Monólogo de Alsina: "Hans Christian Ábalos"
Carlos Alsina analiza pormenorizadamente el cuento que el exsecretario de organización del PSOE ha elaborado para defenderse del último informe de la UCO que apunta a pagos en efectivo de miles de euros.
Le preguntó el discípulo al autor consagrado: 'Maestro, ¿cuál es el secreto para escribir un buen cuento?' Respondió el maestro: 'Ser buen cuentista'. '¿Y cómo hago para serlo?' 'Antes de comenzar tu historia, te presente cuál será el final. Nunca escribas sin saber a dónde vas. Si en el curso de la narración vas modificando el rumbo tu relato se derrumbará'.
Insistió el discípulo: '¿Quieres decir, maestro, que mi cuento ha de resultar creíble?' Se impacientó el autor consagrado: 'Creíble no, ha de resultar cierto. La mayor virtud del cuento es que no cante'. A partir de aquel día el discípulo, sumido en la confusión, renunció a inventar ninguna historia y se hizo notario. Y el maestro, satisfecho, celebró tener menos competencia.
La tradición oral del cuentacuentos procede de lo más antiguo de la antigüedad y permanece viva en nuestro tiempo. Autores tan celebrados como Charles Perrault, los hermanos Grimm o José Luis Ábalos han contribuido a la extraordinaria vigencia de este género. Cada uno en su medida, acorde con su talento, han hecho disfrutar a los lectores con fábulas extraordinarias como Pulgarcito, El Príncipe rana o El ministro con botas.
La tradición oral del cuentacuentos procede de lo más antiguo de la antigüedad con autores tan celebrados como Charles Perrault, los hermanos Grimm o José Luis Ábalos
Este último narra, como se sabe, la historia de un ministro desterrado del reino del Príncipe Handsome que viene a ser como el cuento del emperador desnudo pero al revés, porque a éste todo el mundo le dice: 'Hay que ver, ministro, vaya botas te has puesto, ladrón' (ladrón en sentido cariñoso).
Y él responde: '¿Quién yo, acaso no veis que voy descalzo?' (Tan corto ando de dinero que no tengo ni para folios de la fotocopiadora). El cuento, transmitido de padres a hijos desde hace dos años, incluye el popular poema atribuido erróneamente a Gloria Fuertes:
A la porra, a la porra
hazme un bizcocho
que se comió la chistorra
el pinocho pocho.
La crítica literaria coincide en que la mayor debilidad de la obra creativa de Hans Cristian Ábalos es la alteración, a medida que avanza el cuento, de elementos principales que, al comienzo, fueron contados de manera muyyyy distinta. Alteraciones sobrevenidas para salir del paso, en palabras de los expertos.
Como ejemplo más conocido mencionan el relato breve 'A la cama, que viene Aldama', en el que el narrador empieza informando de que apenas sabe nada de ese tal Aldama al que han detenido, quizá remotamente pueda ser un señor que era presidente del Zamora e iba de vez en cuando por el ministerio para admitir unas páginas después -a la fuerza ahorcan- que estuvo a punto de firmarle el alquiler de un piso en la Castellana, que le recibía en casa con naturalidad o que le acompañó a Barajas el día que tomó tierra Delcy.
En este otro cuentito titulado 'Delcy, aviadora', el narrador empieza contando que fue el capitán Marlaska, un personaje secundario, o gregario, quien le avisó de que Delcy venía y le pidió que se ocupara para acabar admitiendo que él fue el primero en saberlo y quien avisó al príncipe Handsome, perdón, a Pedro Sánchez. Y hay un tercer relato, el célebre 'De papá a papá' en el que el narrador se destapa, sin previo aviso, como autor del correo electrónico de una tal Jessica, sobrina suya.
Estas alteraciones frecuentes en la narración de Hans Cristian Ábalos explican que para una parte de sus lectores, fiscales anticorrupción y agentes de la UCO sobre todo, su obra cuentística adolezca de falta de verosimilitud. Es decir, que el cuento canta.
Leopoldo Puente Segura, que es un juez del Tribunal Supremo muy lector y muy aficionado a desentrañar misterios lo mismo sobre chistorras que sobre lechugas o folios, ha invitado a su juzgado el día quince al autor Ábalos y al hombre que le llevaba las cuentas, le conducía el coche, le presentaba a colegas, le citaba con chicas, le organizaba viajes, le pagaba hoteles o le comentaba licitaciones de obra pública, todo en uno -un hombre polivalente, digamos, que se maneja con soltura lo mismo en la planta noble de Ferraz que en un prostíbulo-, es decir, Koldo García Izaguirre.
El juez se ha leído el informe de la UCO que, según Ábalos, es una obra de ficción a base de distorsiones, imprecisiones y fábulas, y tiene interés, es natural, en conocer la docta opinión del exministro sobre distorsiones, imprecisiones y fabulaciones propias. O más en concreto, quiere preguntarle a Ábalos por los 95.000 euros cuya procedencia la UCO no ha podido establecer -va a ser que en los movimientos de sus cuentas bancarias no aparece- y por la extraña relación que mantenía con este Koldo, que se hacía cargo de pagar la pensión de los hijos, la nómina de la empleada doméstica, los regalos a las sobrinas, las cuotas de la hipoteca sin que conste que luego Ábalos le reembolsara un solo euro.
O este Koldo es el hombre más desprendido de España -el más tonto no parece que sea- o el dinero que manejaba Koldo (en efectivo) era también de Ábalos. En fin, desajustes en la trama de la novela por los que el juez, ávido lector, tiene interés justificado. Quién estuviera allí para ver cómo el juez lector le dice: '¿Podría explicarme el sentido de esta frase suya: Koldo traía chistorras de Navarra y tenía amigos guardias civiles?' ¿Se las pedía o se las traía? ¿Chistorras de comer o de las otras?
Ocurre que el autor Ábalos, se apareció ayer a los espectadores de la televisión pública -en uno de sus muchos programas privatizados- para predicar contra la UCO. Tiró Ábalos de un viejo comodín que usa desde hace año y medio: menospreciar las cantidades que se le imputan alegando que, habiendo dirigido el ministerio con más presupuesto de España, uno esperaría que la corrupción fuera otra cosa.
Ya, ¿y la de las pequeñas comisiones? ¿Cómo de grande ha de ser una comisión para que genere escándalo? Dejó sin responder el exministro la pregunta principal –la verdad es que tampoco se le planteó--: estos 95.000 boniatos, entonces, de dónde salieron, ¿qué procedencia tienen? Será poco o será mucho, pero ¿los reconoce como propios, y cómo los obtuvo? Con lo fácil que lo tuvo ayer para aclararlo y dejó pasar el balón sin que le fuera afeado.
¿Cómo de grande ha de ser una comisión para que genere escándalo?
Sí, respondió a una pregunta que nos hicimos ayer aquí: este procedimiento tan chusco que usaba el PSOE para abonar gastos de representación -los sobre con billetes por varios cientos o miles de euros-, ¿eran sólo cosa de Ábalos y Koldo o recibían sobres todos los cargos orgánicos?
El gerente mudo
Madre mía, qué dineral en billetes manejaba Ferraz, entonces, para pagarle gastos de representación a tanta gente. Otra pregunta: ¿todos pasaban cantidades similares a las de Koldo y él? ¿A los demás dirigentes, o empleados, también les recogía los sobres Koldo o solo al secretario de organización? ¿A todos se les permitía que apareciera por allí la esposa, o un familiar cualquiera, un cuñado, por ejemplo, para retirarlos? Según Ábalos, el procedimiento no lo diseñó él sino la gerencia. Ay, el gerente. El mudito de esta historia.
El gerente Mariano Moreno, de quien se dijo que avisó a sus superiores de que Jose se estaba pasando con los gastos y al que nunca se ha oído una palabra sobre este asunto. Mariano Moreno Pavón, hoy flamante presidente de empresa pública. Seguro que estará deseando comparecer en el Senado para aclarar de una vez si sospechó, o no, que el ministro-secretario estaba inflando sus gastos para engordar, así, sus ingresos de cuya escasez siempre se lamentaba. Y en caso de que sospechara, si dejó hacer, y dejó engordar, por ser Ábalos quien era -el ministro de confianza de dios- y por ser Koldo quien era -el vicedios, o sea, el viceÁbalos-.