Alsina relata la "frutinovela" de Ábalos: "La más tradicional, por rancia y por casposa, que se ha emitido en España en décadas"
El director de Más de uno ha respondido a la declaración victimista del exministro de Transportes que ha lamentado haberse sometido a un juicio mediático con una sentencia prefijada en el que se ha expuesto su vida privada.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Con veintisiete años ya cumplidos, William no era de los estudiantes más jóvenes de su promoción. Terminaba la carrera de diseño industrial, cinco años de formación, aunque entre sus planes inmediatos no estaba crear su propia industria. Su plan, en realidad, era obtener el grado presentando su trabajo de fin de estudios.
Un proyecto diegético, según definición propia, para el prototipo de validación de productos en escenarios futuros. ¿Mande? No importa. El caso es que una cosa llevó a la otra y acabó empleando cuanto había aprendido sobre inteligencia artificial y consistencia entre personajes y escenarios para hacer un vídeo de dos minutos que parodia las telenovelas de siempre cambiando a los seres humanos que sufren de desamor, traiciones y desengaños por frutas con apariencia humana que sufren, y hacen sufrir, por lo mismo.
Que si la pobrecilla naranja, esposa engañada; que si la enredante limona, amante del maromo (con perdón); que si el hombre bien dotado, banana negra, que las tiene a todas en el bote y ejerce de villano; que si el brócoli que hace de consejero, y de asistente y que se mete donde sí le llaman. O sea, las frutinovelas.
Este producto de moda, barato y aglutinador de tópicos con apariencia de broma pesada, que puso en circulación el estudiante William Andrés Rico Vélez y que ha conseguido dos cosas: disparar el consumo de micronovelas en redes para sorpresa de los gurúes de la producción audiovisual y disparar el debate sobre los mensajes machistas, misóginos o racistas que anidan en la caricatura de bananas, manzanitas y sandías. Diez millones de espectadores tuvo su primer vídeo en una sola noche.
Como él mismo contó, al ser un producto anónimo se dejó llevar porque sintió que podía hacer lo que le diera la gana. Infidelidades, venganzas, amnesias y secretos destapados en cascada. Un producto adictivo porque en dos minutos pasan mil cosas. Slop, lo llaman los modernos, o brain rot, contenido que se consume con gozo mientras te pudre el cerebro, lo que hace años se llamaba televisión basura pero en el formato comprimido de las redes trepidantes. Un divertimento sin mayor trascendencia, replican sus partidarios, el recreo entre tanta noticia nefasta y tanta desgracia. Para gustos se hicieron las frutas.
Ahora que Antonio Maíllo ha prometido a los andaluces que si él gobierna volverá a haber telenovelas diarias en Canal Sur -añoranza de Arrayán y Bandolero- puede optar por prometer la versión barata, que sería producir frutinovelas con sabor andaluz, sin machismo y sin racismo, se entiende, o puede prometer que emitirá en bucle la declaración completa de José Luis Ábalos en el Tribunal Supremo, que aunque no es andaluz sino valenciano protagoniza la telenovela más tradicional, por rancia y por casposa, que se ha emitido en España en décadas.
Carne de meme
Carne de meme, se definió ayer el ex ministro a sí mismo, carne de meme. En efecto lo es, o lo viene siendo. No sólo por Jésica, empleada en Ineco; no sólo porque engañara a su esposa o porque utilizara sus viajes a provincias para quedar con mujeres a las que pagaba Koldo -siempre atento a las necesidades de su jefe y compadre-, también por esta teoría suya según la cual un ministro no puede divorciarse porque sería un escándalo.
Ábalos no sufrió cuando le hizo Jésica le hizo ghosting. Lo suyo no había sido sólo sexo, tuve una relación, dijo ayer, sentimental. Bueno, con sexo también, pero donde el amor, ay limón, era la esencia. Pero siempre fue una relación condenada a extinguirse porque él era un ministro de España y ella era la relación extramarital, no la legítima. Y cómo iba a divorciarse Ábalos para convivir con Jésica si había elecciones generales ese año.
No unas elecciones, sino dos. Bueno, la segunda no estaba planeada, fue consecuencia de que Sánchez, en su particular frutinovela con Pablo Iglesias, rompiera la relación alegando que no eran compatibles para acabar montándoselo juntos a la vuelta de las urnas -montándose un gobierno juntos, quiero decir-. En la España progresista de 2019, sostiene Ábalos que un ministro en modo divorcio habría sido un escándalo con nefastas consecuencias electorales. Perdón por la pregunta, pero de qué siglo ha salido.
Sí. Por méritos propios, ex ministro. Es verdad -lo comentamos ayer- que ante la opinión pública ya es culpable; le pasa a la opinión pública lo que a Pedro Sánchez, que Ábalos era un desconocido, en sus actividades personales, hasta que dejó de serlo y fue desahuciado. Su partido fue el primero en condenarle, no lo olvide Ábalos.
Y si hoy está como está ante la sociedad a la que una vez gobernó no es por haberse enamorado de Jésica, es porque a Jesica le pagaba el piso un socio de Aldama, el comisionista que se paseaba por el ministerio como si fuera miembro del séquito del ministro. Y porque cuesta creer que hombre tan curtido como Ábalos, y tan experimentado en la denuncia de corrupciones ajenas, estuviera tan fuera de juego sobre las andanzas de Aldama y la provechosa relación que con él mantenía el inefable Koldo. Este escudero ejemplar que hizo méritos para convertirse en su sombra.
En la frutinovela de Ábalos, Koldo sería un brócoli gigante que lo asiste con agrado y le provee de sombra. La sombra por la que ha acabado a la sombra. Su relación empezó porque el capataz del PSOE necesitaba alguien que estuviera con él veinticuatro horas, eso dijo Ábalos, veinticuatro horas, día y noche, lo mismo conduciendo que vigilando o haciendo militancia.
Y claro, los empleados de Ferraz tienen una jornada laboral que se ajusta a la ley, nadie trabaja veinticuatro horas. Ábalos necesitaba algo que nadie más tenía, un empleado full time. Igual deberían haberle juzgado, antes que por cualquier otra cosa, por explotación laboral. Dónde está Yolanda Díaz cuando se la necesita.
Antes que por cualquier otra cosa, por explotación laboral
Luego ya fue intimando con el empleado servil que no debía de tener vida privada que atender. Tanto intimaron que Koldo se fue haciendo cargo de sus gastos. Y cuando le hicieron ministro, pues chico, podía nombrar a dedo cinco personas para su núcleo duro y premió a Koldo para que siguiera solucionándole todos sus asuntos (también los privados) pero con salario pagado por todos los españoles. Lo merecía Koldo, por leal y por darle sombra.
Declara Ábalos en su defensa que él no gestionó nunca nada. Él era un ministro, por favor, alguien que lidera e impulsa, no un gestor, qué idea tiene usted de un gobernante. Un gobernante, en la doctrina Ábalos, es alguien que hace declaraciones, elige estrategias, coloca asesores pero no se mete en el día a día del ministerio.
Y eso que echaba horas extra en su domicilio de El Viso, propiedad de Patrimonio Nacional, imprimiendo papeles como si no hubiera un mañana. Cultura de papel, dijo el ministro, porque eso no paraba de pedir más folios. Que no era una forma de llamar a los billetes, era una forma de pedir más folios.
Él tenía escoltas y chóferes, en plural, que le traían folios. Perdón por la pregunta, pero ¿los escoltas están para hacerle recados al ministro? ¿Para eso no estaba Koldo, el asistente 24 horas colocado en el ministerio? Cuando tiene una idea tan elástica de los privilegios del poder todo le resulta normal, ¡qué me traigan folios!
Lo que Ábalos está diciendo, claro, es que la UCO se inventa lo del lenguaje cifrado para poder justificar la sospecha de dinero ilícito en efectivo. Y que la UCO, en su afán por imputarle lo que sea, se inventa también que ha cobrado millones de euros en comisiones cuando a él solo le han podido encontrar, subrayemos el solo, noventa y cuatro mil euros de procedencia injustificada.
Polemizó con el fiscal anticorrupción, o lo intentó. Ahí salió el Ábalos más político, el que busca el debate para alentar la tesis de que es víctima de una cacería política, el chivo expiatorio de la malvada unidad central operativa que quiere hacer caer al gobierno de España. Lleva años sosteniendo lo de la cacería, sin que ni la UCO ni la fiscalía haya imputado nunca nada a Pedro Sánchez y cuando ya había sido Pedro Sánchez quien lo había defenestrado a él e intentado borrarle de la historia oficial del sanchismo. Ese Ábalos del que usted me habla.
Tiene razón el ex ministro en que éste ha sido un caso muy mediático. Y que han salido a la luz episodios de su vida privada. No por privada, sino por los gastos que le generaba y el origen del dinero con el que los pagaba. La corrupción, afortunadamente, sigue despertando gran interés en la opinión pública, por lo que abunda, por lo que asquea y por lo que, como dijo el Ábalos de 2018, debilita la confianza en las instituciones si éstas no actúan con rigor, la destapan, la castigan y la zanjan.
Es natural que ahora que el acusado es él le salga a Ábalos decir todo lo que antes de él dijeron otros procesados por corrupción a los que ni siquiera habían encontrado noventa y cuatro mil euros sin justificar. Y alguno de los cuales, por cierto -los trajes de Camps- salieron absueltos. Nadie mejor que Ábalos, con su experiencia y su actuación ante casos ajenos, para entender por qué un caso de corrupción política siempre es mediático.
El gobierno no ha caído. Él, sí. Incluso si el tribunal lo absolviera. Este gobierno suyo que tanto enredó cuando el juicio al fiscal general, que tanto empeño puso en desacreditar a los magistrados del Supremo, entona ahora el canto del respeto total y evita decirle al tribunal quién es culpable y quién inocente. Es su gobierno, ex ministro; es su partido, el PSOE; son las personas que lo trataron en sus días de gloria y con quienes compartió consejos de ministros, ejecutivas federales, viajes, mítines y fiestas de cumpleaños, quienes mucho antes de que empezara este juicio ya emitieron veredicto. Por supuesto, condenatorio.