Este martes se conoció la denuncia contra el director adjunto operativo de la Policía Nacional (DAO), José Ángel González, por una presunta agresión sexual a una agente subordinada que ha provocado un auténtico terremoto dentro de la Policía.
Pocas horas después de hacerse pública esta querella y que el juez le había llamado a declarar el próximo mes de marzo, González presentó su dimisión, y este miércoles ha explicado en Y ahora Sonsoles que lo hizo para no ensuciar el nombre de la Policía Nacional.
"En el momento en que me enteré de la querella puse mi renuncia porque no quiero perjudicar el buen nombre de la Policía Nacional y, además, para poder defenderme en condiciones", ha explicado.
González también ha aclarado que fue él quien renunció antes de que el Gobierno se lo pidiera, contradiciendo así la versión del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. "Yo renuncié antes. Ahora me tienen que cesar ellos", ha asegurado al programa de Antena 3.
Los periodistas de Y ahora Sonsoles también han podido hablar con el entorno de González, que aseguran que su familia "está fatal". "Están impactados por lo que está sucediendo" y afirman, además, que "se están diciendo muchas mentiras".
Según la querella presentada por la denunciante, otra agente de la Policía Nacional con la que González habría mantenido una relación de afectividad en el pasado, el ya ex DAO podría enfrentarse a presuntos delitos de agresión sexual, coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos.
La víctima asegura que la relación afectiva entre ambos habría terminado por decisión unilateral de ella, algo que el comisario no aceptó y por lo que comenzó una conducta de acoso y contacto no deseado que culminó con un presunto episodio de agresión sexual.
La agente denuncia que el día de los hechos recibió múltiples llamadas telefónicas de González, que era su superior, requiriendo su presencia inmediata mientras estaba de servicio llegándola a obligar a abandonar su puesto y desplazarse en un vehículo policial camuflado hasta un restaurante para reunirse con él y otro comisario.
Después de esa comida, siempre según la querella, el comisario habría iniciado un acercamiento físico de carácter sexual que fue rechazado de forma verbal y reiterada por la denunciante en un inmueble.
Tras el incidente, el escrito describe una "campaña sistemática, obsesiva e intensiva" de acoso telefónico y manipulación psicológica" con el objetivo de mantener el control sobre ella, minimizar la gravedad de lo sucedido e impedir que interpusiera denuncia alguna. Para ello, González le habría ofrecido compensaciones laborales como "precio del silencio".