Monólogo de Alsina: "Un gobierno con más pasado que futuro"
Carlos Alsina reflexiona en su propio monólogo acerca del caos ferroviario, las explicaciones de Sánchez y la actualidad que rodea a la apertura del Año Judicial.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán). A George R. R. Martin, el autor de 'Juego de Tronos', le preguntaron en una entrevista cuánto tiempo tardaría en terminar su saga. 'Canción de hielo y fuego' son siete novelas y va por la quinta, creo, le quedan dos para rematar la historia. '¿Cuánto tiempo más necesita?', le preguntaron. Y él dijo: 'Más'. '¿Pero cuánto más?', 'Pues más'. Siempre más. '¿Y no teme que sus lectores se enfaden?', le dijo el periodista, 'llevan años esperando a leer lo que falta'. 'Bueno, están en su derecho'.
Hay lectores, en efecto, de esta saga que no le perdonan a George R. R. que el tiempo pase, y pase, y pase, y lo prometido nunca llegue. Porque ven que los años pasan, que el autor --por qué no decirlo-- tiene ya setenta y seis años y temen quedarse con las ganas. A Martin le pasa lo que a tantas personas que han llegado a su edad, que tienen asumido -Pérez Reverte lo comentó la otra noche en El Hormiguero- que tienen más pasado que futuro. El hecho biológico. Aún no se ha descubierto, como sabe Putin, la forma de vivir eternamente.
Más pasado que futuro. Nos pasa a las personas cuando llegamos a una edad avanzada. Y les pasa a los gobiernos cuando llegan a una situación apurada. El tiempo. Cuánto tiempo. El presidente del Gobierno de España afirmó en su primera entrevista en catorce meses, este lunes pasado, que él necesita más tiempo para terminar de enderezarnos.
Necesita tiempo. ¿Cuánto tiempo, R.R.? Más. ¿Pero cuánto más? Pues más. Y más y más. "Necesito tiempo para solucionar el problema de la vivienda", dijo. Y cuando la entrevistadora la recordó que gobierna España desde el verano de 2018 -cuánto tiempo- alegó que son los gobiernos autonómicos, casi todos del PP, los que retrasan su trabajo porque no aplican las soluciones que él plantea. Dices, a ver, si hasta 2023 la mayoría de las CCAA las gobernaba usted. Si hasta el vuelco autonómico del 23 usted concentraba el poder ejecutivo y un amplísimo poder territorial que ya habrían querido para sí otros presidentes.
Necesita más tiempo. El apóstol más querido del presidente, ministro de Transportes, Óscar Puente, afirmó ayer en el Congreso de los Diputados que él también necesita tiempo. Tiempo para mejorar el servicio ferroviario ¿Cuánto tiempo, ministro? Pues más. ¿Pero cuánto más? Pues más y más. Y más. Porque dice el ministro que llevan años ya mejorando el servicio, pero claro, heredaron una situación tan terrible de Mariano Manostijeras Rajoy, que oye, hay que entender que siete años y pico de mejoras no han sido suficientes.
Al ministro se le hizo larga la presidencia mariana. Le pareció una década, pero fueron seis años y medio, menos de lo que ya llevan ellos. Óscar Puente, que es genuino para muchas cosas, es una fotocopia de cualquier gobernante con esto de la herencia recibida. Rajoy decía lo mismo: que seis años no eran suficientes para exigirle resultados porque había recibido un país en recesión y en riesgo de rescate, la herencia recibida de aquel extraordinario gestor de crisis que resultó ser Rodríguez Zapatero.
Dos años, sobre el papel, quedan de legislatura. Y tiene la gentileza el ministro de Transportes de irnos avisando de que serán dos años de incidencias en los trenes porque se nos van a juntar las averías de los trenes nuevos con las averías de los antiguos. Resignación preventiva.
Con lo cual en fin. Que el fin de la legislatura, y ya veremos si el fin del Gobierno de Sánchez, llegará antes de que los trenes dejen de causar estragos a sus usuarios. Datos, aportó un montón el señor Puente ayer, iba documentando. Hemos estado quince años, dijo, sin estrenar un tren de larga distancia.Diecisiete sin estrenar uno de Cercanías. El tiempo, cuánto tiempo. Quince años. O sea, que no ha habido un tren nuevo en todo el tiempo que ya ha gobernado su partido. Diecisiete sin uno de cercanías, la dejadez alcanza ya al presidente Zapatero. Si era un acto de autocrítica socialista, como tal habrá que aplaudirlo.
Fue encomiable el esfuerzo de Puente por convencer a los diputados, y a los usuarios, de que tenemos más trenes y más puntuales que los franceses, o los alemanes, solo nos ganan en longitud de líneas ferroviarias los chinos; fue encomiable el empeño su insistencia en que la sucesión de incidentes y averías no justifica el catastrofismo ni da para hablar de caos. Pero el ministro ya es consciente, a estas alturas, de que buena parte de la opinión pública ve en él al señor averías, el que entre tuit y tuit macarrónico tiene que dedicar el día a parchear un servicio que no levanta cabeza.
Tiempo, tiempo. ¿Pero cuánto tiempo, R. R.? Más, más. Siempre más tiempo. Un gobierno con más pasado que futuro les dice a sus gobernados que tengan paciencia.
Ya le digo yo que no. Que el común de los ciudadanos de este país no va a estar pendiente hoy del acto en el Tribunal Supremo. Ni se ha levantado angustiado, en solidaridad con el rey Felipe, temiendo por el estado de ánimo del monarca. Sostienen los vocales conservadores del Consejo del Poder Judicial que Álvaro García Ortiz debería resignarse a no asistir a la apertura del año judicial en atención al rey. "Hazlo por el rey, Álvaro", sostiene Feijóo que él no va para no avala, con su presencia, someter al rey a este choque institucional. ‘Lo hago por su Majestad’. Dices: ¿qué choque? Pues el choque entre el fiscal procesado y los jueces que habrán de juzgarle; bueno, choque, tampoco es que vayan a liarse ahí mismo a gorrazos (o a togazas). Sostiene Bolaños que esto de Feijóo es inaceptable. Pero no por el gobierno, no por el fiscal, ¡por el rey! Porque es una desconsideración al rey. ¡Hazlo por el rey, Feijóo! ¿El qué, borrarme? No, hombre, ir.
Todos son de gatillo rápido cuando se trata de invocar, interesadamente, el nombre del rey ¿A quién quieren engañar? Ni Feijóo, ausentándose, quiere hacerle un feo al rey -de sobra lo sabe Bolaños-, ni al rey tener que escuchar a un fiscal procesado le produce una incomodidad insalvable -de sobra lo sabe Feijóo y de sobra lo saben los vocales del Poder Judicial-. Dejen tranquilo al rey que si alguien, a estas alturas, está vacunado de situaciones incómodas y tensiones institucionales es él.
Claro que la situación de este fiscal general no es normal. Pero sigue siendo el fiscal general. Porque no ha querido dimitir, en efecto. Aquellos que dicen: ¡El fiscal general no debería estar procesado! Bueno, es una opinión, pero el hecho es que lo está. Y aquellos que dice: ¡Es que García Ortiz no debería ser hoy el fiscal general del Estado! Bueno, es una opinión, pero el hecho es que lo es. Y que como tal, asiste hoy y hablará.
De tanto jalear los plantes, los gestos de protesta, los intentos de que hoy no vaya, han conseguido algunos que el protagonista del acto vaya a ser este fiscal general que se deja tutelar por Sánchez como delegado el gobierno para la fiscalía en lugar de quien pronuncia el discurso más relevante de hoy, que no es del fiscal, sino el de la presidenta del Poder Judicial… en estos tiempos en que el presidente del Gobierno alimenta la idea de que es el Tribunal Supremo, en sintonía con el PP, quien sabotea su providencial acción gubernativa.
Lo más grave de lo que viene haciendo, y diciendo, el presidente sobre los jueces no es que siembre dudas, incluso en el extranjero, sobre la calidad de la Justicia en España, con esta frase cobardona de que hay jueces que hacen política -diga que prevarican, hombre, diga que delinquen cegados por el odio que le tienen, que es lo que de verdad piensa-. Lo más grave es que el presidente lleve dos años abonando la idea de que la cúpula judicial de este país, encarnada en el Tribunal Supremo, obstruye las iniciativas del gobierno, boicotea la ley de amnistía en el único afán de que Pedro Sánchez se tambalee.
Es en ese relato -o realidad alternativa- en el que sitúa el presidente el procesamiento de su ministro número veintitrés: el Supremo, forzando la caída de García Ortiz para entregar una pieza de caza mayor a la oposición con la que está conjurado.
Hoy, el rey lo único que dice es "queda abierto el año judicial". Lo interesante es lo que diga ella, que no él. La presidenta del Tribunal Supremo de España, catalana y del sector progresista, Isabel Perelló.