El proyecto Hipatia busca estudiar cómo sería vivir y trabajar en un entorno aislado y con recursos limitados. La tripulación estará formada por mujeres de diferentes edades y perfiles, desde ingenieras y matemáticas hasta artistas. “Lo que nosotros hacemos es simular las condiciones de Marte, pero aquí en la Tierra”, explica Blay, que destaca que el objetivo es aprender unas de otras y generar conocimiento para futuras misiones espaciales.
La próxima misión supondrá además un salto respecto a las dos anteriores, desarrolladas en el desierto de Utah. La nueva localización estará en una isla del Ártico canadiense donde el hospital más cercano se encuentra a más de cuatro horas de avión, lo que permitirá reproducir con mayor realismo la sensación de aislamiento y las condiciones extremas que podrían encontrarse en Marte. En palabras de Blay, allí se reunirán “siete mujeres de diferentes ámbitos, haciendo ciencia y creando conocimiento para futuras misiones a Marte”.
La preparación para una misión de estas características obliga a anticipar cualquier problema, especialmente en un lugar donde los recursos son limitados. Una situación que convierte la capacidad de adaptación y la planificación en elementos fundamentales para garantizar la seguridad de la tripulación y el éxito del experimento.
“Si se nos termina el agua, no hay agua. Si se nos termina la comida deshidratada, no va a llegar más”
Para Blay, además, la exploración espacial tiene una dimensión que va mucho más allá de llegar a otros planetas: también puede servir para inspirar a las nuevas generaciones. Su pasión por el espacio comenzó de niña, cuando observaba las estrellas junto a su padre, y hoy uno de sus objetivos es que otras niñas puedan imaginarse trabajando en este ámbito. “Mi sueño también está en que otras niñas, otras chicas, puedan tomar ese camino”, asegura la ingeniera, convencida de que soñar con el espacio también puede convertirse en una forma de construir el futuro.