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El sueño del Alsina: "Florentino se había tatuado una frase: ‘Todos somos Pirri'"

El director del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde aparece el presidente del Real Madrid en su visita a la ciudad autónoma.

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Carlos Alsina

Madrid |

Esta noche soñé……que despertaba.

Y me estaba mirando Florentino, en camiseta. ‘¿Pero qué es esto?’, exclamé. ‘Esto es mi torso’, dijo él remangándosela, ‘atiende, Alsina, atiende, mira qué pecho’. La situación, te lo confieso, empezaba a resultarme incómoda incluso para un sueño. ‘¿Quieres leer lo que pone?’ Encendí la linterna del móvil e iluminé su cuerpo, dios me perdone. Florentino se había tatuado una frase: ‘Todos somos Pirri’, digo, ‘Todos somos Ceuta’.

Comprendí, entonces, que era un homenaje a los ceutíes residentes con nacionalidad o sin ella. ‘Un gesto de desagravio’, me dijo, ‘por lo de los chicos’. ‘Muy bien’, le dije yo, un poco por quitármelo de encima porque me estaba arrugando la colcha.

Y entonces le salió el Florentino que llevaba dentro, apretó los puños y proclamó: ‘A mí pongo por testigo de que no dejaré que Riquelme nos robe Ceuta’. Le expliqué, apurado, que Riquelme no ama Ceuta sino Panamá, por sus bajos impuestos, y que en Ceuta lo que hay son miles de personas acampadas y sin trabajo. Llegó a la ciudad conmovido y anunció allí que ofrecía el Bernabéu para alojar temporalmente a todos los sin papeles. Fue un momento verdaderamente hermoso.

Más aún cuando añadió que empapelaría el palco vip con dibujos de colores y lo llenaría de camas para los niños. ‘Menas’, se revolvió Abascal, ‘diga usted menas’. Se puso tensa la cosa e intercedió Feijoo: ‘Diga menas, presidente, a saber cuántos años tienen estos bigardos’.

El ofrecimiento del Real Madrid provocó, como se temía, un efecto llamada y Cerezo ofreció el Wanda. Almeida mandó habilitar el patio del Palacio de Correos, que como él dijo, techo por lo menos tiene. Y Ayuso ofreció el Zendal, el parque público de áticos de la comunidad de Madrid y los boxes de la Fórmula 1. Echaron números y al final sobraba sitio para acoger migrantes.

Se molestó Juanma Moreno. Porque él había dicho que atender a los niños era cosa del gobierno. Y que si Sánchez quería que ellos también se ocuparan pues que les obligara a hacerlo, hombre. Moreno, tras su experiencia en la campaña electoral, compaginaba su labor de gobernante con la de cantante y acababa de estrenar una canción ligera cuyo estribillo era, precisamente: ‘Oblíganos, Pedro, oblíganos’.

El vídeo clip se había grabado en una interparlamentaria del PP y salían los barones, baronesas, Cuca, haciendo el play back a coro. ‘Oblíganos, Pedro, oblíganos’. La orquestación era buena, pero a la letra le faltaba fuerza. Contaba la historia de un niño, Jesusito, que en una excursión de la escuela se cae por un barranco y al que sus compañeros dejan allí tirado sin ofrecerle la menor ayuda. La madre de uno de los chicos se entera y se lo reprocha a su hijo; le dice: ‘pero cómo no le habéis lanzado una cuerda’. Y el crío responde: ‘¡La culpa es del maestro, madre, que no nos ha obligado!’. ‘Oblíganos, Pedro, oblíganos’.

La canción iba a estrenarse en Canal Sur pero se paró todo cuando Ayuso empezó a llenar de migrantes su parque público de áticos. Días después se supo que Sánchez había barajado obligar a los feudos a acoger gente, pero sintió la llamada del ocio y en lugar de eso lo que hizo fue irse otra vez de vacaciones. Aquel otoño el presidente libró más días que yo cuando hacía La Brújula. Lo que pasa es que yo era por el fútbol y él, por desidia.

El Parlamento Europeo había relevado de sus funciones al Parlamento Español y todas las cuestiones nacionales se ventilaban ahora allí. La primera había sido la de Ceuta. ‘Invasión sí, invasión no’, era el título del debate. No porque quisieran invadirla los eurodiputados que estaban a sueldo de Marruecos ---que los había, ya lo creo--- sino para establecer si los miles de inmigrantes merecían tener título de serie de televisión: ‘Los invasores’.ç

Antes de empezar el debate, Úrsula desplegó en el Parlamento un mapa gigante con un enorme círculo rojo para que quienes no sabían nada de Ceuta pudieran, al menos, situarla en el mapa. Se lo agradecieron, sobre todo, los eurodiputados españoles, que ese día, mira, aprendieron algo. Úrsula había tomado la iniciativa porque esa mañana se había producido un escándalo. Una diputada rumana le pidió a un español que le señalara Ceuta en el mapa y él no supo.

‘Por ahí abajo’, dijo al tuntún, ‘por donde el desierto’. Lo grabó una cámara de la Sexta. Él alegó que se había hecho eurodiputado para educarse, precisamente, y que tampoco es tan raro, siendo español, no saber dónde cae exactamente el desierto de Tabernas. Ahí ya se armó la de San Quintín porque la diputación de Almería presentó una queja temiendo que, fruto de la confusión, la provincia fuera invadida por el pueblo saharaui.

Al final quien la invadió fue Christofer Nolan para rodar ‘La odisea 2’ y ‘La odisea 3’. El éxito de ‘La odisea 1’ había iniciado una de las sagas cinematográficas más fecundas del siglo, a la altura de ‘Star Wars’ y de ‘Padre no hay más que uno’. Y sin asomo ya de Homero.