Así volvió el Guernica a España: la historia detrás de una operación secreta
Hace 45 años, el Guernica regresó a España después de más de cuatro décadas fuera del país. El podcast 'El viaje del Guernica', dirigido por Pablo González Batista, recupera ahora la historia de aquella operación: una misión secreta, negociaciones interminables, prisas e improvisaciones detrás de uno de los grandes símbolos de la Transición.
Madrid |
La recuperación del Guernica llevaba años gestándose. Durante el franquismo ya hubo intentos de negociar su regreso, pero Picasso se negó a que el cuadro volviera mientras existiera una dictadura en España. Con la llegada de la democracia, las conversaciones se retomaron y durante años se sucedieron las gestiones con el Museo de Arte Moderno de Nueva York, los herederos del pintor y distintos representantes del Gobierno español.
La historia que cuenta el podcast 'El viaje del Guernica', dirigido por Pablo González Batista, reconstruye precisamente esa trastienda. Una historia en la que el gran símbolo cultural de la Transición acaba rodeado de personajes y situaciones mucho menos solemnes de lo que cabría esperar.
Una misión secreta en pleno mes de agosto
La situación se desbloqueó finalmente en 1981. La llamada definitiva llegó en agosto, cuando buena parte de España estaba de vacaciones. Había que viajar a Nueva York de inmediato y mantener el máximo secreto. La operación recibió un nombre que no podía resultar más descriptivo: “Cuadro Grande”.
Los elegidos para preparar el traslado fueron dos funcionarios del Ministerio de Cultura, Álvaro Martínez Novillo y José María Cabrera. Su misión consistía en comprobar el estado de conservación de la obra, preparar el desmontaje y garantizar que todo estuviera listo para el viaje.
Nada que ver, en principio, con una misión de película. De hecho, ellos mismos rebajan el tono épico de aquella aventura. Viajaron con prisas, tuvieron que organizarlo todo en pleno agosto y llegaron a adelantar gastos de su propio bolsillo. José María Cabrera viajó además acompañado por su mujer, Ana Cifuentes, restauradora.
Una vez en Nueva York, esperaron instrucciones, visitaron el MoMA y comprobaron el estado del cuadro. Mientras tanto, intentaban hacer su trabajo con discreción y sin llamar la atención. El secreto era una de las principales condiciones impuestas por el museo neoyorquino.
Pero la historia tenía un ingrediente más: Luis García Berlanga. Álvaro, José María y Ana coincidieron con el cineasta en Nueva York y acabaron compartiendo una cena. Berlanga no conoció entonces el motivo de aquel viaje y, según recuerdan los protagonistas, lamentó no haber podido rodar un documental sobre aquella aventura.
El Guernica sale del MoMA por la puerta de atrás
La noche del 8 de septiembre comenzó una de las partes más delicadas de la operación. Cuando el MoMA cerró sus puertas, restauradores y conservadores empezaron a desmontar el Guernica, que llevaba 42 años en el museo.
El cuadro fue retirado de su bastidor, limpiado por detrás y preparado para ser enrollado. Era un trabajo minucioso que se prolongó durante horas. Mientras el personal del MoMA afrontaba el desmontaje con enorme cuidado, la delegación española asistía al momento entre la emoción y la expectación.
A la mañana siguiente llegó el momento de sacar el cuadro del museo. Y también ahí apareció la improvisación. El Guernica salió por una puerta de carga y descarga dentro de una caja enorme que apenas cabía en el camión preparado para el traslado. La caja sobresalía y el convoy tuvo que atravesar Manhattan camino del aeropuerto.
Por si faltaba algo, los semáforos de Nueva York dejaron de funcionar durante el trayecto. La operación secreta avanzaba así entre cruces complicados y una logística mucho menos sofisticada de lo que podría imaginarse tratándose de una obra de ese valor.
El destino era un vuelo regular de Iberia entre Nueva York y Madrid. Y, con todo preparado, todavía quedaba un pequeño detalle: los propios funcionarios descubrieron que no tenían claro cómo volverían a España.
El “polizón” de la bodega de Iberia
El Guernica viajó finalmente en la bodega de un Jumbo de Iberia, el Lope de Vega, junto a otras obras y objetos que regresaban a España. La mayoría de los más de 300 pasajeros no sabía que aquel vuelo llevaba un acompañante extraordinario.
A las 8:27 de la mañana del 10 de septiembre de 1981, el avión aterrizó en Madrid-Barajas. Cuando el comandante comunicó a los pasajeros que habían llegado acompañados por el Guernica de Picasso, comenzaron los aplausos.
En tierra, sin embargo, desapareció cualquier apariencia de discreción. El avión quedó rodeado por militares, policías, autoridades, periodistas y curiosos. El cuadro fue introducido en un camión y trasladado hasta el Casón del Buen Retiro escoltado por motoristas de la Guardia Civil.
Y allí esperaba otro problema. La enorme caja no podía subirse por ningún ascensor ni había una grúa preparada. Así que los operarios tuvieron que subirla por las escaleras a pulso mientras los espectadores seguían la escena.
El último exiliado
El entonces ministro de Cultura, Íñigo Cavero, definió el Guernica como “el último exiliado”. Su regreso fue interpretado como el final de una larga espera y como un símbolo de reconciliación entre los españoles.
El 25 de octubre de 1981, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Picasso, el Guernica se abrió por primera vez al público en España acompañado por sus bocetos.
Pero la historia todavía no había terminado. En 1992, el cuadro volvió a cambiar de ubicación, esta vez desde el Casón del Buen Retiro hasta el Reina Sofía. Como ya no se quería volver a enrollarlo, hubo que diseñar un camión especial para transportarlo en vertical. El recorrido apenas superaba los dos kilómetros, pero volvió a estar lleno de obstáculos, esta vez en forma de cables y postes del mobiliario urbano.
Hoy el Guernica es uno de los grandes iconos culturales de España y una imagen universal contra la guerra. Pero detrás de esa imagen hay una historia mucho más terrenal: la de unos funcionarios que tuvieron que improvisar, unos restauradores que trabajaron durante horas, unos políticos que querían asegurarse su lugar en la fotografía y un cuadro que acabó viajando a España en la bodega de un avión de línea.
45 años después de su llegada a Madrid, 'El viaje del Guernica' recupera precisamente esa historia menos conocida. La historia de un símbolo nacional contado desde sus protagonistas y desde las pequeñas peripecias de una operación que, como intuía Berlanga, bien podría haber sido una película.