OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Montoro como flotador"

Carlos Alsina hace un repaso en su monólogo sobre todo lo que ha ocurrido en la política nacional durante esta temporada.

Carlos Alsina

Madrid |

Llegamos a puerto. Fin de trayecto. Fin de temporada radiofónica.La radio no para, nunca para (como se comprobó este año, con aquel apagón por el que nadie, al final, asumió responsabilidades), pero los que hacemos los programas sí paramos de vez en cuando. El lunes, a esta hora, será Miguel Ondarreta quien les cuente cómo amanece España, al frente del equipo de este programa que hace guardia lo que queda de julio y durante el mes de agosto. No se apuren, que si sale, qué te digo yo, un nuevo informe de la UCO tendrán aquí cumplida cuenta de lo que diga. Y sobre quién lo diga. Aún no están de vacaciones ni los investigadores de la Guardia Civil ni los magistrados del Tribunal Supremo, ya quisiera el gobierno que estuvieran librando todos.

Final de curso radiofónico

Llegamos al final de curso y es tradición que echemos, a esta hora, la vista atrás para recordar de qué estábamos hablando cuando el curso empezó, allá por el primero de septiembre.

Sorpréndanse: el Gobierno acababa de proclamar su determinación a presentar en las Cortes, en el plazo legal, el proyecto de Presupuestos del Estado (qué maravilla). Porque era su obligación, claro que sí, y porque España necesitaba unas cuentas actualizadas para encarar la nueva etapa de reglas fiscales europeas de nuevo en vigor y fondos europeos vinculados a la pandemia ya en retirada.

hubo mucha intoxicación gubernativa para convencer al personal que la obligación del gobierno sólo es presentar los Presupuestos si tiene la seguridad de que los gana

Por supuesto que iban a tener las Cortes un proyecto sobre el que debatir. Luego ya empezaron los cambios de opinión -primero las excusas, luego las coartadas- y al final ni hubo Presupuestos ni hubo nada. Bueno, sí, hubo mucha intoxicación gubernativa para convencer al personal que la obligación del gobierno sólo es presentar los Presupuestos si tiene la seguridad de que los gana. Como dijo la ministra portavoz en una de sus intervenciones más notables de esta temporada, lo último que quiere el gobierno es hacer perder el tiempo a los diputados, alabado sea.

Empezamos la temporada, sorpréndanse de nuevo, con la vicepresidenta Montero haciendo piruetas para justificar que la financiación especial para Cataluña diseñada por Esquerra y que a ella siempre la había parecido un concierto como una casa e inconstitucional desde cualquier punto de vista, de pronto le sonaba a música celestial porque había servido para investir president a su colega Salvador Illa. Aquel primer argumentario del PSOE sobre la financiación singular que consistió en mencionar a Soria (y a Cuenca) como precedentes de financiaciones exclusivas.

Madre, qué papelón.

Puigdemont sigue fugado

Estaba el presidente Illa de estreno, gran triunfador de las elecciones autonómicas e investido por el Parlamento a primeros de agosto, el mismo día que Puigdemont se apareció ante su amado público en Barcelona para soltar cuatro tópicos, esconderse en un coche y volver a darse a la fuga. Fugado sigue, once meses después. Fugado y pidiéndole, por amor de dios a Pumpido, que neutralice de una vez al Supremo, lo amnistíe del todo y anule la orden de detención para poder regresar, ahora ya del todo.

La ley de amnistía, uno de los hitos de la temporada

La sentencia del Constitucional que da por válida la ley de amnistía es uno de los hitos de esta temporada que termina, a falta del epílogo que le ponga a esta historia el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en la vista que ya está en marcha o en la que podría iniciar si el Supremo elevara a ese tribunal su propia consulta.

¿Y de qué más hablábamos en aquel arranque de septiembre? Pues de la purga que iba a hacer Sánchez en su partido, descabezando federaciones regionales desafectas y sentando en el sillón a sus propias criaturas, o sea, ministros y ministros. La gran cita socialista iba a ser el congreso de noviembre en Sevilla. Y, en efecto, lo fue. Con elogios desmedidos a su capataz, el íntegro, honrado, ejemplar Santos Cerdán, y con un canto igual de desmedido al victimismo. El pobre Cerdán acusado injustamente por Aldama de llevárselo calentito. El hombre de confianza del presidente en el que éste creía ciegamente porque llevaba, según él, una vida sencilla en Madrid, pisazo en Chamberí de carísimo alquiler incluido.

Ha sido la segunda temporada del serial de los 'koldos'

Ésta ha sido la temporada -segunda temporada ya- del serial de los koldos, con episodios tan sonados como la imputación del ex ministro Ábalos, su protegida Jésica, las grabaciones de Koldo, las acusaciones de Aldama, la errática (y torpe) estrategia de los ministros tertuliánicos empeñados en refutarle y ridiculizarle, como si fuera una mezcla de pequeño Nicolás y jefe de vertedero.

Ha sido la temporada del encarcelamento de Cerdán, de los informes de la UCO y de la recaída del presidente que recae y recae pero nunca cae. Recaída en su abatimiento al comprobar el mal ojo que tiene para escoger capataces en su partido y recaída en su táctica, ya manida, de asegurar que se planteó dimitir pero que no lo hizo porque él nunca elige el camino fácil. El sufrimiento redentor.

Montoro como última esperanza para el PSOE

Llegados a este dieciocho de julio, y sabiendo que está al caer otro informe de la UCO sobre cuya onda expansiva ya nadie quiere hacer pronósticos (visto lo visto), el gobierno, el PSOE y Sumar han encontrado en Cristóbal Montoro los manguitos que estaban anhelando para poder reflotar aunque sea unas horas. Un ex ministro del PP imputado es un caramelo para quien lleva semanas tratando de dar con algún asunto que le permita empatar el partido.

Es natural que el PSOE se abrace al cuerpo de Montoro como última esperanza para que los koldos no lo hundan del todo

El partido interminable de la corrupción que libran desde hace décadas el PSOE y el PP, con otras formaciones minoritarias que tampoco se libran: qué decir de Junts, qué decir del PNV, qué decir de Esquerra y de Bildu, lideradas por dos condenados en sentencia firme. Es natural que el PSOE se abrace al cuerpo de Montoro como última esperanza para que los koldos no lo hundan del todo, pero no parece que, por grave que llegue a ser -veremos-lo de Montoro y por sobradamente probados que estén los abusos de poder en tiempos de Rajoy, vaya a servirle al PSOE este caso para neutralizar los efectos del suyo. Básicamente porque el gobierno de Rajoy es pasado y el gobierno Sánchez (con sus ministros en estado de vigilia por si se les apareciera la UCO) es rabioso y debilitado presente.

Quien hoy gobierna es Sánchez y el caso de corrupción más reciente (presunta) es el de sus dos hombres de confianza. Montoro sirve de consuelo pasajero. Pero a la vuelta de agosto, si no antes, serán Cerdán y compañía los que vuelvan a sacudir el tablero.