Madrid |
Pensar en exceso, también conocido como "overthinking" o rumiación, no es solo una señal de preocupaciones pasajeras: según múltiples investigaciones, está estrechamente vinculado con la aparición y el agravamiento de la ansiedad.
Un estudio de la Universidad de California en San Diego concluyó que las personas que tienden a rumiaciones oscuras presentan niveles significativamente más altos de ansiedad y depresión que quienes no lo hacen. Además, una revisión en The Lancet de 2020 encontró que el estrés crónico generado por el pensamiento excesivo está directamente asociado con la aparición de trastornos de ansiedad y depresión.
Es por eso que la rumiación, ese bucle interminable de pensamientos negativos sobre hechos del pasado o escenarios futuros, se considera un factor de riesgo conocido para trastornos emocionales clínicos como la ansiedad generalizada.
Investigaciones recientes han mostrado que la activación continua de redes cerebrales vinculadas al miedo, como la amígdala, y otras zonas de la cognición social favorece este tipo de pensamiento constante. Esta conexión cerebral perpetúa un ciclo de preocupación y alerta emocional, dificultando que la mente se desconecte.
El "pensar demasiado" se asocia, además de con la ansiedad, aLa ciencia también ofrece soluciones prácticas