OPINIÓN

La reflexión de Alsina sobre la regularización de migrantes: "En realidad, todas estas personas ya viven, ya conviven, y ya trabajan aquí"

Alsina ha analizado el acuerdo de Pedro Sánchez con Podemos para la regularización de medio millón de migrantes.

Sánchez acuerda con Podemos la regularización de medio millón de migrantes

Carlos Alsina

Madrid |

Karen Butler fue al dentista porque había perdido un diente y requería de un implante. La intervención fue sencilla: sedación, taladrito en el hueso, perno y pieza nueva. Al despertarse notó que su voz sonaba distinta, pero lo atribuyó a la inflamación. Unos días después, la inflamación había desaparecido pero su nueva voz, no. El acento. Lo raro era el acento. Karen, nacida en Illinois, residente en Oregón (sólo una vez salió de su país para veranear en México) hablaba con acento extranjero. No podría decir de dónde exactamente: una mezcla de inglés británico y algo de dialecto transilvano, le dijeron. Los médicos estaban perplejos. A base de pruebas acabaron diagnosticándole un trastorno muy inusual llamado 'síndrome del acento extranjero', que consiste en que el paciente, debido a causas inciertas, modifica su forma de articular sonidos y da la impresión de que habla con acento de fuera aunque siga siendo el mismo ciudadano de dentro.

La historia la cuenta el neurólogo Marc Dingman en su libro 'Rarezas'. Casos peculiares del comportamiento del cerebro. Donde cuenta este otro caso que igual hoy viene a cuento. Un grupo de pacientes que estaba siendo tratado de la próstata. A la mitad de ellos se le dijo de que el fármaco que tomaba podía provocarle disfunción sexual. A la otra mitad no se le dijo nada. Ocurrió que, entre aquellos que estaban avisados, los casos de disfunción fueron el triple que entre los que estaban a por uvas. Se llama efecto nocebo y es el gemelo malvado del efecto placebo. Una expectativa negativa puede convencer a tu cerebro de que el efecto nocivo se está produciendo.

El síndrome del acento extranjero y el efecto nocebo.

Han pasado casi dos años desde que el Congreso de los Diputados abrazó, con mayoría abrumadora de la que sólo se auto excluyó Vox, la iniciativa de seiscientos mil españoles y cientos de asociaciones para que se ofreciera una salida a las casi quinientas mil personas que, nacidas fuera de España y sin los papeles en regla para permanecer aquí, permanecen de hecho (muchas desde hace años) y ansían poder arreglar su situación para seguir viviendo y trabajando en España, como de hecho ya hacen.

No son personas que vayan a venir irregularmente, son personas que ya están aquí

La iniciativa fue abrazada por todos los grupos menos Vox y se escucharon aquel día discursos muy convincentes que admitían que el Congreso tenía que dar respuesta, reformando la ley, a esta situación. No son personas que vayan a venir irregularmente, son personas que ya están aquí. Lo subrayó Borja Sémper, del PP.

Porque el PP dijo adelante con la tramitación y hagamos entre todos una buena ley. Lo mismo dijo el PSOE, que llegó a esta votación arrastrando los pies y urgido por las seiscientas mil firmas y por los grupos de la izquierda.

Celebraron las asociaciones de inmigrantes la votación de aquel día. Pero luego llegó la realidad. Y la realidad fue que, a golpe de propuestas, textos, negociaciones que no llegaban a ningún sitio y una manifiesta desidia del gobierno y el principal partido de la oposición la iniciativa se fue dejando morir. Hubo intentos de retomar el proyecto de alumbrar una reforma legal que pudiera tener el respaldo de todos los grupos, menos Vox, pero no prosperaron.

Se dijo que si Junts y Podemos eran incompatibles, que si el PNV no quería mucha manga ancha, que si el PP recelaba de que la regularización fuera masiva, que si con las nuevas condiciones de arraigo y el nuevo reglamento ya valía, que si regularizar era gasolina para Vox, en fin, los clásicos de una tramitación parlamentaria encallada.

El Gobierno cedió a Podemos el anuncio

La sorpresa llegó ayer. Cuando el gobierno cedió a Podemos -que no a Sumar- el anuncio de que hoy el Consejo de Ministros aprueba por su cuenta y riesgo la regulación extraordinaria por la vía del decreto y sin pasar por el Parlamento.

Porque para un decreto como éste no se requiere de convalidación. El Gobierno tiene potestad para hacer y deshacer en esto. Tampoco se requiere, claro, de pactar previamente ni con Podemos ni con nadie, lo que hace poco meritorio intuir que se cede a Belarra colgarse la medalla a cambio de que su partido sea menos oposición y más bloque de investidura, vuelve al redil, Podemos, vuelve. Como el Gobierno podía haber probado esto mismo en cualquier momento de los últimos dos años, lo tiene en bandeja el PP para decir, como ya ha dicho, que si es maniobra de distracción y cortina de humo para ocultar los trenes de cercanías y a Oscar Puente. Eso también está en el guion.

Pero hay casi medio millón de personas que viven y trabajan aquí que hoy dejarán todo eso en segundo plano porque para ellas la puerta que se abre supone un cambio sustancial. No de condiciones económicas porque seguirán sin tener la vida resuelta, pero sí de condiciones legales. La diferencia entre la tranquilidad de tener tus papeles en regla y la intranquilidad de temer que cualquier día te puedan deportar. Hoy el Gobierno concretará el procedimiento y los requisitos. No tener antecedentes penales es uno de ellos.

Surgirán pronto los profetas -ya afinan sus voces- que adviertan de que, al dar papeles a tantísimas personas a la vez España se levantará un día hablando con acento extranjero. El síndrome del acento extranjero. Y habrá quien crea percibir, esta misma tarde, recién aprobado el decreto, terribles efectos nocivos de la medida, como avalanchas de sin papeles en las fronteras decididos a invadirnos para apropiarse de lo nuestro -como si en lugar de ecuatorianos, o marroquíes, o sudaneses, fueran Trump queriéndose quedar con Groenlandia-, nuestras costumbres en peligro, a ver ahora qué hacemos. El efecto nocebo.

En realidad, todas estas personas ya viven, ya conviven, y ya trabajan aquí; la mayoría de ellas ya hablaba español antes de venir, otras muchas lo han aprendido o lo chapurrean. Conviven con quienes sí tenemos papeles y sabemos de sobra de su existencia, de su presencia y de que no han encontrado la manera de corregir la situación irregular en la que se encuentran. Es decir, de poner su vida en orden. A diferencia de quienes por tener padres españoles y habernos quedado aquí, hemos tenido siempre una vida, en comparación con la suya, bastante ordenada. Esforzada, sin que nadie nos regalara nada, trabajando como el que más, pero con los papeles en regla desde que nacimos, que no es poco.

Si hay raíles de los antiguos es que la renovación no ha sido completa

Quién lo habría dicho, estas cosas pasan. El responsable de la comisión que investiga el accidente de Adamuz, convertido en testigo de cargo contra el ministro. La comisión está adscrita al ministerio, como contamos hace ocho días, pero goza de independencia. Bien es verdad que fue saludada el lunes pasado, por una legión de comentaristas, como una suerte de grupo de jubilados a las órdenes del ministerio que le harían el caldo gordo a la versión gubernamental fuera ésta la que fuera. Quién habría dicho que, ocho días después, nadie pone en duda el buen criterio de la comisión y la valoración que ayer hizo su presidente en entrevista con el Colegio de Ingenieros de Caminos.

La soldadura no aguanta, la cabeza del rail se suelta, los vagones siguen pasando (acusando ya un desnivel) y, finalmente se rompe un trozo y tumba el resto del rail. No significa que esté probado que fue el hecho de que un rail fuera antiguo y el siguiente nuevo lo que hizo fallar la soldadura. Porque hay otros railes antiguos soldados a nuevos donde no se rompió nada. De ahí que siga adelante, a buen ritmo, parece la investigación.

Esta entrevista del ingeniero Barrón le ha generado un serio problema al ministro Puente. ¿Por qué? No por haber ocultado nada, sino por esta frase temprana que -ya lo subrayamos ayer- se le vuelve ahora en su contra.

La vía completamente renovada. Esto lo dijo el ministro el lunes, diecinueve de enero. El viernes, veintitrés, fue su subordinado, el presidente de Adif, quien informó de que el punto de la vía objeto de sospecha era la unión de un rail de los antiguos con un rail de los nuevos.

Si hay raíles de los antiguos es que la renovación no ha sido completa. Óscar Puente alegó ayer que la expresión renovación completa es una expresión técnica que no significa que se sustituyan todos los materiales antiguos.

Luego imputó ignorancia a Miguel Tellado por no saber lo que es una renovación integral: "que se informe antes de sacar a pasear su ignorancia", dijo. Con tan mala fortuna que a esa hora estaba grabando una entrevista el presidente de la comisión de investigación del accidente, que es un ingeniero con cuarenta años de experiencia en Adif, precisamente. Ignacio Barrón.

No es un ignorante quien lo dice. Es el ingeniero que tiene encomendada la investigación. Y que ha dicho algo más en esa entrevista, seamos justos y contémoslo todo. Ha dicho que Puente le dijo: "eres completamente libre de hacer y decir lo que creas conveniente, tú y tu equipo sois completamente independientes". Lo digo porque aquellos analistas que sostenían que el gobierno estaba aplicando la estrategia del apagón estarán perplejos al ver un primer informe oficial sólo cinco días después de los hechos y al investigador jefe, adscrito al ministerio, dejando mal al señor ministro y abriendo la puerta a la posible responsabilidad de la administración por el fallo de la vía. Y sin que nunca se haya puesto bajo sospecha a ninguna empresa privada, a diferencia, una vez más, de lo que pasó cuando el apagón.

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