Latorre, sobre los decretos y las intenciones de Sánchez: "Creen que es un buen momento para convertir las elecciones en un plebiscito sobre la vivienda"
El director informativo de Más de uno expone en su monólogo la votación que el Congreso de los Diputados afronta en torno a los decretos sobre vivienda, y el posible uso que el presidente del Gobierno puede darle a la ebullición social en unos hipotéticos comicios.
Madrid |
Hace media hora que entraba en vigor el segundo de los dos decretos que hoy tumbará el Congreso de los diputados. Una vida corta e incandescente como la de una cerilla. Sumar, Podemos… quieren que sea la que prenda la calle. Lo que es más que probable que estas pocas horas de vigencia vayan a provocar un nuevo aluvión de litigios que redunde en la inseguridad jurídica de España, porque este decreto que de facto liquida la idea de contrato, porque es una prórroga indefinida y nadie daba por viable cuando lo aprobó el Consejo, se aplica a los contratos vigentes frente a vencimientos futuros.
O sea, que a esta hora, en Canarias, no se puede ejecutar ningún contrato de alquiler sin pagar una penalización de 12 mensualidades al arrendador. Y librarse de ella es muy difícil, porque no basta con aducir que uno necesita la vivienda.
Bien.
Hoy Pedro Sánchez va a sufrir su enésima derrota parlamentaria y quizás una de las más dolorosas. Porque sus dos decretos de la vivienda, con los que después de 8 años de desidia venía a solucionar con una semana de demagogia uno de los grandes problemas de los españoles, va a decaer en el Congreso.
Será Junts quien le dé la puntilla dejando como justificación una frase poco poética pero muy sonora: "Así, no. Son una chapuza".
"Así, no. Son una chapuza". Así con esas cinco palabras, los de Puigdemont pasarán de ser parte de la mayoría de progreso a parte de las fuerzas reaccionarias del Congreso.
En realidad este es un recordatorio de que Pedro Sánchez no ha tenido en esta legislatura una mayoría parlamentaria. Compró una mayoría para la investidura con el gravoso precio de la amnistía, compró unos votos parlamentarios a cambio de impunidad y desde entonces se dedicó a la ocupación física del poder, como una minoría de bloqueo instalada en la Moncloa y con un programa bien escueto: evitar la alternancia.
El fracaso de los decretos se fraguó durante todo el día de ayer y se confirmo anoche mediante un comunicado de Junts enviado a los medios a las 10 y media de la noche.
Es un texto de cinco puntos y una conclusión: "En resumen, una norma que pretendía proteger el acceso a la vivienda terminará haciendo más difícil encontrar un piso, más difícil pagarlo y más difícil acceder para las familias de clase media y trabajadora".
Y ahora piensen en el papelón del PNV. Porque si al menos el decreto se hubiera aprobado sería la suya una posicion triunfal: incongruente, contraria a su programa, lesiva para su base social… pero triunfal. Ahora tienen la traición y la derrota.
Es que los del PNV anunciaban ayer su sí a los decretos mediante la fórmula turulata del "apoyo crítico". O sea venía a decir todo lo que dice Junts, pero para al final votar que sí.
Maribel Vaquero es la portavoz del PNV, que es un partido que se ha especializado en decir nada. ¿Cómo un molusco? Más bien, como un crustáceo. Es como un percebe. Agarrado a la roca. Como no tiene extremidades se alimenta por filtración. Entonces creen que si saben colocarse bien según baten las olas y las corrientes, pueden permanecer ahí agarrados a la roca, que es el poder institucional en el País Vasco alimentando de plancton.
Esto es lo que parece. Pero la realidad biológica es otra. El PNV es como ese conejo que cruza la carretera en mitad de la noche y se queda parado mirando los faros del camión que va arrollarlo. El camión es Bildu, claro. Porque lo que ha hecho el PNV es asumir —sí sí sí muy críticamente, supercríticamente, hipercríticamente, megasupercríticamente, turboultramegahipercríticamente— TODO el programa socialista, todas las medidas de izquierdas, que enajenan a su base social y pronto recibirán los frutos. Bildu, me refiero. Porque ahora quien recoge las nueces es Bildu.
¿Qué significa apoyo crítico ante un decreto? Nada. Un decreto es un monolito legislativo. No puedes enmendarlo o lo aceptas o lo rechazas, es la pura política binaria, sí o no. ¿Cómo que apoyo crítico? Lo del PNV es fascinante. La muleta dialéctica, el bastón epistemológico, el andador hermenéutico… el apoyo crítico.
Ahora Pedro Sánchez tratará de canalizar la frustración hacia los grupos que voten No. Ya ha empezado la tarea con un poco de agitación tuitera. Decía anoche, tras conocerse el no de Junts: "Este Gobierno no va a dar un paso atrás en su lucha por el derecho a la vivienda.
Los decretos que hemos presentado sirven para frenar la especulación, facilitar el acceso a la primera vivienda, fomentar los alquileres asequibles y frenar los desahucios, como hemos visto hoy con el caso de Macarena en Barcelona.
Ha llegado la hora de la verdad. PP, Vox y Junts deben elegir: o están con la mayoría social o con los especuladores. Mañana, su voto les retratará ante generaciones enteras".
Hay quien lee aquí una preparación de un adelanto electoral. Creen que es un buen momento para convertir las elecciones en un plebiscito sobre la vivienda.
Se entiende. Claro que se entiende. No es un disparate. Aunque solo sea porque esta votación es en sí misma la cuestión de confianza que Pedro Sánchez no se atreve a convocar. En una democracia convencional esto llevaría a la disolución de las Cortes, pero hace tiempo que esto ha dejado de ser convencional.
Lo más urgente es cooptar las movilizaciones y pastorear a los que protestan para que vayan de Sol al Congreso. Es decir, pasar de la fase 15M a la fase Rodea el Congreso, y que la ira se dirija contra los grupos parlamentarios.
Veremos. Lo que es una fantasía verdaderamente… no sé cómo calificarla… ¿kink? es lo de la huelga general. Es que hay activistas progubernamentales que están fantaseando con una huelga general. Que sería la primera huelga general convocada contra la oposición. Vamos a para el país, para protestar contra la oposición.
Bueno, sea cual sea la fórmula, aquí lo fundamental es que la calle termine convencida de quién es el culpable de su frustración y que de las entrañas de la nación surja un clamor que diga: Hay que ver lo mal que gobierna la oposición.