La Brújula de la Economía: El rechazo de Sánchez a las nucleares y la OPA del BBVA
Carlos Rodríguez Braun, Luis Vicente Muñoz y José Carlos Diez repasan junto a Rafa Latorre e Ignacio Rodríguez la actualidad económica del país.
La economía española vive estos días una auténtica fumata negra. No sólo en el Vaticano se guarda con expectación la elección de un nuevo Papa, también en la política y las finanzas nacionales se libra un cónclave paralelo, plagado de incertidumbres, tensiones y, por supuesto, giros dignos de comedia, como bien ilustraron los tertulianos en “La Brújula de la Economía”.
La primera gran noticia: la Reserva Federal de Estados Unidos ha decidido mantener los tipos de interés. Nada de lo que pidió Donald Trump ha tenido efecto. Jerome Powell, presidente de la Fed, se ha mostrado inflexible. Alega que el escenario económico actual está distorsionado, en parte por los propios aranceles impuestos por Trump, y que necesita más datos antes de proceder a cualquier cambio. Mientras, el expresidente presiona con el entusiasmo de quien exige resultados sin mirar las consecuencias.
En paralelo, la escena española es un teatro de vaivenes políticos y económicos. El gobierno de Pedro Sánchez ha presentado el llamado "decreto anti aranceles", un paquete legislativo que, más que proteger al consumidor, parece haberse convertido en una mitin contra la energía nuclear. El presidente ha reiterado su negativa a prolongar la vida útil de las centrales nucleares, salvo que las eléctricas asuman todo el coste. Y no cualquier coste: el de garantizar el suministro, la seguridad y la viabilidad económica sin afectar el bolsillo del contribuyente.
Endesa ya ha movido ficha y ha solicitado retrasar el cierre de los reactores. Mientras tanto, en Europa, la Comisión de Energía ha señalado a España por su reciente apagón eléctrico, sugiriendo más inversión para garantizar la sostenibilidad del sistema. La paradoja, como señalaron los analistas, es que el propio Pedro Sánchez afirmó que no hay uranio en España, olvidando —o ignorando intencionadamente— que su gobierno prohibió la explotación de los yacimientos nacionales.
En esta misma línea de contradicciones, el presidente del Gobierno calificó a Cataluña de “nación” en su intervención en el Círculo de Economía, desatando un déjà vu entre los veteranos de la política. ¿Acaso no se debatió esto en las primarias del PSOE hace casi una década?
De fondo, se arrastra el escándalo energético y la gestión del mix de renovables. La tesis de los expertos es clara: un exceso de renovables mal gestionado ha creado vulnerabilidades en la red eléctrica. Pero esta teoría ha sido la única descartada expresamente por Sánchez, que parece más cómodo culpando a extraterrestres con cizallas que reconociendo errores de planificación.
La economía no da tregua, y el otro gran asunto en el centro del huracán es la OPA del BBVA sobre el Sabadell. El Gobierno, que se ha mostrado neutral en la consulta pública sobre la fusión, ha abierto una votación abierta... y reiteradamente votable. Según los comentaristas, uno puede participar cientos de veces, aunque encontrar el enlace oficial es una tarea casi esotérica.
Salvador Illa, presidente de la Generalitat de Cataluña, se ha pronunciado abiertamente en contra de la operación. Prefiere que el banco catalán siga siendo catalán. Desde el País Vasco, sin embargo, el PNV respalda la operación, advirtiendo que el BBVA tiene todo el derecho de absorber al Sabadell, o a cualquier otro banco. Las tensiones nacionalistas se cuelan en el terreno financiero, y la OPA se convierte en un nuevo capítulo de territorialización de la economía.
Pero lo que realmente ha encendido los ánimos ha sido la propuesta de reducir la jornada laboral. Junts ha anunciado una enmienda a la totalidad, lo que ha provocado una airada respuesta de los sindicatos. Unai Sordo, líder de Comisiones Obreras, calificó a Junts de "inútiles", sugiriendo que tienen menos utilidad que la última rebanada del pan de molde. La respuesta desde Waterloo no se hizo esperar: Carles Puigdemont, con humor surrealista, contestó con recetas para aprovechar esa última rebanada, como tostadas dulces o canapés. La política española, de nuevo, convertida en una tragicomedia gourmet.
El debate sobre la reducción de jornada se ha vuelto incluso más complejo tras el informe de la CEOE, que cifra en 23.000 millones de euros las pérdidas que podría suponer la medida, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. Lo que se vendía como una conquista social se está topando con resistencias por todos lados: desde la patronal hasta los socios parlamentarios más imprevisibles del Gobierno.
En medio de esta tormenta, el Congreso se prepara para votar el decreto anti aranceles, con el suspense digno de una novela política: todo podría depender de un único voto, el de José Luis Ábalos, quien apenas se deja ver en el hemiciclo. El conteo es milimétrico, los apoyos se tambalean, y cualquier cambio de última hora podría decantar el resultado.
El programa termina con una reflexión celestial, casi poética. La primera fumata negra en el Vaticano, ese ritual milenario que indica que no hay aún consenso para nombrar al próximo Papa, sirve como metáfora perfecta para una España que, en lo político y lo económico, también se encuentra en pleno cónclave. Sin consenso. Sin rumbo claro. Con humo negro elevándose sobre las cúpulas del Congreso, del Ibex 35, y de la opinión pública.
A falta de milagros, todo parece depender de la aritmética parlamentaria, de la volatilidad de los mercados, y de una ciudadanía que, entre el cansancio y la resignación, sigue asistiendo a este sainete nacional donde la economía y la política se cruzan con la religión, el humor, y hasta la gastronomía.
Y en cuanto al nuevo Papa... eso sí, habrá que esperar. Pero al menos en Roma, al final, siempre sale una fumata blanca. Aquí, en cambio, todo sigue en negro.