El monólogo de las ocho: "Zelenski podrá volver cuando esté preparado para la paz. Para la paz que le tenía preparada EEUU, claro"
Rafa Latorre reflexiona en La Brújula sobre el enganchón de Trump y Zelenski en la Casa Blanca, la declaración de Jessica en el Caso Ábalos, y la posible moción de censura del PSPV a Mazón en la Comunidad Valenciana.
Madrid |
La relación de Donald Trump con Volodimir Zelenski nunca fue fácil. La primera noticia que tuvimos de Zelenski fue una llamada de aquel primer Trump presidente que quería, en 2017 o 2018, información sobre Hunter Biden y sus negocios en Ucrania. A partir de ahí, fíjense cómo ha evolucionado esta relación. Trump le llegó a llamar dictador, le ha culpado de la invasión que ha sufrido Ucrania, le ha culpado de la guerra desatada por Vladimir Putin. Podemos entender que ha traicionado el pacto de lealtad que había en Occidente para asistir al esfuerzo de guerra de los ucranianos y favorecer su resistencia ante el invasor.
Ayer, para allanar la reunión de hoy, decía que no se acordaba de cuándo le había llamado dictador. Creía Trump que estaba prácticamente firmado un acuerdo que le permitiría la colonización económica de Ucrania mediante la explotación de los riquísimos yacimientos de tierras raras y minerales críticos. Pero Zelenski quiere alguna garantía por parte de Estados Unidos de que si firma una paz con Putin y le entrega algunos territorios ya conquistados, su ansia expansionista no le llevará a una nueva guerra.
Para ello, ha visitado este viernes la Casa Blanca y todo ha terminado como el rosario de la aurora. Se han enfrentado antes de la reunión delante de los periodistas, en lo que creo que ha sido la más tensa comparecencia bilateral a la ha asistido jamás cualquier corresponsal en la Casa Blanca. Ha sido un espectáculo televisivo, así lo ha definido Donald Trump.
Digo bilateral y, en realidad, ha sido trilateral porque ahí estaba también JD Vance con una participación especialmente desagradable y airada, acusando a Zelenski casi provocar la Tercera Guerra Mundial, de estar jugando con las vidas de los ucranianos. Todo esto a micrófono abierto delante de los periodistas.
Luego, en privado, las relaciones no mejoraron, porque Zelenski ha abandonado la Casa Blanca de forma prematura sin siquiera enfrentarse a la comparecencia de prensa que estaba prevista. La han cancelado. Considera Trump que Zelenski no pinta nada en la Casa Blanca y así lo ha hecho notar en su red social favorita, en la que ha dicho que vuelva cuando este preparado para la paz. Para la paz que le tenía preparada Estados Unidos, claro.
Ante el juez, Jessica relató el momento de su contratación por INECO, una empresa pública dependiente de Transportes. Estaba ahí frente a su entrevistador y el hombre, quizás creyendo que la entrevista iba en serio, le empezó a hacer preguntas del tipo "¿sabes manejar el Word?". Entonces fue cuando le interrumpió Koldo, que dijo "aquí las preguntas las hago yo. ¿Sabes leer y escribir? Pues contratada".
Jessica no volvió jamás a INECO. Estuvo cobrando casi tres años de INECO o de Tragsa durante sin pisar ni un día ninguna de estas empresas públicas. Cobraba la nómina sin trabajar. Pero, oigan, cuando Óscar Puente presentó la auditoria que había hecho en Transportes dijo que no había encontrado ninguna irregularidad en la contratación de Jessica. Ninguna.
El escándalo es mayúsculo, porque esto significa que todos los españoles estuvieron pagándole a José Luis Ábalos los servicios de compañía. Y si la auditoria de Puente no ha encontrado nada anómalo, cabe preguntarse cuántos 'jessicos' están cobrando sueldos públicos sin trabajar en empresas dependientes de Transportes. No le pidan una auditoria a Óscar Puente para averiguarlo.
O sea, Puente es un ministro que no es capaz de distinguir a los trabajadores de INECO de las concubinas de Ábalos y pretende dar lecciones de rigor a los medios de comunicación. El más inepto de todos los ministros del gabinete y el más lenguaraz e impertinente.
Es que hoy Óscar Puente, un tipo incapaz de saber que INECO ha estado casi tres años pagándole un servicio de compañía a Ábalos, se permite calificar al periódico que dio a conocer a la opinión pública a Jessica de pseudomedio y de fábrica de bulos. Si fuera por Puente, jamás se habría sabido quién es Jessica.
Hoy, la periodista que publicó la historia de Jessica, Ketty Garat, colaboradora habitual de La Brújula, ha pedido amparo a la Asociación de Periodistas Parlamentarios. "Ante el señalamiento público y los insultos del ministro Óscar Puenta hacia mí persona y hacia The Objective agradezco a las asociaciones profesionales su amparo y solidaridad ante este ataque a la libertad de prensa que nos concierne a todos. Sus insultos no conseguirán el objetivo de amedrentarnos. Seguiremos trabajando".
A ver si es verdad si son tan sensibles al señalamiento de una periodista por parte de un macarra con cartera ministerial a los señalamientos de tres marginales a los periodistas parlamentarios.
Hoy el Gobierno ha decidido sacrificar como chivo expiatorio a una gerente de tercer nivel de la empresa Tragsa. Caridad Martín Palacios, responsable de Desarrollo Rural y Política Forestal, del ente público controlado por la Sepi. Cesa de su cargo en el marco de un proceso exprés de depuración de responsabilidades.
Justo un día como hoy ha elegido el ministro para todo, Félix Bolaños, para presentar una Ley de Protección del Derecho al Honor, para proteger al Gobierno de las investigaciones periodísticas sobre sus escándalos.