Los frutos secos aportan proteínas, fibra, minerales y vitaminas. Además, sus grasas son poli insaturadas (Omega 3 y 6), es decir, beneficiosas para reducir el colesterol malo y regular la presión arterial, mejorando nuestra salud cardiovascular.
Gracias a su alto contenido en fibra, regulan el tránsito intestinal y previenen el estreñimiento, además de tener un efecto saciante que reduce el hambre.
Las nueces y avellanas, por ejemplo, evitan el desarrollo de algunas enfermedades intestinales.
Por todo ello, es un alimento ideal para consumir a media mañana o media tarde, o incluso durante las comidas, como guarnición en arroces, ensaladas, etc. Eso sí, sin abusar para evitar efectos secundarios, y siempre vigilando que no nos generen algún tipo de alergia o intolerancia.
La Fundación Española del Corazón aconseja ingerir un puñado de frutos secos al día (20-30 gramos aproximadamente), aunque hay que tener en cuenta la manera cómo se consumen.
Los expertos recomiendan comerlos crudos, sin ningún tipo de aditivo o, como mucho, tostados.
Gracias a sus virtudes nutricionales, la Organización Mundial de la Salud incluye los frutos secos como uno de los alimentos esenciales para seguir una dieta saludable.
¿Hay frutos secos mejores o peores para consumir de forma regular? Lo cierto es que, aunque no todos tienen la misma cantidad de calorías, cualquiera de ellos serán beneficiosos en nuestra dieta.