Monólogo de Alsina

Monólogo de Alsina: "Sánchez se había hecho Latre y disfrutaba poniéndose y quitándose cera para caracterizarse"

Alsina sueña que sigue en el hormiguero, pero en uno de verdad, no en el programa de Pablo Motos, y se encuentra con personajes de todo tipo.

Carlos Alsina

Madrid |

ondacero.es

Esta noche soñé que despertaba.

Y seguía en el hormiguero. No en el programa de Motos, sino en un hormiguero de verdad. Me falta el aire, pensaba. Los túneles se me quedaban estrechos y no paraba de comer tierra. 'Muévete, zángano', me gritaba, autoritaria, una obrera bien poco solidaria que más que compañera de tajo, compañera, parecía de la patronal. Créeme si te digo que se daba un aire a Miriam Nogueras. A las hormigas les habían puesto manos para agarrarme y que no pudiera escapar del agujero. Entrenaban haciendo girar como locas sus muñecas.

Me pudo la claustrofobia y pedí al árbitro que pitara el intermedio. De tanto almacenar comida para el invierno me había puesto hasta las trancas de alimentos no perecederos. Dos hormigas son entretenimiento, pensé, pero veinte son marabunta. En la huida logré asomar la cabeza a la superficie con tan mala suerte que me la pisó un robot bailarín de música ligera. Resultó que no era uno sino trece, recién llegados de la China sin mediación (ni nada) de Zapatero. '¿Huawei?', le dije, porque es la única palabra que conozco en chino. Y el muy chino me pisó de nuevo.

Subido a un árbol me aleccionaba Pablo Motos: la IA, Alsina, la IA, que hoy avanza que es una barbaridad. Me pareció que se llevaba las manos a la cintura mientras lo cantaba. Los robots seguían bailando y el hormiguero no terminaba nunca. Me entró un mensaje de Sara Baras: 'A ver si vamos a perder nosotras el trabajo antes que vosotros', decía. 'Vosotros' éramos Rafa y yo. Nuestras voces clonadas servían para hacernos decir ya cualquier cosa a cualquier hora y en cualquier radio. Salía yo en Radio Venceremos, dando la hora con acento cubano. Y Rafa en Radio Pirenaica, cantando grabado el Bella Ciao que aunque sea Ciao no es pescao y era antifascista cuando Pisarello no era ni zigoto.

Sánchez se había hecho Latre y disfrutaba poniéndose y quitándose cera para caracterizarse

El sueño se transformaba en pesadilla porque la última galería del hormiguero conectaba directamente con la galería de Madame Tussaud, que es un museo de cera inacabable y con franquicias. En la zona de terror vi una figura clavadita a Sánchez que no era Sánchez porque era Latre. Como Latre era Sánchez, Sánchez se había hecho Latre y disfrutaba poniéndose y quitándose cera para caracterizarse. Juro que vi al presidente de verdad imitando a don Juan Carlos, a María Jesús Montero y a Isabel Díaz Ayuso, por este orden. ¡Mopongo, monpongo!, decía poniendo cara de senadora socialista mientras el público caía en modo despiporre. 'Haga a Page, haga a Page', le rogaban los visitantes. Y Sánchez se travestía de manchego y se hacía la procesión del corpus. Deseé que apareciera Raúl Cimas a hacerse cargo de la guasa.

Mientras tanto, Latre, como era Sánchez, llamaba a Mohamed a ver cómo iba todo. El rey, un poco displicente, le pasaba la llamada a su ministro de Exteriores. Que, para sorpresa de nadie, ¡seguía siendo Albares! Pensé que hay gente que se queda a vivir en los sueños porque la realidad les tiene superados. Y también que si Albares fuera al Hormiguero igual se animaba a bailar con los robots chinos en homenaje a Xi Jinping.

Soñé que Zapatero aún gobernaba y le daba una televisión en abierto a Canal Plus-Ultra.

Me volví a la cama y en la mesilla de noche estaba Jorge Freire, desvelado como siempre. Es filósofo, de qué otro modo iba a estar, sino en mesilla. 'Ten presente a Schopenhauer', me susurró Freire, 'los dos enemigos principales del hombre son el dolor y el aburrimiento'. Le pregunté: ¿Y los enemigos de la mujer? 'También son dos', respondió, 'el aburrimiento y el hombre'.

Hombres hay más de uno. Y programas de radio, también. Pero sólo uno se llama Más de uno, decía.