El estado de los suelos preocupa en las zonas más afectadas por el temporal: "La arcilla húmeda es plastilina"
Expertos advierten de que la combinación de precipitaciones excepcionales, suelos arcillosos y la presencia de aguas subterráneas puede derivar en corrimientos de tierra, deslizamientos y hundimientos, con riesgo directo para viviendas e infraestructuras.
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Las intensas lluvias registradas en las últimas semanas en distintos puntos de España han puesto en alerta a numerosos municipios asentados sobre terrenos especialmente vulnerables. Ingenieros de distintas especialidades advierten de que la combinación de precipitaciones excepcionales, suelos arcillosos y la presencia de aguas subterráneas puede derivar en corrimientos de tierra, deslizamientos y hundimientos, con riesgo directo para viviendas e infraestructuras.
El caso más llamativo ha sido el de Grazalema (Cádiz), donde la posibilidad de deslizamientos motivó el desalojo preventivo del municipio. La localidad ha batido récords de precipitación este mes de enero, con 236,9 litros por metro cuadrado en un solo día y un acumulado mensual de 1.295,5 litros, los valores más altos registrados en España hasta esta semana donde se han contabilizado valores aún más altos en la misma zona.
Según han explicado responsables de los colegios profesionales de ingenieros de montes, minas y caminos, el relieve y la naturaleza del suelo son factores determinantes a la hora de evaluar el riesgo. En episodios de lluvias prolongadas o muy intensas, estos elementos pueden convertir una situación meteorológica extrema en una amenaza geotécnica.
El especialista en geotecnia Antonio Cleofé López, del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, subraya en declaraciones a Europa Press que las infraestructuras con taludes, como carreteras o líneas ferroviarias, son las más afectadas en estos episodios.
Cleofé explica que el comportamiento de la arcilla cambia radicalmente con la humedad: seca puede ser dura y resistente, pero húmeda se vuelve plástica y pierde estabilidad. Por ello, insiste en la importancia de mantener limpios los drenajes y realizar labores preventivas que reduzcan el impacto de lluvias extremas cada vez más frecuentes.
Relieve y aguas subterráneas, factores clave
El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana, señala a Europa Press que uno de los principales factores de riesgo es la ubicación del núcleo urbano. Los pueblos situados en zonas inundables o con capas freáticas poco profundas son especialmente sensibles a laacumulación de agua en el subsuelo.
A ello se suma la localización de viviendas en bordes de barrancos o taludes. En estos casos, si el terreno es inconsistente, el agua puede debilitar su estabilidad y provocar derrumbes que arrastren edificaciones enteras. Este fenómeno se ve agravado cuando el suelo es deleznable y pierde cohesión al saturarse.
El tipo de suelo también resulta determinante. Mientras que los terrenos rocosos o sedimentarios consolidados presentan, en general, menor riesgo, los suelos calizos o arcillosos pueden comportarse de manera muy distinta ante una sobrecarga de agua.
Tolosana advierte de que los suelos más peligrosos son aquellos compuestos por sedimentos poco consolidados o determinadas arcillas que se hinchan al absorber agua. En estos casos, las construcciones levantadas sobre ellos son especialmente vulnerables a los corrimientos de tierra.
Aunque una buena cimentación reduce el riesgo, el experto subraya que el problema de fondo es la reiteración de episodios de lluvias extraordinarias. A su juicio, lo ocurrido en zonas de Andalucía, especialmente en la provincia de Cádiz, responde a fenómenos con periodos de recurrencia de cientos de años.
En el caso de las inundaciones fluviales, recuerda que el agua no procede solo de la lluvia caída en el propio municipio, sino de toda la cuenca aguas arriba. Arroyos, ramblas y ríos pueden transportar grandes volúmenes de agua hacia los pueblos, como ya ocurrió en episodios recientes de lluvias torrenciales como la trágica dana que asoló Valencia en octubre de 2024.
Taludes saturados y presiones internas
Desde el ámbito de la ingeniería de minas, Juan Artieda, presidente del Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas, explica a Europa Press que Grazalema se asienta sobre calizas kársticas, un tipo de roca llena de cavidades y galerías formadas por la disolución de la piedra a lo largo de miles de años.
Estas cavidades pueden llenarse de agua durante episodios de lluvias intensas, generando presiones internas que aumentan el riesgo de hundimientos. Además, los taludes formados por materiales sueltos son especialmente sensibles cuando el terreno se empapa y cambian sus condiciones de estabilidad.
Para reducir estos riesgos, Artieda insiste en la necesidad de diseñar correctamente muros de contención y sistemas de drenaje que permitan evacuar el agua y evitar cargas adicionales sobre el terreno.
Como tuberías bajo presión
El ingeniero de caminos Martín Perea distingue en declaraciones a Europa Press entre dos grandes riesgos asociados a estas lluvias: el geológico, vinculado a la formación y recarga rápida de acuíferos, y el hidrológico, relacionado con los desbordamientos de ríos y embalses.
En el caso de Grazalema, la rápida recarga del acuífero bajo el municipio ha provocado que el agua emerja por el suelo o incluso por las paredes de algunas viviendas, en un proceso comparable al de unas tuberías sometidas a una presión excesiva.
Respecto a los ríos, Perea alerta de que muchos embalses se encuentran al límite de su capacidad y deben desaguar, lo que reduce su capacidad de amortiguar avenidas. Por ello, considera necesario revisar a fondo el estado y mantenimiento de las presas y sus sistemas de desagüe.