Cómo manejar la crispación que está siendo "buscada y alimentada cada día"
La psicóloga María Jesús Álava Reyes analizó en la sección de Psicología de "La Brújula" el auge de la crispación social, un fenómeno que califica de "más vigente que nunca" por el clima de enfrentamiento en noticias y sociedad, proponiendo soluciones como objetivos comunes y líderes dialogantes para rebajar la tensión.
La última edición de la sección de Psicología de "La Brújula" abordó un tema que los propios conductores califican de más vigente que nunca: la crispación social y el clima de enfrentamiento constante que reflejan las noticias. A partir de esa constatación, la psicóloga María Jesús Álava Reyes analizó por qué vivimos más tensos, más polarizados y con menos capacidad de diálogo, y qué se puede hacer para rebajar esa tensión en la vida cotidiana y en el espacio público.
Un caldo de cultivo para la crispación
Álava Reyes explica que la crispación actual es fruto de un cúmulo de circunstancias: muchas personas viven realidades difíciles y buscan culpables sobre los que descargar su malestar, mientras la incertidumbre económica, laboral y vital dispara la tensión emocional. Subraya que, cuando desaparecen el diálogo y el razonamiento, "los extremos se imponen": el objetivo deja de ser entenderse y pasa a ser imponer el propio punto de vista, en un contexto en el que faltan objetivos comunes que cohesionen a la sociedad.
La psicóloga advierte de que tampoco existen hoy grandes líderes que sean referencia de acuerdos y templanza, lo que favorece la fragmentación y el egoísmo. Según su análisis, hay incluso colectivos y actores que buscan deliberadamente la confrontación y la alimentan de forma permanente, porque ganan influencia o rédito político y social en ese clima de tensión.
Crispación buscada y modelos de enfrentamiento
En el diálogo con el presentador, Álava Reyes distingue entre una crispación que surge de forma más o menos espontánea y otra que es claramente inducida. Cuando ve manifestaciones simultáneas, mensajes calcados y tensiones “perfectamente orquestadas”, entiende que esa crispación está siendo buscada, alimentada y reforzada cada día. Esos enfrentamientos serían, en parte, reflejo de lo que ocurre en otras instancias de poder, desde la política y la economía hasta el deporte.
La psicóloga relaciona este clima con factores estructurales: jóvenes atrapados en trabajos precarios, dificultades de acceso a la vivienda, pérdidas de empleo en edades avanzadas, necesidad de reconvertirse profesionalmente y el arrastre de los problemas de salud mental agravados desde la pandemia. Todo ello genera desesperanza y hace más fácil la manipulación emocional y la búsqueda de chivos expiatorios, en un ciclo en el que la crispación se retroalimenta.
Educación, medios y redes sociales
Álava Reyes concede un papel central a la educación recibida desde la infancia. Si se educa en el análisis objetivo, la crítica constructiva y la facilitación del diálogo, las personas quedan predispuestas al razonamiento y al acuerdo, defendiendo sus emociones desde el respeto.
Pero, si la educación se basa en el resentimiento, la insatisfacción permanente y la confrontación, se programa a las personas para reaccionar desde el impulso y la descalificación, no desde el autocontrol.
En este marco, la psicóloga recuerda la máxima de que quien controla la educación controla el poder, y añade que hoy quien influye en medios de comunicación y redes sociales puede condicionar de forma muy significativa los pensamientos y emociones de mucha gente.
Por eso considera esencial la pluralidad: exponerse a ideologías diferentes, consumir medios diversos y profundizar en los hechos para construir criterio propio, algo especialmente difícil para los jóvenes, que tienden a vivir en “mundos paralelos” filtrados por algoritmos.
Claves para bajar la tensión
Preguntada por qué se puede hacer para rebajar la crispación, Álava Reyes admite que “no lo tenemos sencillo”, pero plantea varias líneas de actuación. Una de las principales es recuperar objetivos comunes que unan, motiven y generen confianza entre los ciudadanos, así como exigir referentes y líderes que encarnen el diálogo, la templanza y el respeto.
También aboga por “desnudar” a quienes se apoyan en la mentira y la manipulación, dejándoles de prestar atención y mostrando rechazo para que perciban que esas conductas les alejan de la gente.
La experta propone premiar socialmente la buena educación, la flexibilidad, la capacidad de razonar desde el respeto y la ausencia de engaño en la búsqueda de objetivos. En su reflexión final, alerta contra una sociedad basada en la confrontación y el resentimiento y concluye que educar en el resentimiento es fomentar intolerancia, falta de generosidad y ausencia de valores.
Frente a ello, defiende colocar la razón y el respeto en el centro, y desterrar la descalificación y la agresión como forma de relación.