Alsina critica el "vicio de la política española" tras el "comentario tosco" de Azcón contra Montero: "La comedia sirve como burladero"
El director de Más de uno ha señalado el error del presidente de Aragón a la hora de comparar el aspecto físico de María Jesús Montero y Pilar Alegría, que se suma a la larga y lamentable lista en la vida pública española.
Madrid |
Déjenme que les cuente una historia, que es muy corta, ya verán. La historia es la de Alonso Quijana o Quesada, o como se llamara Alonso Quijano, conocido casi con tantos nombres como la esposa de Sancho Panza -Juana, Mari, Teresa, nombre mutante de la primera a la segunda parte-.
Pedro Sánchez siempre ha sido muy lector de 'El Quijote'. A las pruebas me remito. No sólo porque participó en la lectura en voz alta de algún 23 de abril; no sólo porque publica tuits con el "ladran, luego cabalgamos"; no sólo porque citó una frase del Quijote, de cuyo contenido no logro acordarme, en alguno de sus discursos de investidura; también porque le regaló 'El Quijote' al gobernador de California, enemigo de Trump, y le dijo: 2Es importante para ti tener esta visión idealista de luchar".
Por eso sabe de sobra el presidente que El Quijote ha sido objeto de formidables debates desde hace décadas y décadas y décadas. Sobre por qué la mujer de Sancho Panza tiene varios nombres, sobre las discordancias que se dan en algunos relatos -tiene fallos de racord-, sobre cómo la mayor novela de todos los tiempos se parece tan poco a una novela -no es fácil concretarle un argumento sin caer en el resumen tópico que nos enseñaron de escolares-.
Pero el gran debate que ha acompañado siempre a El Quijote es hasta qué punto refleja el carácter de los españoles. O de lo español, dejando el plural en hecho singular. Ni siquiera El Quijote está libre de debates, tengámoslo presente hoy que por fin comparece el presidente lector ante quien corresponde, que es el Congreso, para exponer de una vez allí, el tiempo que haga falta y respondiendo a los representantes de los ciudadanos, qué papel nos corresponde, a su juicio, en el mundo sacudido por una guerra en Irán; cuál es la línea que separa la lógica preocupación por la crisis energética de la profecía jeremíaca sobre el infierno que se abre bajo nuestros pies; cómo es compatible el no a la guerra en Irán con el sí a la guerra contra Putin; y qué ha hecho hasta hoy nuestro Gobierno para, repudiando la violencia y la injerencia, procurar ayuda a la oposición iraní represaliada por el régimen y a las mujeres iraníes que tantas veces son invocadas en el debate español sobre feminismo y libertades.
Hoy el Congreso debate si tenemos un gobierno idealista u oportunista (o ambas cosas). Si el pacifismo es compatible con el realismo. Si la mejor defensa es evitar más ataques. Dices: bienvenido sea un debate de altura entre sus señorías ilustres.
Hoy el Congreso debate si tenemos un gobierno idealista u oportunista (o ambas cosas)
Miguel Espinosa Infante, que no es diputado sino oficial de notaría, tiene recogidas algunas de las mil cosas que, respecto de Don Quijote y el carácter de los españoles, han escrito famosos autores. Vargas Llosa tenía detectado que los lectores nos identificamos desde el comienzo con el hidalgo que ha elegido vivir una ficción, mientras nos distanciamos del Sancho del sentido común que vive amurallado dentro de lo posible y a quien vemos corto de aspiraciones por su empeño en ejercer el pragmatismo.
Javier Cercas no olvida que el Don Quijote fue objeto de pitorreo general porque cabalgaba las tierras de un país de pícaros en el que interesa menos la verdad, o la justicia, que el beneficio. Y Torrente Ballester (que aclaro: nada tenía que ver con el Torrente del cine) dejó escrito, contracorriente, que El Quijote no sólo es el libro que menos ha influido en nuestra literatura, sino el que menos ha influido en nuestro carácter nacional. O elevando la provocación, que decir que somos un país de quijotes es la mayor mentira en la que un español puede incurrir.
Quijotesco, decía Vargas, es el idealista y el heroico. Pero también el iluso, el inconforme ante la realidad que, no queriendo asumir que el mundo es como es, se enajena y actúa de manera imprudente causando un estropicio detrás de otro. O en resumen afilado de Manuel Vicent, que "la historia de España tal vez habría ido mejor si nuestro ejemplo hubiera sido un Sancho Panza cargado de ironía, de pragmatismo y apego a los placeres que no un lunático anclado en otra época con esa ración de locura llamada quijotismo que a veces no revela otra cosa que un ego verdaderamente insaciable".
Vicios de la política española
Dos de los peores vicios de nuestra agria vida política siguen hoy vigentes. En retroceso, pero vigentes. Uno es utilizar el aspecto físico del adversario (o adversaria) para hacer o bromas hirientes o daño premeditado. Le ha correspondido a Jorge Azcón el dudoso mérito de ser el último que se incorpora a la lista de emisores de comentarios toscos sobre una adversaria política (o dos) al manifestar ayer cómo de atractivas le parecen Pilar Alegría y María Jesús Montero.
Utilizar el aspecto físico del adversario (o adversaria) para hacer o bromas hirientes
Aplicándose el acertado criterio de que cuando uno patina clamorosamente lo mejor es sacar la pata del charco, Azcón admitió su error y pidió disculpas. Claro que no dejó pasar la ocasión -disculpa con pulla incorporada- que María Jesús Montero hizo guasa con la calvicie de Miguel Tellado. Fue en un mítin -dónde si no- en el que Montero se puso en modo comedia y le salió regular.
La comedia sirve como burladero para justificar las alusiones al aspecto físico de otras personas, pero cuando es un presidente autonómico quien se pone ingenioso (o una vicepresidenta del gobierno) la cosa casi siempre termina mal. Hacer escarnio sobre la apariencia, la fealdad, la estatura, la calvicie, la delgadez, la gordura, viene a ser una tentación tan apetecible para políticos, comentaristas, columnistas que han de obligarse a sí mismos a echar el freno y renunciar a esa broma tan estupenda que se les había ocurrido.
Qué cosas no ha tenido que escuchar, y leer, a estas alturas Yolanda Díaz, o Cayetana Álvarez de Toledo, o Irene Montero. O Loyola de Palacio en otros tiempos, o Leire Pajín, o Soraya Sáenz de Santamaría. Algún hombre, también. Hubo un tiempo en que era común que tuiteros de izquierda se refirieran al alcalde de Madrid, Almeida, con un apelativo que rima con cebolla y que celebraran con entusiasmo otros tuiteros tan zafios como ellos -qué cosa tan graciosa, tan ocurrente, tan original, oiga-. Oscar Puente se dolió en este programa de que la lista interminable de columnistas que le insultan por su aspecto físico.
Tenía razón, puede que sea, con Almeida, el político (varón) que más ha sido atacado por su físico (de simiesco, como dijo él mismo aquí, para arriba, o para abajo, según se mire). E incluso alguien que, como él, ha sufrido esas arremetidas tan groseras, hace burla luego con el aspecto de Feijóo tras operarse de la vista y proclama su inferioridad estética frente a Pedro Sánchez. Es lo que hay.
El otro vicio que permanece es llamar al político que no te gusta por el nombre que sabes que no le gusta a él. Pablo Iglesias estaba tan harto de que sus adversarios (el PSOE, sobre todo, allá por 2015) le llamara Pablo Manuel con la excusa de distinguirle del Pablo Iglesias tipógrafo que se quitó el Manuel del DNI para que le llamaran como él había elegido ser llamado, que es un derecho bastante razonable.
Un conocido locutor tenía por costumbre llamar Rodríguez, o presidente Rodríguez, a Zapatero a sabiendas de que el presidente prefería ser llamado o Rodríguez Zapatero o Zapatero a secas. Si Rodríguez le escocía, pues a llamarle Rodríguez. Zapatero echó mano de su mano (izquierda) y resolvió el asunto seduciendo al locutor y animándole a criticarle cuanto quisiera, y por lo que quisiera, pero respetándole el nombre por el que él prefería ser conocido.
Es muy inusual que en España se utilicen los dos apellidos de los políticos para referirse a ellos. Zapatero acabó siendo Zapatero y punto. Díaz Ayuso ha acabado siendo Ayuso. Núñez Feijóo, Feijóo. Incluso García Page es cada vez más Page a secas. Hay, sin embargo, un caso que escapa a la norma general por decisión de la izquierda en general y el PSOE en particular.Puede que sea el único gobernante al que el PSOE se refiere por sus dos apellidos orquestada y disciplinadamente. A sabiendas de que el gobernante en cuestión hace tiempo que hizo saber que prefiere ser llamado como le llama la gente que le ha tratado siempre, o sea, Juanma Moreno.
Para el PSOE -y que nadie en el partido y sus followers lo olvide-, Moreno Bonilla. A estas alturas ya resulta pueril el empeño socialista en llamar al presidente de la Junta como si fuera un árbitro de fútbol, pero ahí sigue, raca raca, sin duda porque debe de tener encuestas afinadísimas que le dicen que si en lugar de Juanma Moreno le llama Moreno Bonilla su crédito disminuye y María Jesús Montero (Cuadrado) tiene más opciones de convertirse en presidenta de la Junta andaluza.
"Espero verte pronto como presidenta", le dijo gentilmente Pedro Sánchez a Montero Cuadrado al despedirla ayer como vicepresidenta. Se lo dijo con la misma convicción con que hizo presidente por adelantado a Miguel Ángel Gallardo en Extremadura, a Pilar Alegría en Aragón, a Carlos Martínez en Castilla y León, o sea, con la falsa convicción de quien sabe que no va a pasar pero se siente obligado a proclamar su profecía trucha a los cuatro vientos.
El raca raca, a ver si así. No es verdad que en tiempos de Franco la prensa tuviera orden de llamar a los árbitros siempre por sus dos apellidos porque había un Ángel Franco arbitrando al que a veces ponían a caldo -fuera, Franco-, es una hermosa leyenda que desmiente la hemeroteca, pero sí es verdad que fue el régimen quien persuadió a los medios para que a este árbitro en concreto se le pusieran los dos apellidos.
La broma de despedida de Montero
Dicen las crónicas que María Jesús Montero pronunció ayer su primer mítin de pre campaña andaluza. Tampoco es verdad. Lleva mitineando y en campaña desde que fue coronada como líder regional de su partido atendiendo a la instrucción del secretario general, o sea, de Madrid. Pero ayer dejó su primer mensaje con la cuenta atrás hacia el 17 de mayo ya en marcha. Y fue éste que dice que hay que reconocerle a ella el mérito de renunciar al gobierno central para irse a Andalucía a rescatar a los andaluces.
Esto lo hacía como nadie el mago Andreu, Mágic Andreu, no rescatar sino colgarse medallas todo el tiempo. Lo que pasa es que él era humorista de verdad. La ministra de Hacienda es aficionada. Meritoria, porque no quiso despedir su mítin de ayer sin esta broma suprema sobre los Presupuestos que nunca hubo. Eso es ¡justo! lo que no ha hecho, su tarea. Que era presentar los Presupuestos al Parlamento que lleva tres años esperándolos.