El sueño de Alsina: "Feijóo había decidido quedarse a vivir para siempre en Ceuta"
El directo del tramo magazine de Más de uno expone esta experiencia onírica donde el líder del Partido Popular decidió residir en la ciudad autónoma, tras renunciar a presentarse a las elecciones generales y concurrir como candidato a la presidencia de Ceuta.
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Madrid |
Esta noche soñé que despertaba con un dolor de cabeza inaceptable porque no paraba de hablarme Aaron Sorkin. Hablaba y hablaba y hablaba, hablaba y caminaba todo el rato, caminaba cama arriba, cama abajo, porque Sorkin sólo habla cuando camina y sólo camina mientras habla. Acaso tú no le conozcas, pero este Sorkin es el que se inventó la serie El ala oeste de la Casa Blanca, que iba de política así en plan romántico.
Sin pretenderlo, cambió la vida de Iván Redondo y la vida de Pedro Sánchez y el devenir de España. La culpa la tiene Marta García Aller, no del devenir, sino de que Sorkin se le plantara en casa duerme vela mediante porque Marta me envió ayer el enlace de la entrevista de hora y pico que le han hecho a Sorkin en el New York Times y yo pues me la tragué entera. Marta es que me pasa enlaces de cosas tan internacionales y tan culturetas que consigue que yo me sienta fatal los domingos por la mañana leyendo mi Gaceta de la Alcarria ahí en casa entre porra y porra.
En el Semanal de la Gaceta, por cierto, que han bautizado La Gaceta Semanal, entrevistaban esta semana a Santos Ruy Pérez, que no es Sorkin, pero escribe entre meses para las fiestas de Gualda y mal que bien, se le aplaude bastante. Tiene uno que se llama Deja al Page que raje, que va de ladradores y de perros. A Cela no sé si lo ha catado Sorkin, pero sí que ha leído El Quijote y él lo ha leído de verdad, ¿no?, como Sánchez, que dice que va por la séptima lectura y aún no sabe qué diablos es una lanza en astillero.
Me pregunto cómo traducirían astillero al inglés, porque aquí necesitamos 500 años y un trapiello para enterarnos de qué era. A Sorkin le encantó el personaje del Quijano que se hace el loco para poder hacer lo que le salga del yelmo. Aunque escuchando su entrevista sospecho que leyó a Cervantes o bebido o drogado, que eran los dos estados naturales del guionista antes de comprobar que era capaz de escribir también sobrio.
Él lo cuenta él mismo en la entrevista. Dice que lo primero que escribió sin marihuana y sin botella fueron las escenas finales del primer episodio de El ala oeste. Ahora entiendo por qué todo el mundo habla tanto y no para quieto nunca en esa serie, ¿no? Ni siquiera Martin Sheen, que hace del presidente sensato, con doctorado de verdad, con moderación, con don de gentes.
Prueba de que Iván Redondo en realidad debió de ver otra serie porque construyó un presidente más parecido a Underwood que a Bartlett. A mí es que Sorkin me cae simpático, pero tenerlo en casa, berborreigo, perdido, bebiéndose mi agua, terminó por cansarme. Me excusé con él y encendí la radio para ver cómo iba el mundo.
Del mundo apenas hablaron porque seguía la crisis de Ceuta. Estaba explicando a Rafa, última hora, que Feijóo había decidido quedarse a vivir para siempre en Ceuta, por sus gentes, por su clima, por sus calles, por su ambiente. En un giro inesperado de su carrera política renunciaba a presentarse a las elecciones generales y concurriría como candidato a la presidencia de Ceuta.
Juan Jesús Vivas, lo comido por lo servido, se enfrentaría con Sánchez para disputarle la Moncloa. Ya le ganó en el xare de la tele, decían los tertulianos afines.
Es un héroe nacional, mientras que Sánchez, a su lado, es un despojo
En la otra orilla, cruzando el río que decía Mina, los tertulianos adversos le reprochaban no haber salido nunca de Ceuta, salvo para visitar Génova XIII y llevar bigote. El primer problema que afrontó Feijó como candidato fue encontrar vivienda. Ceuta estaba hasta arriba de gente y solo quedaba hueco en un piso patera.
Vivas le propuso acondicionar una plaza de garaje. Hasta que fuera presidente. Óscar Puente le ofrecía un camastro en el campamento del puerto.
Acogía ya a 7.000 personas y subiendo. Y al final terminó Feijóo compartiendo piso con el jefe de gabinete del delegado del gobierno, que es un cargo tan menor como el piso que tenía alquilado. 12 metros cuadrados, incluyendo la terraza.
"Al menos tendré vistas", dijo Feijóo. Pero al asomarse comprobó que el balcón solo daba a más huecos. País que en general le resultaba bastante ajeno.
Terminado el parte de Ceutí, informó la radio de la buena noticia del día. German había patentado el repelente antimoderaditos. Un pequeño spray que ahuyentaba no solo a cualquier ciudadano tibio, sino la tentación misma de darle una vuelta a tus convicciones más extremas.
En el momento en que tu mente ponderaba la posibilidad de que pudieras estar equivocado, agitabas el frasco y tu yo moderadito quedaba radicalmente pulverizado. Políticos y comentaristas de todo signo corrieron entusiasmados a comprarlo.