Monólogo de Alsina

La conclusión de Alsina tras las declaraciones de la UCO en el caso Mascarillas: "Aldama le llamaba el jefe, pero el jefe de verdad era Aldama"

El director de Más de uno ha hecho un repaso de las distintas teorías conspirativas a las que se agarran unos y otros, desde el panorama político estadounidense hasta el español, incluido el debate sobre el apagón o la corrupción ministerial.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Había una vez un cómico muy famoso que tenía un programa de televisión en prime time. Hacía bromas sobre todo lo que sucedía en su país, especialmente sobre política y contra el presidente y su esposa. Era cáustico en casi todos sus comentarios sobre la pareja. Dos días antes de una concurrida cena a la que iba a asistir el matrimonio, el cómico hizo una parodia cruel, y brillante, sobre la reacción alérgica que en ambos desata la más suave de las críticas -qué piel tan fina- y el nulo sentido del humor con que encajan la sátira.

No, el cómico -lo aclaro- no era español ni despellejaba sin piedad a Pedro y Begoña. Era estadounidense -es estadounidense- y a quien despellejaba cada noche era -o es- a Donald Trump y a Melania. En su parodia de dos días antes de la cena mezcló la ironía con el sarcasmo para imaginar cómo sería ese acto si el presidente permitiera que lo condujera un humorista en lugar de ser él quien hiciera todas las gracias.

E imaginando, imaginando, dio por hecho que Trump pasaría la noche con cara de acelga y que Melania se mostraría ausente, con ese aspecto de no dejar nunca de arrepentirse de haberse casado con Donald y viendo pasar los días en la confianza de que todo acabe pronto. Fue ahí donde el cómico, dos días antes, pronunció esta frase dirigida a la primera dama: "Tiene usted el brillo de una viuda a la espera".

Dos días después, en la cena de corresponsales, Melania Trump fue la primera en reaccionar al sonido de los disparos con que el servicio secreto neutralizó al hombre que pretendió asaltar el salón, con escopeta y pistola, para dejarla viuda. Esta vez no ha sido Trump sino su esposa quien ha pedido a la televisión ABC la cabeza de Jimmy Kimmel, el cómico, por alimentar, según ella, el discurso del odio contra el presidente y su familia.

El programa de Jimmy Kimmel ya fue suspendido a raíz de un comentario del cómico, por el que luego se disculpó, tras el asesinato de Charlie Kirk. La Casa Blanca le tiene puesta la proa hace tiempo y aprovecha toda oportunidad que se le presenta para alentar, a su vez, el odio contra el humorista de izquierdas. Es sabido que en alentar campañas, desde el poder, contra programas o humoristas que no son de la cuerda el gobierno de los Estados Unidos tampoco es el único ni el primero.

La conspiranoia y sus múltiples caras

Ayer comenté a esta hora que, al no haberse consumado el magnicidio, los conspiranoicos se abstendrían de inventar conjuras universales. Y hoy me toca rectificar porque la conspiranoia sí que ha brotado y se ha propagado por las redes sociales con fuerza.

Esta vez, no de conspiranoicos que ven una constelación de manos negras detrás del asesino frustrado sino al revés: conspiranoicos que ven cómo Trump nos ha colado un ejercicio de ilusionismo a la altura de la falsa llegada del hombre a la luna. La conspiranoia sostiene que todo fue una actuación, un engaño, una pamema.

Sin riesgo para nadie y destinada a despertar el afecto de los estadounidenses hacia su presidente tres veces atacado. Demasiados atentados de los que sale vivo para creérselo, han pregonado tuiteros desnortados y propagandistas encubiertos. Ver para creer. Y leer para creer hasta qué punto se presume de refutar la versión oficial sin más indicio ni más prueba que el convencimiento de que el gobierno siempre miente.

Se presume de refutar la versión oficial sin más indicio ni más prueba que el convencimiento de que el gobierno siempre miente

Cole Allen ha pasado su primera noche en prisión provisional imputado del intento de asesinar a un presidente. Puede caerle cadena perpetua. Jimmy Kimmel hizo anoche su programa de entretenimiento y no necesitó explicar que hacer un chiste, incluso cuando no es gracioso, tiene poco que ver con desearle la muerte a un presidente o la condición de viuda a su señora.

Conspiraciones en España y el caso mascarillas

Las teorías conspirativas son una tentación para los gobiernos cada vez que sucede algo adverso. Bien lo sabemos en España, donde al robo de cable en una línea del AVE reaccionó el ministro Puente sugiriendo que era un sabotaje anti sanchista. Bien lo sabemos porque cada vez que un ministro pronuncia la frase comodín 'esto que ha sucedido es muy extraño' deja que el personal interprete que ha podido haber mano negra.

Hoy sabemos que el apagón fue consecuencia de una sucesión y acumulación de negligencias del operador de la red, Red Eléctrica, y de varias compañías energéticas. Culpables todos, vino a ser el resultado de la autopsia que hizo el gobierno. Y en España culpar a todos se interpreta como no culpar a nadie.

Un año después sigue abierta la investigación con expedientes a Red Eléctrica, Iberdrola, Endesa y Naturgy. Sin que nadie haya dado un paso atrás o haya pagado con su renuncia la suma de fallos que nos dejó a oscuras. También se dijo que el caso Koldo, luego caso Aldama, luego caso Ábalos era una conspiración de la fiscalía, el Supremo y la UCO. Intoxicaciones todo. Pero ahora llega el momento judicial.

Mañana empezarán a declarar para intentar rebatir todo lo que aparece en la investigación de la UCO. El ministro abría puertas, generaba oportunidades, tenía peso en la jerarquía del gobierno. Aldama le llamaba el jefe, pero el jefe de verdad era Aldama y el ministro, su instrumento para prosperar.

La UCO no emite sentencias. La UCO no condena. Presenta el resultado de sus indagaciones al juez instructor. El problema para Ábalos y Koldo no son las conclusiones de la UCO, son las conclusiones a que llegue el tribunal que les juzga. Este Koldo, por cierto, de pelo impostado peinado para adelante e inmensa barba gris de padre Abraham de los pitufos aporta un elemento entre friki y aterrador a las imágenes impagables de este juicio.