Alsina ironiza sobre el "no a la guerra" recuperado por Sánchez: "Para emular a ZP, solo falta que se deje crecer las cejas"
El director de Más de uno ha destacado como la revitalización de 'El trío de la benzina' a 'El trío de las Azores' ha tenido en las izquierdas gubernamentales un efecto rejuvenecedor.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. Había una vez tres amigos, un poco vivalavirgen y más tiesos que la mojama, que en un rapto de inspiración se dijeron: ¿y si vendemos el coche y montamos una gasolinera? Lo hicieron y la atendían por turnos. Una joven bien simpática celebró que le pusieran un surtidor cerca de casa, con tan previsible resultado que se hizo asidua pero en horas distintas. De tal manera que los tres se enamoraron perdidamente de la misma chica. (Y tú ya sabes).
La historia se cuenta, y se canta (porque es musical) en una comedia alemana de hace casi cien años (es más antigua incluso que la guerra de Iraq). Su título, poco creativo, es 'Los tres de la gasolinera', pero en la España de la época, que descubría el cine sonoro, se estrenó, 1932, como 'El trío de la bencina' (por una vez, mucho mejor título).
El trío protagonista, en realidad, era un cuarteto. Y cuarenta años después, en la España que descubría (o redescubría, mejor) la democracia, dio título a una de las legendarias aventuras de los payasos de la tele que nos tragamos sin respirar los niños de la época. Los payasos también parecían tres, pero eran cuatro. Como eran cuatro, al final del libro, los tres mosqueteros o como eran cuatro María Dolores Pradera y los tres suramericanos.
Trío de la bencina quedó en España como descripción no de gasolineros sino de incendiarios, y es una expresión que revela, sobre todo, la edad de quien la pronuncia. La usaba, por ejemplo, Ortúzar, aquel periodista que dirigió el PNV antes de colocarse en Movistar Plus, la plataforma de Telefónica que para hacer temblar a Netflix, Disney y a HBO Max ha fichado, además de a Ortúzar, a Pablo Iglesias.
El trío de la bencina, para Ortúzar, eran Casado, Ribera y Abascal, por ejemplo, las derechas que se había hecho la foto de Colón. Pero mucho antes de que la usara él, la expresión ésta del trío de la bencina causó furor entre políticos y columnistas españoles (a menudo, la misma cosa) cuando en 2003 el gobierno portugués acogió a Bush, Aznar y Tony Blair para que predicaran juntos la necesidad de meter en vereda a Sadam Hussein para que demostrara de una vez que no tenía armas de destrucción masiva.
Naturalmente aquel trío también era un cuarteto, aunque el presidente Sánchez, lector sobrevenido de libros de Historia, ninguneara ayer -qué importará Portugal- al pobre Durao Barroso, organizador de la cumbre de las azores y tan integrante del trío como los otros tres.
El restreno de 'El trío de la bencina', remasterizado, que se organizó a sí mismo ayer el presidente tuvo un efecto rejuvenecedor en los maduros líderes de la izquierda gubernativa actual que hace veintitrés años eran chiquillos movilizados contra el pacto de las Azores y que hoy se esfuerzan en conseguir ellos movilizar a alguien, quién sabe si ahora logrará Trump con Irán reverdecer el fervor con que fue seguida la navegación de la flotilla hacia Gaza en aquel septiembre de 2025, tan pretendidamente movilizado.
Recordar 2003 es revivir no sólo la crisis aguda en que se metió el presidente Aznar, sino también (aunque esto Sánchez no vaya a recordarlo) la posición contraria a la actuación del presidente, y coincidente con la izquierda, que defendieron unos cuantos dirigentes de derechas.
Nada de todo eso está en el ánimo del presidente, claro. Está asumir él, apropiarse, de la noble bandera de la paz, y el simplificado lema del no a la guerra, no tanto para confrontar con Donald Trump, cuyo nombre, en un gesto de coraje encomiable, sigue olvidando en sus discursos y en sus mítines (valga la redundancia), como para emular a ZP 23 años después, sólo falta que se deje crecer las cejas, y para retratar a su adversario conservador como enemigo de la paz y amante de las bombas.
"Solo falta que se deje crecer las cejas"
Sánchez se cargó de argumentos bien traídos para exigir con vehemencia, y sin ningún éxito, que tanto Estados Unidos e Israel como Irán dejen de lanzar misiles y se avengan a abrazar la diplomacia. Digamos que, en esta guerra (en esta sí) la equidistancia sí es del gusto del Gobierno y de sus followers.
Pero forzar la comparación con 2003, siendo la circunstancias de entonces tan diferentes a las de ahora (como cualquier historiador atento sabe y en la Moncloa más) y enviar luego a sus ministros a predicar contra Feijóo revelan que el canto a la paz del presidente buscar torpedear cualquier posible entente diplomática entre la oposición y él mismo. Ahí está el jefe de la diplomacia Albares para recordárnoslo cada día.
Habiendo sido la oposición, es decir, el PP, quien más ha coincidido con y respaldado a Sánchez en su posición respecto de otra guerra, la de Ucrania, es un poco de comedia alemana porque la táctica es un plagio. Esto de aparecerte como el pacifista jefe frente a los partidos de la guerra ya fue argumento de la película que protagonizó Podemos cuando Sánchez anunció su acuerdo con la OTAN para aumentar el gasto el Defensa y la imperiosa necesidad de seguir abasteciendo de armas a los ucranianos.
El señor de la guerra de junio hoy es John Lennon y Albares se hace un Belarra, cosas de la alta política española. Pero la película de la tarde de ayer fue aún más entretenida. Iba a haber sido muda, pero alguien cayó en la tentación del sonoro y por eso se escucha la amable voz de Margarita Robles Fernández, que no es actriz sino ministra pasando revista, diciéndole a un americano que le va a quitar la calefacción.
El señor de la guerra de junio hoy es John Lennon
O sea, traduzco, que ayer la ministra recibe al embajador estadounidense, que debe de sentirse el hombre como si Madrid fuera Saigón. Están las cámaras grabando lo que se llama un mudo, imágenes para ser difundidas sin sonido. Pero se difunden con él, tres o cuatro planos cortados, sólo como recurso televisivo, y se escucha a la ministra anunciando que va a apagar la calefacción y… que ella está con Trump.
Parece que dice "yo estoy con Trump lo que pasa es que aquí…", pero como es una frase que se oye mal y que a saber qué contexto tenía, pues no pasa de ser un elemento anecdótico. Lo de la calefacción sí está claro, y hay que tener cuidado con lo que se dice porque ahora que el gobierno Trump está buscando razones para acusar a Sánchez de poner en riesgo al vida de estadounidenses, matar de frío a un embajador puede servirle para enviar a los Delta Force, extraer a Margarita y llevársela a Brooklyn. Ya hemos dicho que la comedia permite estos giros, con el pequeño inconveniente de que, tratándose de Trump, todo lo que parece comedia acaba provocando un drama.
Total, que coincidió esta reunión del embajador con la ministra a la que algunos de sus colegas describen en privado como va por libre o es un gobierno en sí misma (distinto al otro), con esta declaración sorpresa que se marcó la portavoz de Trump en la Casa Blanca cuando le preguntaron por España.
Versión original de Estados Unidos (original en el sentido de insólita): que Sánchez ha recogido cable y ahora está por colaborar con la intervención estadounidense en Irán, pero qué me estás contando. A ver si es que Margarita le hizo creer al embajador… ¡no, no puede ser eso! Es todo fábula, dicen en el Gobierno de España, un invento más del gran falsificador que es Trump.
Nadie ha pedido aún que se desclasifique la grabación entera del mudo de la ministra con el diplomático, pero dale tiempo. El ministro Albares, que llevaba el hombre todo el día predicando la paz -salvo con el PP- se encontró por la tarde en la SER con que le preguntaban por la portavoz de la Casa Blanca y qué era eso de que estábamos reculando y un poco irritado sí que pareció. Qué llevó al gobierno estadounidense a pensar que la indomable España se había amansado. Misterios.
Lo contrario en junio que en febrero
Mientras la intriga se resuelve, y mientras Sánchez persevera a ver si su influencia sobre Netamyahu, Trump y quien sea el sucesor de Jamenei, obra el milagro de que los tres a la vez se arrepientan de sus pecados, no estaría de más que la ministra, el presidente, o alguien explicara por qué cuando el pasado mes de junio Trump envió sus aviones a nuestras bases para preparar aquí los ataques (violentos, claro) contra Irán, por qué cuando Podemos y Sumar exigieron que se le negara a Estados Unidos el uso de las bases, la ministra explicó que nada había de malo en que los americanos hicieran lo que tuvieran que hacer porque lo permitía el concordato. Perdón, el convenio.
El mismo argumento (los tratados) que servía en junio para que Trump usara nuestras bases sirve ahora para denegarle a Trump el uso de nuestras bases. O cómo el gobierno que hoy deniega el uso porque no quiere ser cómplice de un ataque que viola la legalidad internacional, en junio permitió su uso para un ataque que también violaba la legalidad internacional. No hay cosa más difícil que seguir el argumento de un remake al que se le ha bajado la calefacción para sintonizar con los gustos de un público cambiante.