La Vida Cañón: Casquería
El periodista José Peláez hace una firme defensa de la casquería y celebra el regreso de estos platos tan típicos de la cocina española.
El periodista José Peláez ha participado en La Brújula con su sección 'La Vida Cañón' en la que resaltado la superioridad culinaria de la casquería, que tan de moda está en estos momentos, y que el presidente Sánchez o el ministro Óscar López pusieron sobre la mesa hace un par de semanas en una sesión de control.
Peláez ha defendido el honor de la casquería y ha instado a los políticos a que aparten sus manos de algo tan sagrado, y ha destacado que su plato favorito es el lechazo, pero ha señalado que es tal la variedad de casquería que no puede gustarle todo. Asimismo, ha reconocido que en casa de su madre estas comidas no se hacían y que fue un amigo quien le invitó a probar la asadurilla -pulmón, corazón e hígado de cordero en guiso- y le encantó, abriéndole así un mundo de sabores. No obstante, advierte que hay que comer estos productos en lugares de confianza que reúnan las condiciones de salubridad.
Posteriormente, ha dado paso a uno de los platos más típicos en un amante de la casquería, los callos. Ha reseñado que los bares o restaurantes donde se cocinan "tienen algo ancestral, atávico". Igualmente, ha subrayado las infinitas posibilidades que ofrecen con sus combinaciones, sobre todo de productos de casquería como morro, pata o morcilla.
La casquería, según Peláez, recuerda nuestra situación humilde y nuestra procedencia ancestral, algo que, reconoce, le encanta. "Es la dignidad extrema de hacer arte con lo más bajo, de sublimar esa pobreza y esa escasez y convertir lo que otros tiran en algo exquisito, solo a base de trabajo y de cariño", ha manifestado Peláez.
El periodista ha presentado algunos de sus restaurantes favoritos para degustar la casquería, como 'La Tasquería', cerca de Nuevos Ministerios, de quienes subraya la radicalidad de su propuesto y el acierto que supone no ocultar la visceralidad de la comida y hacer gala de ella. A su vez, ha recomendado 'De la Riva'.
"Yo es que soy de casquería como otros son del Atleti: por sufrimiento, por masoquismo y por romanticismo. La casquería es el verdadero test de pureza de un comensal", ha afirmado, al tiempo que ha señalado que mucha gente dice comer de todo, pero se resisten a comer zarajos en Cuenca, por ejemplo, y sin pedir una Coca Cola.
Peláez cree que la casquería forja el carácter, que es como leer a los autores del Siglo de Oro. En ocasiones, piensa que la casquería es como el sexo tántrico: exige entrega total y una cierta supresión del asco. No se llega a la casquería por hambre, sino por destino. Es como el flamenco puro o el vino de Jerez: no es para todo el mundo, pero cuando entras ya no se puede salir. El que se come unos riñones al Jerez y se relame, ya no vuelve al solomillo con patatas. Cuando va a comer con alguien, a veces espero a ver por donde sale. Y si el tipo pide hígado encebollado y media botella de vino le entra una alegría profunda, como una complicidad inmediata, le dan ganas de abrazarlo.