Monólogo de Alsina

Alsina critica a Montero y Marlaska por sus "errores" con los guardias civiles: "Lo del accidente laboral era lluvia sobre mojado"

El director de Más de uno critica a María Jesús Montero y Fernando Grande -Marlaska por sus declaraciones sobre la muerte de los guardias civiles que perseguían una narcolancha.

María Jesús Montero califica de "accidente laboral" la muerte de los guardias civiles que perseguían una narcolancha

Abucheos a Marlaska en un acto de la Guardia Civil cuando el ministro ha recordado a los agentes fallecidos: "Estoy rabioso"

Carlos Alsina

Madrid |

Por encargo de Jerónimo de Arasqüés, canónigo de la Santa Iglesia de Huesca, examinó fray Gabriel Hernández la obra breve intitulada 'Oráculo manual y arte de la prudencia' y no solo dio su aprobación para que don Vincencio de Lastanosa la publicara, sino que le dedicó este elogio superlativo (que ríete tú de los que Sánchez se dedica a sí mismo). Escribió el fraile: "Admiro cómo en tan poco cuerpo cabe tanta alma". Y aún añadió: "He aquí la quintaesencia de la prudencia, moderna maravilla de aciertos que en nada obsta a las cristianas costumbres". Y le dio el aprobado, once de marzo de hace trescientos ochenta años, al compendio de recomendaciones de un aragonés llamado Lorenzo Gracián. Bueno, Lorenzo es como firmaba (guareciéndose tras el nombre de su hermano), pero su nombre real era de rey mago, Baltasar.

Ya no les va a dar tiempo a los gurúes que mecen la campaña electoral de María Jesús Montero —que vienen a ser como los ángeles custodios, de quienes se afirma su intercesión aunque nadie tenga prueba de su existencia–; ya no les va a dar tiempo de convencer a su candidata de que se empape del Oráculo de Baltasar Gracián. Pero quizá sí podrían, asistidos por Zapatero, curtido en el arte no de la prudencia, pero sí de la consultoría, extractarle un par de consejos de entre los trescientos que redactó el jesuita. El número 169, al menos, que es este que dice que hay que ‘prestar más atención a no errar una que a acertar ciento’.

Así se pierde una campaña

Nadie llevará la cuenta de tus aciertos, pero sí de tus errores; basta un solo desdoro para desmentir todos los aciertos juntos. Aciertos en la campaña seguro que ha tenido alguno la exvicepresidenta al rescate de los andaluces, pero la historia hoy la recuerda por llamar accidente laboral a la muerte de dos guardias civiles. Así se pierde una campaña, por hablar mucho y deprisa y no reparar siquiera en lo que una dice. Bueno, sostiene Montero que ha habido un malentendido porque ella no hablaba de los guardias cuando dijo accidente laboral. Que mencionó a los guardias, para sumarse a la conmoción por lo ocurrido, y habló a continuación de los accidentes laborales porque era el tema que había sacado Maíllo.

Lo que revela que, incluso sin tener a Gracián a mano, una profesional de la política tiene interiorizada esta otra máxima suya que dice que hay que saber declinar sobre otro tus males. Que el poderoso siempre ha de tener un escudo en quien hacer recaer la desaprobación del público. Un fusible, diríamos hoy, aunque en el caso que nos ocupa el fusible sería el propio público, porque María Jesús Montero sostiene que quien acertó en el comentario fue ella y quienes yerran son todos aquellos que han interpretado que dijo lo que dijo.

Hasta ahora siempre había sido el PP quien hacía descarrilar sus propias campañas electorales la última semana

Hasta ahora siempre había sido el PP quien hacía descarrilar sus propias campañas electorales la última semana. Pero le ha relevado en el arte del autosabotaje la candidata socialista y la nave nodriza a la que, anímicamente, sigue perteneciendo, que es el gobierno de la Nación. No puedes disponer de toda la potencia de fuego del gobierno central a desgastar, durante meses, a los gobiernos autonómicos que van a pasar por las urnas sin que tu candidata cargue con el peso de cualquier error que cometa el gobierno central del que ella emana.

El patinazo primigenio fue del ministro del Interior, Grande Marlaska

Lo del accidente laboral del lunes era lluvia sobre mojado. El patinazo primigenio, la falta de tacto, de vista y de altura, fue del ministro del Interior, Grande Marlaska, natural de Bilbao, residente en Madrid, pero diputado –que lo fue– por Cádiz. Cádiz, Andalucía. Ausentarse del funeral de los guardias fue una desconsideración, además de un error de cálculo. Reivindicarse a sí mismo ayer, en la jura de bandera de los nuevos guardias civiles en Baeza (Baeza, Andalucía), fue añadirle error al error. Yo, mí, me, conmigo, "permitidme", dice un ministro, "permitidme que se sepa que estoy rabioso".

Esto es lo que sucede cuando uno confunde un acto institucional, con guardias civiles y sus familias, con un mitin para militantes. No es el estado de ánimo del ministro lo que, a estas alturas, importa; son las decisiones que tomó y la imagen que él trasladó al evitar estar presente en Huelva el sábado. Proclamarse ahora como un hombre rabioso es confundir, de nuevo, dónde pone el foco.

Abusando de Gracián, para Marlaska sería su consejo centésimo décimo séptimo: ‘Nunca hablar de sí mismo’. Es imponer una pena a quienes te oyen. Y el centésimo décimo noveno, que van de la mano: ‘No hacerse de mal querer’. No provoques la aversión porque a quien dice mal se le aborrece. ‘Si aspiras a ser estimado, estima tú primero. Quien quiere hacer casa, primero hace caso’.

Pino Aprile es un periodista italiano que ha dedicado un ensayo a estudiar la presencia del error en la naturaleza, en la evolución, en la historia del hombre y en la vida política. Cuando habla del poder político, evoca a Gracián: el poder consiste en que los errores propios los pague otro. Y sostiene con acierto la tesis de que cuando el poder político hace una cosa y su contraria en el plazo de unos pocos días, lejos de admitir que rectifica, presume de haber acertado dos veces. ‘Contradecirse, para el poder, no significa asumir que se haya equivocado, sino haber adoptado dos decisiones discordantes: la primera era la correcta cuando se tomó y lo siguió siendo hasta que se hizo necesario cambiarla’.

En el caso que nos ocupa, el Ministerio del Interior sostuvo que lo correcto era que el ministro Marlaska permaneciera en Madrid el sábado dándole el alto al hantavirus y sostiene ahora que lo correcto es que el ministro estuviera ya ese día rabioso. María Jesús Montero sostiene que fue correcto lo que dijo en el debate del lunes y que es correcto lo que está diciendo ahora. Porque cuando el poder se desdice, es que ha tenido razón dos veces.

Cuantos más errores comete María Jesús Montero, más promete no fallarle a Pedro Sánchez

De Kennedy decían sus adversarios, desolados, que cuantos más errores cometía, más lo querían los electores. De Berlusconi decían sus críticos que cuanto más metía la pata, más se consolidaba. No parece que a María Jesús Montero le pase nada remotamente parecido. Cuantos más errores comete, más promete no fallarle a Pedro Sánchez.

Pino Aprile, el periodista italiano, publicó su primer libro hace treinta años. Era un ensayo irónico festivo que tituló ‘Elogio del imbécil’. Ahí decía, citando a Cromwell, que nadie es tan resuelto como aquel que no sabe a dónde va. Como aquel o como aquella.