Monólogo de Alsina

Alsina señala la resistencia "atrincherada" de Sánchez junto a Zapatero: "Quien está en riesgo de salir abrasado es el último responsable del rescate a Plus Ultra"

El periodista ha destacado cómo Sánchez se mantiene firme en su apoyo al expresidente del Gobierno cuando con muchos menos indicios dejó de lado a su exsecretario de Organización, José Luis Ábalos.

Carlos Alsina

Madrid |

Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Al teniente coronel Travis, nacido en Carolina del Sur, también le gustaba enviar cartas a la ciudadanía, como a Sánchez. El 24 de febrero de 1836 escribió, así, al pueblo de Tejas y a los americanos del mundo: "Conciudadanos, estoy asediado por mil o más soldados de Santa Anna. Me bombardean, me cañonean. Os convoco en nombre de la libertad para que vengáis en mi ayuda. Nunca me rendiré. Nunca retrocederé. ¡Victoria o muerte!"

Diez días después, William Barret Travis estaba muerto. Como Jim Bowie. Como Davy Crockett. La historia se mezcló con la leyenda, los hechos con la novelería, y nació uno de los mitos fundacionales de los Estados Unidos: la batalla de El Álamo. Los tejanos, sitiados por el general Santa Anna, que resistieron como jabatos en el fuerte de la antigua misión española. La épica de la resistencia. Tan del gusto de quienes se consideran víctimas de un asedio injusto y desproporcionado. Tan del gusto de los autores de manuales de resistencia.

No es sólo que Travis acabara triturado, es que con el tiempo la historia que habían escrito los vencedores -los vencedores, al final, fueron los tejanos que masacraron al ejército mexicano en San Jacinto-, la historia que habían escrito los vencedores empezó a ser seriamente cuestionada, se demostraron inciertos muchos de los datos repetidos y hasta surgió un tímido movimiento de reivindicación mexicana que denunciaba que, en última instancia, lo que ocurrió en 1836 es que los tejanos le birlaron a México una provincia por las bravas y acabaron incumpliendo el tratado cuando se unieron, como estado, a los Estados Unidos de América. O en palabras de Paco Ignacio Taibo II, que "debajo de una gran mentira se escondían las verdades tapadas".

El titular más repetido

Pedro Sánchez elige resistir es, probablemente, el titular que más veces se ha publicado los últimos ocho años en España.

Estos días se vuelve a publicar. Sánchez resiste. En rigor, todo lo que significa es que no convocará a los españoles a las urnas hasta que no le quede otro remedio. No le quedará más remedio el año que viene porque las legislaturas, a diferencia de los Presupuestos, no pueden prorrogarse a la medida de un presidente que incumple sus obligaciones constitucionales. Elecciones habrá. Lo que está en mano de Sánchez es que sean antes de julio de 2027. Negarse a ello, pase lo que pase, es lo que hoy significa resistir. Que nunca fue sinónimo de gobernar. Mucho menos de gobernar contando con una mayoría parlamentaria.

El caso Zapatero, o Zeta Plus, pone de nuevo al presidente ante sus contradicciones. Al sufrido Ábalos -ministro disfrutón, y putero, con viajes y hoteles pagados- lo mandó a negro en 2024, repudiado y defenestrado, cuando ni siquiera era objeto de una investigación judicial. Bastó que detuvieran al tal Koldo para que el pulgar del presidente bajara.

A su predecesor en la Moncloa y en el partido, y actual presidente de su club de fans, Rodríguez Zapatero, sí lo tiene ya imputado un juez. Y en sólo siete días, desde la imputación hasta hoy, ha trascendido tal cantidad de información sobre el material que acumulan los investigadores que, puesto a resumírselo a ustedes, no sé ni por dónde empezar. A diferencia de lo que le pasó a Ábalos, Sánchez ni se ha planteado suspender a Zapatero de militancia.

Con el sumario ya entregado ayer a las partes -se acabó para los publicistas del PSOE la coartada de que la investigación es secreta, se acabó para Zapatero la coartada de que él no puede revelar sus clientes o sus actividades por secreto profesional y protección de datos-, con el sumario ya entregado a las partes sabemos:

  • Primero: que en la caja fuerte de su despacho guardaba una colección de joyas que parecía aquello la alcoba de Eugenia de Montijo (si lo llegan a saber los ladrones del Louvre, en lugar del museo asaltan Ferraz, 35). No pasa nada porque les explicó Gertru, la secretaria cancerbera, a los agentes de la UDEF que las joyas pertenecen a Sonsoles y proceden de una herencia. Se entiende que eso es lo que le han contado a ella, claro, no va a estar la secretaria buceando en la trazabilidad de las joyas que ha traído el jefe al despacho. No pasa nada, digo, porque si es así -las joyas son una herencia- le resultará bien fácil a Zapatero acreditarlo: el origen de las joyas, su devoción por los relojes caros, en fin, todos estos rasgos de desapego a los bienes materiales. Del mismo modo que si el medio millón de euros que le sirvió para cancelar anticipadamente una hipoteca suscrita once meses antes procedía de la venta de otro inmueble en Aravaca, no pasa nada porque también podrá acreditarlo fácilmente el ex presidente.
  • Segunda cosa que sabemos: que las gargantillas y los relojes de marca también gustaban mucho a Simon Verhoeven, el tipo al que Francia y Suiza señalan como blanqueador del dinero que los prebostes del régimen chavista robaban del presupuesto público y enviaban al extranjero para ser primero ocultado y, después, blanqueado. Gargantillas, relojes y, en el caso de este Verhoeven, lingotes de oro.
  • Tercera: que en casa de Julio Martínez, el amigo y pagador de Zapatero con el que el presidente corría todas las semanas pero con el que debía de hablar sólo de marcas de zapatillas y de Borges, encontró la policía dinero en efectivo escondido en bolsas de deportes, en el baño, en un radiador, por importe de más de trescientos mil euros, y que movió medió millón de cuentas suyas en Miami cuando temió que se las bloquearan. Debe de ser un genio de los negocios porque tiene una fortuna sin que conste exactamente en qué trabaja.
  • Cuarta: que en la documentación sobre el rescate aportada por la SEPI no aparece uno de los certificados que ha de emitir la Seguridad Social a cualquier empresa que solicite un rescate; la sospecha es que nunca hubo certificado y, sin embargo, sí acabó habiendo rescate.
  • Y quinto: que a un investigado por corrupción en Francia, Danilo Mangando, perdón, Mangalo, le encontraron hace dos años conversaciones con alguien a quien llama zeta o el zorro…que tiene influencia sobre Repsol para conseguirle a este individuo la distribución de combustible en Venezuela y al que la policía identifica, también, zeta el zorro, con Rodríguez Zapatero.

Bueno, hay más cosas. La utilización de las hijas, y la empresa de las hijas, para camuflar pagos que son al padre, presuntamente. Y, sobre todo -porque ésta se va erigiendo como la madre del cordero- la condición de Zapatero de barrera, o peaje, de obligado cumplimiento para hacer negocios con el régimen de Nicolás Maduro. (De Nicolás Maduro y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, amigos del alma de nuestro ex presidente). Sospechan los investigadores que había que pasar por Zapatero para hacer negocio con el régimen venezolano, abiertamente corrupto.

Una versión calva y nada popular de Zapatero

Y, de propina, le encontraron a este Julio Martínez una libretita -nunca falta una libreta de anotaciones en una trama que se precie- que vendría a sugerir que este Martínez no era sólo el testaferro, o el maquillador de los ingresos, sino la encarnación de Zapatero, su alter ego, para negociaciones políticas en Venezuela.

Negociaciones que afectan a liberaciones de presos políticos o a la salida hacia España del ganador de las elecciones Edmundo González, y de los detenidos españoles a los que Diosdado Cabello vinculó con el CNI. De forma que Martínez sería, a ojos de todo tipo de interlocutores -políticos, empresariales, petroleros- una versión calva y nada popular de Zapatero.

Ser calvo para haber negocios ilícitos no tiene por qué ser una ventaja, pero no ser nada popular sí: te permite subirte a un avión, por ejemplo, sin que nadie te reconozca. Como dijo Zapatero en este programa, a él le pasa lo contrario, que nadie podrá decir que viaja clandestinamente a ningún sitio porque le reconoce todo el mundo. A él, sí. Pero a Julio, no.

Fue aquí donde puso empeño Zapatero en afirmar que él nunca tuvo una sociedad porque crear una sociedad significa querer eludir el pago de impuestos. Que él nada tuvo que ver con la actividad de Julio Martínez en Venezuela y que no éste no iba en su nombre ni aprovechaba la mano que él tenía (y tiene) en aquel régimen corrupto. Y que el Pollo Carvajal ya envió una carta desmintiendo que él, Zapatero, tuviera nada que ver con minas de oro en Venezuela. Lo proclamó aquí el presidente con la misma convicción con que dijo que no sabía nada de Plus Ultra y que no conocía a los clientes de Análisis Relevante porque él no formaba parte de esa sociedad. Era sólo un autónomo que cobraba por consultoría.

Con todos estos elementos, y por mucho que se invoque la presunción de inocencia, cabe concluir, sin riesgo de equivocarse, que si todo esto mismo, ¡lo mismo!, se lo atribuyera la UDEF a José María Aznar estaría el ejército sanchista exigiendo que fuera quemado esta misma mañana en la marquesina de Génova, 13. Y que con infinitamente menos que todo esto, Sánchez dejó caer a José Luis Ábalos y levantó, en torno a él, un cordón sanitario (también llamado cortafuegos). En torno a Zapatero no lo ha levantado.

No sólo no lo ha levantado, Sánchez le ha tendido su mano al ex presidente. Y así, ha renunciado al cortafuegos. O quizá ha venido a admitir que esta vez no hay cortafuegos posible porque si Zapatero pudo lucrarse por el trato de favor del Consejo de Ministros a Plus Ultra, y si Ábalos tiene dicho que él se enteró el último porque el ex presidente llamó a otras puertas, entonces quien está en riesgo de salir abrasado es el último responsable de que Plus Ultra fuera rescatada. O sea, Pedro Sánchez. Atrincherado en El Álamo.