SUPERMERCADOS

La insólita razón por la que los supermercados colocan el pan al fondo

En tu supermercado favorito, el pan no está junto a la entrada sino al fondo, y no por error: cada pasillo, aroma y exposición está diseñado para que recorras todo el espacio, veas más productos y termines gastando más de lo previsto.

Miriam Méndez

Madrid |

La insólita razón por la que los supermercados colocan el pan al fondo | Pixabay

Un día más, entras en tu supermercado de confianza con la lista de la compra en una mano y el móvil en la otra, solo para descubrir que el irresistible aroma del pan recién horneado se escapa desde el pasillo más lejano. ¿Por qué, si es uno de los productos más demandados, ocupa el lugar más recóndito del establecimiento? Tras superar estanterías repletas de colores, ofertas y sugerencias, allí, al fondo, te espera ese pan que anhelas: crujiente, cálido y tentador.

Pero esta peculiar “caza del tesoro” no es fruto de un despiste logístico ni de un capricho de diseño; es una maniobra calculada que transforma cada paso que das en un recorrido hipnótico. Te contamos cómo simples migas de pan son el hilo conductor de una estrategia milimétricamente diseñada para capturar tu atención, guiar tu mirada y, al final, convertirte en un comprador más caprichoso de lo que creías.

Acompáñanos en este recorrido a través de pasillos y teorías, aromas y cifras, hasta llegar al corazón de una estrategia que, igual que el pan, se cuece a fuego lento: aparentemente sencilla, irresistible en su resultado y, sin duda, ¡deliciosamente astuta!

Así se diseña el viaje del cliente

Imagina un tablero de ajedrez inmenso, donde cada casilla alberga un producto y cada paso que das dispara una pequeña chispa de curiosidad. Los supermercados son auténticos maestros de este arte, cuyo objeto es tejer un recorrido que despierta tu instinto de explorador. Detrás de esas filas de estanterías relucientes se ocultan los planogramas: mapas secretos de colocación diseñados por expertos en comportamiento del consumidor. Esos planos estipulan que el pan, joya de la corona, debe reposar en el cuadrante más lejano, alentándote a internarte en el corazón de la tienda.

El diseño de supermercados se basa en el principio de circulación, un trazado prácticamente instintivo que marca el ritmo de tu recorrido. Colocar productos básicos como el pan, la leche o los huevos al fondo obliga al cliente a atravesar todos los pasillos, expuesto a ofertas y artículos complementarios que capturan la mirada en cada giro.

Este diseño ha sido descrito por numerosos estudiosos de la materia como un "laberinto psicológico": se induce un flujo circular por el que la mayoría de los compradores avanza en sentido contrario a las agujas del reloj, de tal forma que la entrada y la salida se sitúan en extremos opuestos. El pan, ubicado ya al final de esa trayectoria, actúa como imán definitivo que cierra el itinerario y asegura que hayas visitado cada uno de los rincones de la tienda.

Pero este viaje no es una simple caminata hasta el pan. Al comenzar tu travesía, los "puntos de atracción" -manzanas gigantes en exhibición, estanterías de cereales multicolores, ofertas irresistibles de snacks- se alzan en cada cruce para desviar tu atención. Cada display está estratégicamente orientado para capturar tu mirada justo en el momento en que cambias de dirección, invitándote a descubrir "algo que no sabías que necesitabas".

Así, lo que podría haber sido un trayecto lineal se convierte en una caza del tesoro: sorteas un tapiz de reclamos visuales, recoges hallazgos imprevistos y, sin apenas darte cuenta, tu carrito se va cargando de "tesoros" distintos al objetivo inicial. Al fin, cuando llegas al fondo, esa barra dorada te aguarda como un trofeo: un premio merecido tras haber descifrado un auténtico enigma de pasillos y estímulos.

La estrategia oculta que dispara tus compras por impulso

En el competitivo mundo del retail (mercado minorista), cada centímetro cuadrado de la tienda cuenta. Un artículo publicado en el Journal of Marketing exploró cómo la ubicación espacial de los productos influye en las compras cruzadas. Los autores desarrollaron un modelo que analiza la afinidad de ventas entre categorías según su proximidad en los pasillos y mostradores.

De esta manera, descubrieron que, cuando se colocan artículos de alta rotación en extremos opuestos del establecimiento, se fuerza al consumidor a recorrer una distancia mayor y atravesar zonas muy diversas. Este desplazamiento no solo multiplica las oportunidades de exposición a otros productos, sino que aumenta de forma significativa la probabilidad de compras por impulso entre esos dos puntos distantes.

Por otro lado, el libro La estratégica de las organizaciones, escrito por Adrian Haberberg y Alison Rieple, y publicado en 2001, profundizó en esta dinámica desde la perspectiva del layout (disposición) de estanterías. Mediante observaciones en supermercados de diferentes países, los investigadores descubrieron que los compradores asocian inconscientemente los productos situados en las zonas más alejadas del pasillo con un mayor valor percibido.

Además, dicha localización convierte a estos productos en “objetos meta”: puntos de anclaje que guían la ruta de compra y fidelizan el traslado del carro hacia el fondo de la tienda. En este sentido, el pan adquiere un rol estratégico, pues funciona como imán final que culmina el recorrido y refuerza la sensación de haber completado un objetivo.

Pero la posición de los productos es solo una pequeña pieza del puzzle. Investigaciones sobre intervenciones de marketing enfocadas en la salud, han evaluado qué sucede cuando se rediseña el layout del supermercado para destacar o relegar ciertos alimentos. En uno de estos estudios, al desplazar los productos de panadería y lácteos hacia los sectores posteriores del establecimiento, se observó un aumento de hasta el 12 % en las ventas de snacks y otros artículos complementarios durante el trayecto que medía el consumidor para llegar al objetivo principal.

Más allá del 'layout'

Al entrar en el supermercado, el cliente se encuentra con más que pasillos y productos: se activa una serie de estímulos diseñados para condicionar su comportamiento. Primero, el aroma de pan recién horneado, liberado desde la panadería situada junto a la entrada, capta de inmediato la atención. Ese olor funciona como un "anzuelo" -te hace pensar en un pan caliente y crujiente-, pero el pan empaquetado queda estratégicamente colocado en el fondo de la tienda, obligándote a recorrerla por completo antes de alcanzarlo.

Durante ese recorrido, la sensación de que el pan puede agotarse en cualquier momento -una táctica de escasez percibida. empuja a muchos compradores a acelerar el paso y a llevarse más unidades de las previstas. A esto se suman las múltiples exhibiciones intermedias -snacks, frutas, productos de oferta- colocadas en puntos clave para provocar compras por impulso y, por ende, incrementar el valor del ticket medio.

Al llegar finalmente al pan, después de haber evaluado precios y ofertas en todo el trayecto, el comprador agradece la certeza de encontrar un producto familiar. Ese momento de “anclaje” refuerza la decisión de compra: el pan no solo cumple la función básica para la que se introdujo en la lista, sino que se convierte en la recompensa tangible de un recorrido cuidadosamente planificado. Así, la combinación de aroma, urgencia y comparación convierte la adquisición de pan en el punto culminante de una estrategia pensada para incrementar ventas y permanencia en la tienda.

Pan al fondo, ventas al alza

La decisión de situar el pan en el punto más remoto de la tienda tiene efectos tangibles sobre la cesta de la compra y la percepción del consumidor. Obligar al cliente a atravesar más de cinco pasillos antes de alcanzar el producto básico impulsa hasta un 20 % de gasto adicional, según estimaciones del sector.

Cada metro recorrido multiplica las oportunidades de exposición a exhibiciones especiales -desde islas temáticas hasta promociones por tiempo limitado- lo que despierta compras por impulso y prolonga la estancia en la tienda. Al interactuar con formatos diversos, el comprador refuerza su reconocimiento de marca y asocia cada exhibición de producto con un valor añadido, mientras las ofertas estratégicas a lo largo del camino cobran mayor relevancia.