"Raúl del Pozo vivió miles de vidas y las contó": La Brújula homenajea junto a Pedro J Ramírez y Joaquín Manso al "columnista a pie de calle"
El programa de Rafa Latorre rindió un emotivo homenaje a Raúl del Pozo, maestro de cronistas y mito del columnismo español, en una conversación en la que Pedro J. Ramírez y Joaquín Manso evocaron su vida como reportero incansable, narrador brillante y compañero generoso de varias generaciones de periodistas.
La emisión arrancó con la voz del propio Raúl del Pozo, que resumía como pocos la esencia del oficio y su vínculo con los lectores: "Yo cuando voy en un tren y veo a alguien leyendo del periódico, mi artículo o algún libro, alguna vez que lo he encontrado, me parece fascinante, porque uno escribe y no sabe para quién. Y cuando encuentras al lector te quedas absolutamente... Es como encontrar un amor".
Esa declaración, recuperada en La Brújula, sirvió de pórtico a un recuerdo coral que trazó el retrato de un periodista que convirtió su vida en literatura y el periodismo en una forma de estar en el mundo.
Rafa Latorre subrayó que ningún obituario puede competir con la capacidad del propio Raúl para contar su biografía, porque "era el mejor narrador de su propia vida" y en ella cabían "miles de vidas en una". Recordó que fue "un escritor de periódicos" que, tras coquetear con la ficción, se consagró como maestro de la crónica parlamentaria, columnista pegado al teléfono y a las fuentes, capaz de llegar a los 89 años escribiendo una columna diaria, siempre seguida por masas de lectores desde la contraportada de El Mundo, que heredó de Francisco Umbral.
Siete décadas de periodismo como forma de vida
Pedro J. Ramírez, que lo fichó para El Mundo a comienzos de los 90, destacó que con Raúl del Pozo "se van nada menos que siete décadas de historia del periodismo", desde la bohemia del tardofranquismo hasta la era de la inteligencia artificial. Explicó que encarnó el ideal del joven que tiene "el veneno del periodismo en las venas": reportero en la calle, enviado especial donde ocurrían las cosas, preguntando a presidentes en los pasillos del Congreso y, a la vez, columnista con libertad e ideas propias.
Ramírez recordó cómo lo descubrió a raíz de un artículo "vitriólico" y "brillantísimo" firmado como Raúl Foucault en Mundo Obrero, que lo atacaba con dureza pero con un talento que lo impresionó: "Nadie me ha herido con tanta brillantez", confesó. Años después, en la "Edad de Oro" del columnismo en El Mundo, con Paco Umbral reinando en la última página, Raúl se convirtió en el heredero natural de ese "trono" de la contraportada, hasta el punto de que, tras la muerte de Umbral, "todos sabíamos quién acabaría ahí".
El heredero de Umbral y el reportero que iba hacia el humo
El exdirector de El Mundo defendió que Raúl fue un "digno heredero" de Umbral y que en él se encarnaban "todos los mitos del periodismo" como manera de realizarse y de mirar la vida de forma distinta. Frente a un Umbral que escribía desde su retiro, bastándole "un leve roce con la realidad" para producir literatura, Raúl "iba al encuentro de la noticia" como el reportero que escucha la sirena de la policía y se dirige hacia donde sale el humo.
Ramírez evocó su papel en grandes investigaciones, como el caso Gürtel y la confesión de Luis Bárcenas, donde Del Pozo creó el personaje literario del "hombre del piolet" para mantener en vilo al lector mientras se acercaba al "gran secreto" del extesorero del PP.
También recordó cómo se convirtió en paladín de El Mundo en la investigación de la guerra sucia de los GAL y cómo describió, a pie de calle, la entrada en prisión de José Barrionuevo y Rafael Vera. En tono de camaradería, añadió que Raúl se reía con él porque le decía "me has pisado la historia, me has pisado el scoop" cuando el propio Pedro J. firmó la gran exclusiva de Bárcenas.
"Columnista a pie de calle" y vida vivida como gran reportaje
El actual director de El Mundo, Joaquín Manso, recogió el testigo del elogio y aseguró que nadie como Raúl supo "vivir como un reportero y escribir como un gran narrador", con una erudición "clara y sencilla" y una entrega absoluta al periodismo como manera de entender la vida.
Lo definió como alguien que gastaba suela "todos los días", afrontando cada jornada como "una nueva aventura", escuchando "el ruido de la calle" para construir sus textos. Citó esa idea de Juan Carlos Laviana que lo bautiza como "columnista a pie de calle", fórmula que considera que resume su manera de convertir el oficio en un auténtico estilo de vida.
El actual director del diario, Joaquín Manso, ilustró ese espíritu con una portada del diario Pueblo de finales de los 60 en la que aparecen Raúl del Pozo y el fotógrafo Raúl Cancio vestidos de hippies en el festival de la Isla de Wight, integrados en la comuna que estaban cubriendo.
Para él, esa imagen define el estilo que creó: "vivir cada día como si fuera un gran reportaje". También rememoró la etapa del "hombre del piolet", cuando Raúl se veía llamado a descubrir el gran secreto de Bárcenas y se acercaba a él "cada día un poquito más" en sus columnas, impulsado por un "timbre de gloria" que lo llevaba siempre un paso más adelante en la investigación.
Un gamberro genial, imposible de aburrir
La conversación en La Brújula también dejó espacio para el humor y la complicidad. Latorre recordó que Del Pozo estaba especialmente orgulloso de una gloria "postrera": que los taxistas le recibieran con un "Viva el vino!" cada vez que se subía a un coche, una seña de identidad nacida de su etapa como guionista radiofónico con Luis del Olmo y tertuliano explosivo, capaz de escandalizar con sus intervenciones y de contar, sin poder contenerse, hasta los mensajes que le enviaba el rey emérito.
Manso lo definió como un hombre con "inclinación natural a la travesura, a la picardía, a la guasa, a la irreverencia", alguien con quien "era imposible aburrirse". Aseguró que, a diferencia de otros columnistas de gabinete, Raúl no podía quedarse en casa: hasta el 6 de enero, cuando fue ingresado, necesitaba salir a cafés, bares, despachos y barras para escuchar el chisme con el que componer la columna del día siguiente, que en realidad era "una crónica".
Maestro de jóvenes y "fieramente humano"
Tanto Pedro J Ramírez como Manso insistieron en la relación de Raúl con los periodistas jóvenes que iban llegando a la redacción: lo veían como un tótem, pero él se comportaba como "uno de los nuestros", según Pedro J., y muchos de los elogios más entusiastas que hoy llenan los periódicos proceden precisamente de profesionales que lo conocieron ya mayor.
El exdirector animó a las nuevas generaciones a fijarse en su trayectoria, una "fe de vida" que considera contagiosa para quienes mantienen el idealismo de contar aquello que el poder quiere ocultar.
En el tramo final, Ramírez evocó el lado más íntimo del periodista, marcado también por el dolor: recordó textos escritos tras la muerte de su mujer, Natalia, y los comparó con las mejores páginas de "Mortal y rosa" de Umbral. Quiso dejar una última definición, citando un verso de Celaya o de Blas de Otero, para poner rótulo a la figura de Raúl del Pozo: "fieramente humano, fieramente humano".