Cuando se cumplen 13 días de guerra, el sonido con el que empieza la jornada en Beirut es el sonido de la destrucción, el de las alertas de los aviones militares que surcan constantemente el cielo. Marta Maroto, corresponsal de Onda Cero en Líbano, nos pone en la piel de quienes escuchan el día a día de la guerra.
Hace días que Líbano despierta dentro de una pesadilla que ya creía haber dejado atrás. Más de un año después, la guerra ha regresado a un país al que nunca terminó de llegar la paz. Vivir o sobrevivir es hacerlo pendiente de sonidos que recuerdan viejos traumas. El zumbido del dron de vigilancia israelí, constante incluso durante el alto al fuego, ahora se escucha más alto en el cielo de Beirut.
La guerra son las notificaciones en redes sociales del ejército israelí, que a veces avisa con mapas dónde caerán las bombas. A estas órdenes de evacuación le siguen tiros al aire, especialmente de noche para despertar a los vecinos, y empieza el ajetreo por coger una mochila o no coger nada. El ruido del tráfico de la huida.
La guerra son las explosiones y también el silencio que le sigue a las bombas, roto por gritos de ansiedad al teléfono y el miedo a que nadie conteste al otro lado de la línea. En las zonas seguras de Beirut se llenan las escuelas de desplazados: ya van 700.000 en un país de apenas cinco millones de habitantes.
Las calles del centro son un ir y venir de furgonetas con colchones, mantas, hornos de gas. Aún quedan días para que termine el Ramadán y, aunque el éxodo permite interrumpir el ayuno, el sonido del Adán, el llamado al rezo de las mezquitas cuando cae el sol, sigue convidando a las familias.
"Buenas tardes, que Dios te de salud", es así como estamos dando el iftar. En este estadio deportivo de Beirut, La Cruz Roja reparte comida a cientos de familias desplazadas. "Y que seas fuerte", se dicen los libaneses con la esperanza de que mañana la pesadilla haya acabado y en el cielo dejen de tronar las bombas.
Son 13 días de una guerra que en el Líbano es la secuela de la guerra interminable entre Israel y la sucursal iraní, que es Hezbolá, la banda armada que Netanyahu dijo haber desmantelado y que, como ha ocurrido siempre en Oriente Próximo, se ha regenerado recrece para seguir perpetuando esta guerra.