero el caos que se vivió después y el crecimiento del islamismo cambiaron esa percepción, lo que hizo que la estabilidad pasara a ocupar un lugar prioritario. Es decir, muchos gobiernos occidentales prefirieron aceptar la colaboración con regímenes autoritarios para evitar nuevas crisis e inestabilidad.

Los problemas siguen ahí

Sin embargo, a pesar del impacto y la magnitud de las revueltas árabes, los problemas que las originaron no han desaparecido por completo. La desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades y el descontento social siguen ahí. Según Saldaña, los gobiernos aprendieron la lección en 2011, pero no para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, sino "los mecanismos de represión para evitar cualquier nuevo estallido social".

Por ello, la conclusión del periodista es que la historia de las primaveras árabes aún no ha terminado y que es solo "cuestión de tiempo que volvamos a ver un estallido en algunos países de la región". ¿La gran incógnita? Saber qué forma adoptará ese descontento. Si volverá a traducirse en una reivindicación democrática o si será aprovechado por los islamistas y otras fuerzas más autoritarias.