ANIMALES

¿Higiene o atraco? Algunas ciudades ya rastrean el ADN de los excrementos de mascotas para multar a los dueños

Son 90 los municipios en España que han implantado el 'censo genético de mascotas' que permiten analizar las cacas de la calle y localizar al responsable humano.

Carlos Rodríguez: "Han creado un registro de ADN para limpiar las calles de heces"

María Baraza

Madrid |

Carlos Rodríguez, veterinario y presentador de 'Como el perro y el gato' de Onda Cero | Getty Images

La higiene en las calles es clave para el bienestar social y la apariencia de una ciudad. Es por eso que en 90 ciudades españolas de 15 provincias (ocho municipios más que hace un año) ya están exigiendo que todo aquel que tenga una mascota acuda al veterinario para tomar una muestra y registrar así el ADN. Esta medida sirve para multar a quienes no recogen los excrementos de las mascotas y, su éxito, depende de las sanciones que imponga el Ayuntamiento.

El censo, en pocas palabras, es una base de datos municipal en la que se registra el perfil de ADN de las mascotas mediante una muestra de saliva o sangre, algo que todo ciudadano con una mascota en la familia debe llevar a cabo. Además de la limpieza, lo que se consigue también es eliminar el abandono o la pérdida gracias a la identificación de los animales. Este censo, según expertos, no sirve de nada si el consistorio no recoge periódicamente muestras de cacas para multar a los responsables que no llevan una bolsita.

Cómo funciona el ADN canino: subvenciones de los ayuntamientos y multas a cambio de higiene

Los ayuntamientos tienen, en este caso, la competencia para introducir el deber de registrar, como se ha mencionado, el ADN de los animales que vivan en el municipio, lo que sirve para vincularlo al chip de la mascota. Esto se hace a partir de un análisis del veterinario en el que se recoge una muestra del animal. Este análisis cuesta en torno a los 40 euros, aunque hay consistorios que ya subvencionan esta cantidad. Para poner en marcha el sistema, lo que hacen los ayuntamientos es realizar acuerdos con el colegio de veterinarios para sacar a concurso parte de la gestión de los análisis. Cabe destacar que el plazo para censar a los perros depende de la entrada en vigor de la ordenanza, pero suele ser de 3 a 6 meses. Además, es el ayuntamiento el que recupera lo invertido en esta medida a través de las multas a los infractores.

Pese a la disconformidad de algunos vecinos ante esta medida, las quejas por la limpieza de las calles se han reducido y los municipios en los que se ha implantado la norma han registrado, además, una mejoría en la higiene de las vías.

Por otro lado, en el caso contrario en el que un dueño haya olvidado recoger las heces de su perro, la multa podría contemplar un coste de entre 60 y 600 euros dependiendo de la ordenanza municipal, aunque podrían llegar hasta los 1.500 euros. Si una de las cacas 'abandonadas' es de un perro que no está censado, el laboratorio envía al ayuntamiento un informe con los rasgos del animal para así identificarlo. Todo ello gracias a que mediante el reconocimiento del color, tipo de pelo, tamaño, forma del cráneo, sexo... se puede identificar al animal el cuestión.

¿Un atraco con fin social? El debate detrás del rastreo genético

Cuando un ayuntamiento implanta el censo genético, la indignación de la ciudadanía suele salir a relucir rápido a las calles. ¿Estamos ante una tasa justa o ante un robo al bolsillo? Muchas personas se preguntan, además, por qué los ingresos de estas sanciones no se usan para mejorar o financiar las protectoras municipales o, incluso, para favorecer la protección de los gatos callejeros, entre otros. Y es que, si este dinero se destinara a dar un hogar digno a los animales desamparados, la medida iría más allá del objetivo de "mantener las calles limpias". Un ejemplo de estas declaraciones es el veterinario y presentador del programa 'Como el perro y el gato' de Onda Cero, Carlos Rodríguez, quien ha hecho énfasis en que el verdadero objetivo, como ya se ha mencionado, no debería ser el de tener una ciudad más limpia, sino que las políticas locales hagan hincapié en la importancia de proteger la salud pública.

Más allá del debate económico, la medida esconde un propósito invisible, como bien ha comentado Carlos Rodríguez, ya que el ciudadano debe proteger su salud pública de manera crucial ante los excrementos abandonados en la calle. No como un problema estético, sino como un foco de infección. Tal como advierte el veterinario de Onda Cero "hasta el 80% de las cacas que se recogen tienen parásitos que afectan al humano". Es por eso que el rastreo del ADN animal trasciende de la limpieza de la vía, ya que se convierte en una medida de prevención sanitaria de la población frente a la irresponsabilidad de unos pocos.

Al final, por encima de la estética urbana al lucir unas calles limpias, el verdadero éxito de esta medida radica en proteger la salud pública y en conseguir que el dinero de esas sanciones tenga un 'retorno' directamente a los propios animales protegiendo el bienestar y a las propias mascotas; una perspectiva en la que debería basarse el ciudadano para no atormentarse pensando que, simplemente, le están "atracando".