Una experta desvela en Onda Cero qué hacer para que tu mascota no tenga 'síndrome postvacacional'
Al igual que las personas, los animales también experimentan el síndrome postvacacional, por lo que los expertos recomiendan seguir una serie de consejos para evitar síntomas como depresión, agresividad o falta de apetito.
Madrid |
Los animales, al igual que las personas, también sufren ansiedad, estrés y depresión postvacacional. Esto tiene una sencilla explicación. Según Rebeca Antolínez, de Caraban Pet, el verano es la época más esperada del año para las mascotas porque sus dueños pasan más tiempo con ellas. Esto provoca que después, al volver a la rutina, "nada tiene sentido para ellos".
En una entrevista en JELO en verano, Antolínez ha señalado que la clave son las rutinas que los dueños crean a diario sin prestar atención. "Es su reloj biológico", ha detallado. Por eso, cuando en la época estival "rompemos sus costumbres", los animales se desorientan y se desconfiguran. Es como cuando una persona deja de ir al gimnasio un mes y, después, retoma la rutina y quiere coger el hábito rápidamente.
Los animales desarrollan síntomas del síndrome postvacacional
"Imagínate un animal que ni siquiera sabe lo que está ocurriendo, que de un día pasa de la playa al adoquín y queremos que haga como que no se ha enterado de nada", ha apostillado la experta. Y es que los animales sufren también la vuelta de vacaciones y algunos interpretan la vuelta a la rutina de sus dueños como "un abandono injustificado y se deprimen".
Los animales pasan de estar todo el día con sus dueños a una soledad que no son capaces de gestionar ni entender. Por ello, muchos desarrollan síntomas comunes del síndrome postvacacional, como "tristeza, falta de apetito, caída del pelo, incontinencia o picos de hiperactividad". Por ejemplo, hay dueños que se han encontrado con el sofá destrozado a la vuelta del trabajo.
Consejos para una mejor vuelta a la rutina
Para evitar esto y que el animal se adapte lo mejor posible a la rutina, Rebeca recomienda volver "poco a poco" a los hábitos anteriores y recuperar los horarios anteriores de manera gradual. Por ejemplo, durante el rato que se queda solo en casa, es recomendable ponerle música relajante o dejarle juegos interactivos. Es bueno también que los primeros paseos sean largos para que se entretenga y se canse.
Además de la reintroducción gradual de las rutinas, otros expertos subrayan la importancia de la paciencia y la validación emocional durante este periodo de transición. No se trata solo de ajustar horarios, sino de ofrecer seguridad al animal mediante el refuerzo positivo y el contacto físico cuando el dueño está presente. Ignorar los signos de angustia o castigar conductas derivadas de la ansiedad, como los destrozos o los accidentes domésticos, solo puede agravar el problema.
Asimismo, es muy importante prestar atención a la duración e intensidad de los síntomas. Aunque es normal que un perro o un gato muestre cierta desorientación durante los primeros días, si la falta de apetito, la letargia o la agresividad se prolongan más de dos semanas, podría ser necesario consultar a un veterinario o a un etólogo. En casos severos, la depresión postvacacional puede requerir intervención profesional o incluso apoyo farmacológico temporal.