TRADICIONES

Gigantes y cabezudos: una tradición centenaria que sigue haciendo grandes las fiestas

Rubén Platero lleva más de 15 años creando figuras únicas que representan la historia y la identidad de los pueblos y mantienen viva una tradición que continúa fascinando a pequeños y mayores

Blanca Lara

Madrid |

Los gigantes y cabezudos siguen siendo una de las tradiciones más reconocibles de las fiestas populares en España. Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media y estuvieron vinculados a las procesiones del Corpus Christi, hoy forman parte de la identidad festiva de numerosos municipios. Rubén Platero, constructor de Gigantes Navarra, explica que la diferencia entre ambas figuras está en su tamaño y en su función dentro del pasacalle. “El cabezudo tiene una medida para que lo porte una persona, pero son de tamaño más pequeños; y el gigante, al final, son los que van bailando, amenizando las fiestas”, señala. Los cabezudos, añade, son los que tradicionalmente van “repartiendo un poco de leña” entre el público.

los cabezudos representaban el mal, y por eso perseguían a la gente por las calles

Esa diferencia tiene también una raíz simbólica. Según Platero, antiguamente los gigantes representaban el bien y salían en procesión como figuras majestuosas, mientras que los cabezudos representaban el mal. “Los gigantes representaban el bien, figuras muy grandes, de tres o cuatro metros; iban danzando, iban como en procesión”, explica. En cambio, los cabezudos “representaban el mal”, y por eso perseguían a la gente por las calles.

Hoy, cada localidad busca que sus figuras tengan personalidad propia. Los gigantes pueden representar reyes, personajes históricos, antiguos oficios o vecinos muy queridos. Rubén Platero asegura que cada vez más ayuntamientos quieren piezas únicas: “En casi todos los pueblos lo que les gusta es tener un gigante exclusivo”. Según cuenta, ahora se busca que cada figura represente al municipio e incluso a personas que hayan sido un icono para sus vecinos.

Detrás de cada encargo hay meses de trabajo artesanal. El proceso comienza con fotografías y bocetos, continúa con el modelado en barro, la creación de moldes y la estructura interior, y termina con la pintura. Esa fase es clave para definir la expresión de cada figura. Platero explica que, si se trata de un gigante, suele buscarse una imagen más realista, mientras que en los cabezudos se apuesta por una caricatura reconocible. El oficio combina arte y técnica. Un gigante puede superar los tres metros de altura, pero debe ser ligero, resistente y equilibrado para poder bailar durante horas. Aunque hoy se utilizan materiales como fibra de vidrio o poliéster, la elaboración sigue siendo larga. Según el artesano, si pudiera centrarse solo en una figura y no tuviera que esperar los tiempos de secado, hacer un gigante o un cabezudo podría llevar “dos meses o por ahí”.

Se quede un pedacito de ti, algo que has hecho

El momento más esperado llega cuando la figura sale por primera vez a la calle. Platero reconoce que siempre hay nervios: “Siempre esperas a que eso guste y tienes esa sensación de nervios el primer día que va a salir a bailar”. También admite que siente orgullo al ver que en cada pueblo queda una parte de su trabajo: “Se quede un pedacito de ti, algo que has hecho”.

Además de constructor, Rubén es portador de gigantes. Por eso, cuando se reencuentra con figuras que él mismo ha creado en fiestas o concentraciones, vive una emoción especial. Sus compañeros, cuenta, suelen bromear diciéndole: “Mira, ahí están tus hijos”. Para Platero, una de las mejores recompensas está en la reacción del público, especialmente de los niños. “Cuando ven el gigante y se quedan atónitos, eso te llena un montón”, afirma. Son esos pequeños momentos, dice, los que hacen grande una tradición que sigue viva generación tras generación.

Los gigantes y cabezudos han pasado de las procesiones religiosas a las fiestas populares, pero mantienen intacta su capacidad de emocionar. Mientras sigan llenando plazas, despertando la curiosidad de los niños y reuniendo a los vecinos en torno a la música y la calle, esta tradición continuará bailando al ritmo de los pueblos.