Durante siglos, la historia oficial de las hermandades se escribió en masculino, invisibilizando a las mujeres que, desde el ámbito doméstico y silencioso, sostenían gran parte de la tradición: bordando, cosiendo, organizando cultos y transmitiendo la devoción.
El episodio recorre cómo, especialmente a finales del siglo XX, esa realidad comenzó a cambiar. Las mujeres fueron ganando espacio en las procesiones, en las juntas de gobierno y también bajo los pasos, incorporándose como costaleras.
A través de testimonios como el de Aurora Sola, el capítulo muestra cómo hoy su presencia es natural e imprescindible, reflejando la evolución de una tradición viva que ha ido abriéndose para reconocer el protagonismo femenino que siempre estuvo ahí.
Con la colaboración de la Diputación de Granada.