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En lo más profundo de La Alcarria emerge un paisaje que sorprende por lo exótico que resulta. Así es Sacedón, el pueblo de Guadalajara que se ha reinventado gracias al embalse de Entrepeñas.
A apenas 54 kilómetros de Guadalajara capital, las antiguas rutas de acceso a la presa hoy conducen a playas fluviales y zonas de baño frecuentadas por quienes buscan naturaleza y aventura lejos del litoral. Aquí, piragüismo, paddle surf, wakeboard o windsurf conviven con rutas senderistas entre encinares y aromáticas, creando una experiencia vacacional inesperada en mitad de Castilla.
En los miradores de San Julián o del Puente Románico se admiran las aguas turquesas entre cañones calcáreos y, al atardecer. La más famosa es la isla del rinoceronte, cuyo perfil rocoso visible desde el Pico de Monte Abajo cambia según la luz y da pie a toda clase de interpretaciones.
Más allá de su cara lúdica, el embalse encierra historia. En sus orillas, cuando el nivel baja, asoman las ruinas del Real Sitio de La Isabela, un antiguo balneario de época romana que tuvo su auge gracias a Isabel de Braganza. Ahora, aparece como un esqueleto de piedra flotante.
Y si de espiritualidad hablamos, pocos rincones como el Monasterio de Monsalud, fundado en el siglo XII por la orden del Císter. A él acudían peregrinos en busca de consuelo para los males del alma. "Los melancólicos males del corazón", rezan las crónicas medievales.
Hoy, su claustro silencioso y su bodega subterránea son paradas obligada para quien busque desconexión sin artificios.
Entre las ermitas locales destaca la de la Santa Cara de Dios, construida en el lugar donde, en 1689, se habría producido un fenómeno milagroso. "Cuando un tal Juan de Dios blasfemó clavando su puñal en el yeso, apareció un desconchón con el rostro de Jesús". Hoy es centro de devoción popular.
Este recorrido concluye en el cerro de La Coronilla, donde se alza una imponente escultura de 23 metros. El Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, que observa el embalse desde las alturas. Al fondo, de nuevo, la silueta del rinoceronte petrificado.