Monólogo de Rafa Latorre: "Lo de Ceuta es una crisis de estado que se ha topado con un desgobierno absoluto"
Rafa Latorre estrena la nueva temporada de Más de uno en Ceuta y explica a los oyentes cuál es la situación actual en la ciudad autónoma cuando se cumple un mes de crisis migratoria.
Especial Más de uno con Rafa Latorre desde Ceuta: la última hora sobre la crisis migratoria
Madrid |
Nos estamos ahorrando las cortesías en el día de hoy sabrán perdonarnos. Si este fuera un estreno normal, yo me presentaría, les haría una declaración de intenciones y acudiría a algunos lugares comunes. Hemos decidido prescindir de estas cortesías porque consideramos que la mejor presentación es hacer nuestro trabajo y hoy nuestro trabajo nos ha traído a Ceuta, porque nuestro trabajo es contar noticias y aquí está la noticia.
Este no es un estreno normal y de hecho la normalidad es la palabra cuyo significado está más alejado de lo que aquí en Ceuta está ocurriendo. Aquí ya ha amanecido y estamos en la Plaza de África. Estamos aquí, al lado de la Catedral, al lado de Nuestra Señora de África. Hay calima y una neblina que dificulta la vista, pero parece que va a ser un día bonito en Ceuta, al menos en lo meteorológico. Va a ser un día luminoso. Pero lo que está ocurriendo en Ceuta no es nada bonito y de hecho los vecinos están indignados y la indignación es creciente.
Desde las 06:00 hemos recorrido con usted esta ciudad desde la playa del Trampolín, atravesando la Loma Colmenar, y ahora estamos en la Plaza de África, en el centro de Ceuta. Después de hacer este recorrido, uno no sabe qué es lo que le hace sentir más vértigo que haya pasado un mes desde que se desató esta crisis o que dentro de nueve días comience el curso escolar.
Ceuta es una ciudad rota, esta no es la atmósfera de una ciudad en paz
Ceuta es una ciudad rota, esta no es la atmósfera de una ciudad en paz. Es una ciudad en la que el sábado por la noche era muy difícil encontrar a una mujer en la calle. Hay grupos de hombres por toda la ciudad. Las playas son hoy poblados chabolistas. La Loma Colmenar es como una galería al aire libre de la miseria. Hay gente durmiendo entre los matorrales, debajo de los coches, defecando donde pueden. El abandono es atroz y es normal que cada ceutí con el que hemos hablado sienta que la distancia afectiva con la península se ha ensanchado tanto que es impropio que el accidente que las separa de la península se siga llamando Estrecho.
Se sienten muy solos. Hay militares a las puertas de los supermercados y ya ha aparecido la violencia aún de forma muy episódica, contra los inmigrantes, contra los que reparten comida y contra los militares y contra las fuerzas de seguridad. Hay militares heridos en emboscadas que han sido planeadas. Pero un mes en estas condiciones es un experimento social tan peligroso que da la sensación de que los ceutíes se duermen cada noche sobre un barril de pólvora.
¿Cómo le llamamos a lo que está ocurriendo? Por supuesto que es una tragedia humana. Han muerto 140 personas y miles que ahora mismo carecen de lo más básico. ¿Por qué no se van? Porque es mejor ser pobre en España que en Marruecos o en Sudán, aunque sea pobre de solemnidad, aunque tenga que defecar en la calle.
Hay hombres fornidos, pero también hay menores. Hay mujeres y niñas. Es una tragedia humana, pero además es una crisis de salud pública y basta ver el hacinamiento en las playas. Es una crisis de seguridad, es un desafío geopolítico y es una catástrofe política. Es una crisis de Estado porque se ha topado con un desgobierno absoluto, un abandono sangrante.
Lo primero que hizo Pedro Sánchez fue decir que estábamos ante un ataque a la integridad territorial de España. Fíjense qué denuncia, no mencionaba al agresor. Luego se fue de vacaciones y tardó 25 días en reunir al Consejo de Seguridad Nacional, un mes para solicitar la ayuda al Frontex para el traje de los inmigrantes y aún hoy no sabe cuántos son los asaltantes de la frontera.
¿Permanecen en Ceuta? No lo saben. Dicen 5.000 desde Interior, pero por decir un número. El gobierno de la Ciudad Autónoma dice que son 9.000. En cualquier caso, un número inasumible para una ciudad de 80.000 habitantes y 18 kilómetros cuadrados de superficie.
El Gobierno tampoco sabe señalar o no se atreve a señalar cuál ha sido el papel de Marruecos. Si le preguntas a la ministra de Defensa, este es un acto de guerra híbrida de Marruecos, de nuestro vecino contra España, que ha utilizado a carne de cañón con su habitual crueldad. Pero si le preguntas a Bolaños Álvarez y a Marlaska, Marruecos es un socio leal y lo que aquí ocurre es un mero fenómeno migratorio.
Hoy comparecerán otros dos ministros, una del PSOE y otra Izquierda Unida y verán ustedes más contradicciones, porque en este gobierno conviven quienes creen que hay que suspender la organización conjunta del Mundial con quien dice que se está ofendiendo a Marruecos y se insinúa su complicidad con el asalto. Conviven quienes prometen un endurecimiento inmediato de las leyes de extranjería y quienes consideran que no hay que devolver a ninguno porque todos están huyendo de la miseria.
Si no saben medir el desafío ni cuál es la naturaleza del desafío, es que no saben nada y si no pueden decirlo es que es un gobierno perfectamente inerme e inservible, con lo cual da igual si es o no una tentativa para medir la respuesta española a un ataque a su soberanía, porque como tal ha funcionado. Desde luego, ha servido para medirla. Esta es la respuesta. Un mes después, Ceuta es un lugar donde se puede vivir muy bien. Es un lugar acogedor, con playas bonitas, con una arquitectura muy notable, con un equilibrio muy difícil pero virtuoso entre sus ciudadanos.
Este año no ha habido feria. Este año no ha habido agosto. Hay niños que permanecen recluidos en sus casas como si estuvieran confinados. Es una ciudad a la que le han robado algo más que un verano, porque Ceuta es una biosfera muy delicada, donde conviven y conviven realmente cristianos, ateos, musulmanes, hebreos, hindúes y con una identidad española. Las dos identidades de Ceuta la españolidad y la convivencia.
Hace falta estar aquejado una profunda ceguera ideológica para no ver lo que aquí se está jugando, hace falta estar fuera de la realidad para posponer toda medida hasta después de las vacaciones.